Florencia Etcheves, la periodista argentina que después de dos décadas de trabajo en los medios se volcó a la literatura policial

“Cada vez más varones leen novelas policiales escritas por mujeres”

6min
Nº2032 - al de Agosto de 2019
Por Elena Risso. Fotos: Adrián Echeverriaga

Durante más de 20 años, Florencia Etcheves se dedicó al periodismo policial y su cara aparecía cada día en las pantallas de los televisores argentinos. Fue figura de los canales Todo Noticias y el 13, y recibió dos veces el Martín Fierro por su trabajo, donde se destacó en la cobertura de algunos de los casos más sonados de la crónica policial argentina.

Pero un día, Etcheves (Buenos Aires, 1971), dijo basta y decidió buscar otros rumbos. Sintió que había cumplido un ciclo y le dijo adiós al periodismo. Si bien había escrito libros vinculados al periodismo, decidió dar un giro en su vida y se enfocó en guiones y novelas policiales. Desde 2012 hasta ahora, publicó cuatro libros: La virgen en tus ojos, La hija del campeón, Cornelia —que inspiró la película Perdida, de Alejandro Montiel— y Errantes. Sobre esta última novela y sobre su trabajo como narradora, Etcheves conversó con galería durante su estadía en Montevideo, cuando visitó la ciudad para exponer en la Semana Negra, una actividad que todos los años reúne autores y especialistas en casos policiales.

 ¿Qué herramientas del periodismo le sirven al momento de escribir una novela?

Todas. Me levantaba todas las mañanas y mi agenda era la morgue, la comisaría, un entierro, un velorio, porque eran los lugares a los que iba a cubrir las noticias. Cuando lo hacés tantos años se termina convirtiendo en tu universo, en tu tema de conversación. No hubiera podido escribir sobre otro tema. Todo eso me sirve para construir hoy: si tengo que hacer una escena en la morgue, no tengo que googlear ni llamar a nadie, ya sé cómo es.

Muchas veces se habla de que los periodistas policiales term inan incorporando la jerga y hablan del nosocomio, el NN, el individuo. ¿Cómo se manejó para evitar caer en eso?

Yo trabajo con el lenguaje, para hacer una crónica no puedo usar ese lenguaje porque no soy la comisaria. Pero si estoy escribiendo una escena y el que habla es un policía, sí va a hablar así. De haberlos escuchado tantos años ya manejo el lenguaje de ellos. Si una palabra no se entiende, tengo que buscar la manera de traducirlo. Pero la jerga tumbera, la jerga que se habla en las comisarías, hasta los periodistas tenemos la propia jerga. El narrador no tiene jerga, usa el idioma de la mejor manera posible.

¿Por qué dejó el periodismo?

Porque ya no me hacía feliz. No teína que ver con mis compañeros, ni con mi lugar de trabajo, que seguía siendo mi casa. Me levantaba todos los días y para mí era una suerte de castigo ir a trabajar y yo no estoy acostumbrada a eso. Antes me levantaba y aunque la primera nota fuera un velatorio iba feliz porque me gustaba mucho mi trabajo. He tenido la suerte, el privilegio de poder trabajar en lugares y cosas que me han hecho feliz. Cuando empecé a sentir que eso no sucedía empecé a sentir el conflicto conmigo misma, y me empecé a hacer planteos existenciales que no tenían respuesta. En un momento dije 'voy a tener que agarrar las manijas de mi vida y decidir'. Quería dedicarme a escribir guiones y hacer novelas. Tomé la decisión y lo hice.

Es frecuente que los autores utilicen elementos autobiográficos al construir a sus personajes. En su caso no  es casual que Carmen Hidalgo, la protagonista de su última novela, Errantes, sea una periodista televisiva.

En un momento pensé en Carmen Hidalgo como actriz, pero lo cambié a periodista porque es el trabajo en donde lo que más necesitás es la curiosidad. Si no tenés curiosidad, no podés ser periodista. Además, empecé a escribir Errantes cuando todavía estaba trabajando en el canal y terminé cuando estaba afuera.  Sentí, luego de publicada la novela, que quise despedirme de esa profesión que había tenido. 

En los países nórdicos es frecuente que las mujeres escriban novelas policiales, pero en esta zona del mundo no son tantas. ¿Le costó abrirse camino?

A mí no me costó porque por mi trabajo era la chica de policiales de la tele. A nadie le sorprendió que escribiera policiales, les hubiera sorprendido que escribiera una novela de amor. En ese punto no me costó, al contrario, me benefició mucho. Pero también hay un fenómeno en Latinoamérica de que cada vez más mujeres se vuelcan a lo policial, y otro fenómeno que a mí me interesa más todavía que es que cada vez más varones no tienen ningún problema en leer una novela policial escrita por una mujer. Hace unos años era distinto. Lo comprobé en las redes sociales. Ahora estoy por publicar la quinta novela y cada vez me escriben más varones. 

¿A qué lo atribuye?

Porque hay un mundo distinto en el que estamos aprendiendo a vivir; las mujeres nos estamos haciendo ver y muchos hombres le dan la bienvenida a eso. Hay muchos que no, y eso es un gran problema. Pero otros no tienen ningún inconveniente en que el género de la persona influya en esa decisión. No hay diferencia, si te doy una novela policial y le borro el nombre, no me vas a poder decir si es un hombre o una mujer, te podrá gustar o no.

En varias ocasiones leyendo su novela la memoria me llevó a la serie de Sergio Olguin sobre Verónica Rosenthal. ¿Fue algo buscado?

No. De hecho, iba a ser una actriz, no una periodista. A mí me gusta más escribir personajes varones, me resultó más fácil escribir de Urko.

¿Ese personaje, que es un preso que queda en libertad, lo armó a partir de elementos de la realidad?

Sí, todo lo que tiene que ver con el desarrollo carcelario se me da muy bien. Toda la cosa lumpen me va bien, me siento cómoda, siento que fluye bien. En la novela La virgen hay una señora espléndida de alta sociedad.  Yo no soy de ahí y tampoco transité ahí, pero tengo una amiga mía que es de los apellidos más ilustres de Argentina. Ella me iba diciendo y me ayudó a construir el personaje creíble. Si eso lo lee alguien de esa clase social no le va a parecer un horror. Eso es una gran ayuda que me da el ser periodista, no tenemos problema en ir a buscar a una fuente que nos nutra.

En general, las novelas policiales tienen como uno de los protagonistas a las ciudades. En su caso, en Errantes, es Buenos Aires. ¿Por qué eligió los rincones, esquinas o puntos que aparecen?

Porque me servían para la trama. Yo anoto lugares que me llaman la atención, me bajo del colectivo, tomo nota y si puedo, vuelvo. En octubre va a salir una novela que está situada en Barcelona y en un pueblo medieval. Tienen todo lo que necesitaba para la trama. Para mí, las ciudades y los lugares son fundamentales.

Trabajó durante años como periodista, una ocupación en la que ningún día es como el anterior, pero sí hay una cierta rutina de llegar al canal en un horario y ver qué hay. ¿Cómo se organiza ahora para escribir?

Tuve que aprender a organizarme en los horarios. En la televisión tenés el horario de peluquería, maquillaje, el horario que tenés que estar, el horario de la pausa, el horario del noticiero. Todo es un horario dentro de un horario, por eso estoy muy acostumbrada a respetarlo. Entonces, cuando no tenía eso me empecé a poner rutinas porque si no, me iba a pasar en el sillón tirada mirando Netflix. Me empecé a poner horarios como que fuera una obligación laboral: siete y media de la mañana estoy en el gimnasio. Cuando te sentás a escribir el arranque depende de vos, en la clase de gimnasia, no. Necesitaba eso. A la vuelta me baño, me hago un mate y me pongo a escribir. Divido la mitad para la novela y la otra para la película. A las cinco trato de salir. Si en la semana salgo a almorzar con una amiga, voy; si tardo dos horas, trabajo hasta las siete. Escribo en mi casa. Cuando dejé tuve la fantasía de ir a escribir a un bar, como Carrie Bradshaw. Pero entre los ruidos, los niños, iba al bar y me ponía tapones de silicona en las orejas. Así que escribo en mi casa o cuando me voy de viaje, que ahí escribo un montón. Debería tener plata para viajar porque ahí puedo escribir. Yo tengo un cuaderno donde lo hago a mano; hago a mano la estructura y con post it

Los periodistas tienen la posibilidad de conocer realidades de primera mano que les permiten aportar datos a sus libros. Ahora que está alejada de los medios, ¿de qué se nutre?

Estoy rodeada de periodistas, todos mis grupos de WhatsApp son periodistas, permanentemente hablo con ellos. A veces, cuando me interesa una noticia llamo a una fuente, de curiosa. Y como no es para periodistas, me cuenta. Y escribo lo que la gente me cuenta.

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