Juan Sartori

“Es un experto en corrupción” y “un fraude” porque “ha utilizado el dinero de todos nosotros” para beneficio propio, opina un inversor extranjero; la compañía debió levantar semanas atrás un embargo que le trabó el Banco República por una deuda que arrastraba desde junio

Considerado un “genio” para atraer inversores, Sartori es criticado por accionistas debido a su gestión como presidente de UAG

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Nº1998 - al de Diciembre de 2018
escribe Guillermo Draper

Juan Sartori era muy bueno en los “road shows”. Así llamaba a los viajes que hacía años atrás para convencer inversionistas de que apostaran por Uruguay. A base de su capacidad para vender, una coyuntura favorable para que países del Tercer Mundo recibieran flujos de capital y de la propuesta seductora de invertir en proyectos agropecuarios cuando los precios de los commodities estaban en alza, Sartori recaudó cientos de millones de dólares y construyó una compañía que llegó a explotar una extensión de tierra equivalente al 1% del territorio uruguayo. Y sin embargo, muchos de los que lo acompañaron en el proceso no creen que se trate de una historia de éxito.

Sartori y su entorno usarán su capacidad empresarial como uno de los ejes de la campaña que lanzará el martes 11 para tratar de ganar la interna en el Partido Nacional. No obstante, una investigación desarrollada por Búsqueda en los últimos meses matiza ese relato.

El millonario uruguayo tomó algunas medidas que llevaron a Union Agriculture Group (UAG) a tener dificultades financieras y que, en otros casos, redundaron en beneficios para sus intereses en detrimento de los accionistas y de la empresa, según los testimonios de más de una docena de fuentes, registros públicos de Uruguay, Islas Vírgenes Británicas (BVI), Estados Unidos, y documentos internos de la empresa a los que accedió el semanario.  

La pregunta que se hacen inversionistas es cómo fue que Sartori, que tenía en 2011 el 5% de las acciones de UAG Corp. —el holding dueño de las empresas que operan en Uruguay— pasó a ser el accionista “más importante de la compañía”, como declaró a Búsqueda a mitad de año.

Tony Blair

Sartori emigró junto a su madre a los 12 años con destino a Suiza. Después de superar con facilidad los estudios universitarios en ese país, hizo un curso de unos meses en Harvard, Estados Unidos, donde conocería a uno de los compañeros de ruta en varias inversiones: Francisco Ortiz von Bismarck, tataranieto del excanciller artífice de la unificación alemana.

Después de algunos éxitos en Europa, el empresario uruguayo decidió en 2008 iniciar emprendimientos también en Uruguay. Junto a Edgardo Cardozo y Oscar Costa hicieron el primer “road show” en el extranjero para recaudar el dinero que daría impulso a UAG. Resultó más exitoso de lo que esperaban: juntaron decenas de millones dólares en cuestión de días.

Todos, hasta sus detractores, consideran que Sartori es brillante. “Suele estar dos o tres jugadas adelante del resto”, dijo una de las fuentes que trabajaron con él durante años. La amplia mayoría de los consultados por Búsqueda pidieron mantener la reserva de su nombre para evitar represalias, quieren dejar atrás la etapa de su vida en la que trabajaron con el empresario o porque estaban discutiendo información que no estaban autorizados a divulgar.

Uno de los socios fundadores de UAG S.A. y escribano de la empresa, Juan Martín Jorge, declaró a la revista Noticias que Sartori es un “genio loco” y que esa “genialidad tiene un costado complicado”.

Todos, hasta sus detractores, consideran que Sartori es brillante. “Suele estar dos o tres jugadas adelante del resto”, dijo una de las fuentes que trabajaron con él durante años.  

UAG S.A. creció de manera exponencial desde su fundación en 2008 hasta el 2015. La compra de campos agresiva que desarrolló la empresa desestabilizó los precios del mercado agropecuario uruguayo y la posicionó como el actor principal en ese rubro.

Sartori apuntaba a las grandes ligas. Fue así como logró que el fondo estatal China Investment Corporation (CIC) hiciera su primera gran inversión en el sector agropecuario en Sudamérica. Para apalancar más ese tipo de negocios, el empresario uruguayo recurrió a lobistas de primer nivel, como el exprimer ministro británico Tony Blair, quien embolsó cientos de miles de dólares a cambio de abrir a UAG las puertas de grandes inversionistas.

Directores en ambos lados

A la par de que la compañía crecía, aumentaban las discrepancias entre algunas de sus autoridades. Una decisión adoptada en París, Francia, en mayo del 2014 enrareció más el clima en UAG.

Varios meses antes, en 2012, Sartori discutió con su entorno la posibilidad de “verticalizar” los negocios de UAG Corp., el holding que controlaba a la empresa uruguaya. La idea original, según varias fuentes, era crear una empresa de logística y compra de insumos que estuviera dentro de la compañía y así añadir eslabones a la cadena de producción. Para concretar ese plan, contrató a José Pedro Sánchez, actual CEO de UAG.

Sin embargo, algo cambió. Y lo que iba a estar dentro de UAG Corp, fue creado por fuera, pero con personas vinculadas a la empresa, muestran los registros públicos de Uruguay y BVI.

Antes del 2013 comenzaron los cambios de directorio y sede en varias empresas que después serían compradas por UAG Corp. como una oportunidad de negocio.

El 28 de noviembre del 2012, el escribano Juan Martín Jorge de UAG S.A. inscribió en el registro comercial que el Directorio de Sasul S.A., una empresa dedicada al acopio y procesamiento de granos, estaría integrado por Juan José Mazzeo y José Pedro Sánchez. La dirección de la compañía era Plaza Independencia 737, la sede de UAG.

El 18 de enero del 2013, se inscribió como directores de Caminagro S.A. a tres franceses; uno de ellos era Jerome Tordo, entonces director de UAG Corp. y socio de Sartori a lo largo de los años. Si bien la empresa tenía dirección en Carrasco, su teléfono era el mismo de UAG en Montevideo.

Desde 2010 la empresa Rocalmar S.A. tenía en su directorio a personas que también integraban el de UAG, como Oscar León, Oscar Costa o su hijo Andrés Costa, encargado del área de ventas. La dirección también era la de UAG y la mayoría de los sucesivos cambios de directorio fueron registrados, otra vez, por escribanos vinculados a la empresa agropecuaria.

Sartori pasó de tener un poco más del 5% de las acciones de UAG en 2011, según un documento presentado al gobierno de Estados Unidos cuando intentó cotizar en Wall Street, a ser uno de los principales accionistas.

La empresa de camiones Saudir S.A. tuvo nuevos directores a partir de junio del 2013: Oscar Costa, Sánchez y Mazzeo. La dirección y los escribanos eran los mismos de UAG.

La filial uruguaya de UAG comenzó a aumentar el movimiento de la producción y de la compra de insumos a través de esas compañías, según fuentes que conocieron la operativa. Esas cuatro empresas quedarían bajo control de Granosur Holding Limited recién después del 24 de abril del 2013, fecha en la cual esa offshore fue constituida en los registros públicos de BVI.

El siguiente paso seguido por Sartori, con apoyo de parte del directorio, fue proponer la compra de Granosur. Esa compañía, que tenía casi como único cliente a UAG, fue valuada en US$ 67 millones por la consultora Grant Thornton.

Si bien varias reuniones para discutir el tema se desarrollaron en Montevideo, la decisión final fue adoptada en abril del 2014 en París. El director de UAG Corp. y expresidente del Banco Central, Julio de Brun, fue el encargado de presentar el negocio al directorio. El documento de 11 páginas, al que accedió Búsqueda, destaca como una ventaja que Granosur tenía parte de sus plantas en zonas cercanas a los campos de UAG. No mencionaba, en cambio, que directores de UAG estaban relacionados con las empresas controladas por Granosur, ni que esa offshore había sido registrada un año antes.

El directorio, con los votos a favor de Sartori, Costa, León, Tordo, el representante del fondo chino CIC y el de un fondo alemán, entre otros, definió comprar 51% de Granosur y acordar la opción de compra del restante 49% por un total de US$ 51 millones en acciones. Los directores Eduardo Cardozo y Roberto Vázquez Platero votaron en contra porque la consideraban una mala decisión.

Accionistas y exempleados de la empresa sospechan que esta operación le permitió a Sartori aumentar su participación en UAG. Es que las empresas que recibieron las acciones de UAG por el negocio de Granosur eran sociedades offshore de paraísos fiscales —Joyce Assets, Honey­well, Fullcrown, entre otras—, algunas de las cuales tenían relación con Sartori, dijeron fuentes en conocimiento de la operativa y muestran documentos analizados por Búsqueda.

Sartori pasó de tener un poco más del 5% de las acciones de UAG en 2011, según un documento presentado al gobierno de Estados Unidos cuando intentó cotizar en Wall Street, a ser uno de los principales accionistas.

Cuando Búsqueda informó en junio de este año que Sartori dejaba la dirección de UAG, la empresa envió al semanario un comunicado en el que el expresidente afirmaba: “Soy el accionista más importante de la compañía y tiene todo mi apoyo”. La revista Noticias publicó la semana pasada que el capital accionario de Sartori en UAG rondaba el 20%.

“No hay nada raro atrás” de Granosur, aseguró Sánchez a Búsqueda, actual CEO de UAG. Además, negó que Sartori tenga el 20% de las acciones (ver recuadro).

“La caída”

La compra en marzo del 2014 de los campos de El Tejar terminó por complicar la situación financiera de la empresa. UAG debía desembolsar US$ 170 millones, pero no tenía tanto capital. Por eso, recurrió a unos US$ 50 millones que tenía y llevó al máximo las líneas de crédito en los bancos para conseguir otros US$ 70 millones.

Los dueños de El Tejar aceptaron la transacción y dieron un plazo de seis meses para que pagara el resto, de lo contrario ejecutarían la garantía y se quedarían con miles de hectáreas.

Sartori había asegurado en la interna de la empresa que obtendría dinero de inversionistas. Pero esta vez el “road show” fracasó. La compañía debió recurrir a prestamistas privados para cubrir la deuda, a un interés del 10%, cerca del doble de lo que le cobraban los bancos.

“La caída significativa de los precios internacionales de los commodities durante el año fiscal que terminó en junio del 2015, junto con el aumento de costos financieros generados por la compra de El Tejar, impactaron negativamente en las ganancias de la compañía y la generación de cash, y la llevó a obtener financiamiento bancario adicional. Todos estos factores arrojan dudas significativas sobre la posibilidad de la compañía de continuar”, advertía un informe elaborado en 2015 para presentar en la bolsa de valores de Ontario, Canadá.

En los últimos años la empresa ha iniciado un proceso de reestructura que implicó que concentrara sus actividades en el alquiler de campos para que otros los exploten y no desarrollar emprendimientos propios. Además, decidió vender campos para pagar las deudas bancarias.

En un comunicado emitido el 1º de noviembre, UAG sostuvo que “en la medida que le es posible” está honrando sus deudas bancarias. “Es importante recalcar que cada préstamo bancario, estatal o privado, necesario en su momento para la financiación del proyecto, está garantizado por más de 80.000 hectáreas de campos propios”.

En los últimos años la empresa ha iniciado un proceso de reestructura que implicó que concentrara sus actividades en el alquiler de campos para que otros los exploten y no desarrollar emprendimientos propios.

“El patrimonio total de la compañía es superior a 250 millones de dólares y la deuda bancaria ha sido reducida más del 50% en los últimos dos años y medio”, añadió la empresa.

Esa decisión todavía trae dolores de cabeza. En octubre la Justicia civil trabó un embargo por más de US$ 4 millones sobre UAG a pedido del Banco República, porque no había cancelado un pago en junio de la deuda vinculada a la compra de El Tejar. El CEO, José Pedro Sánchez, dijo que la compañía pagó y que en cuestión de días se levantará el embargo. “Con el diario del lunes”, con la caída de los commodities la compra de El Tejar fue “un error”, acotó.

A los accionistas, algunos de los cuales dijeron que están casi atrapados en la compañía, tampoco los tranquiliza demasiado esos datos. Mientras que en 2012 el valor neto de los activos (NAV, por sus siglas en inglés) de UAG era de US$ 543 millones, en mayo del 2018 era de US$ 278 millones.

“Un fraude”

En el comunicado emitido en junio, Sartori decía que la decisión de abandonar la empresa se debía a que iba a dedicar “esfuerzos” a “otros negocios importantes dado que UAG se encuentra reorganizada y estable”. La compañía, por su parte, anunciaba que “a pesar del momento regional y local, UAG ha obtenido resultados operativos positivos” y que “por primera vez en la historia se están obteniendo Ebitda (ganancias previo a los intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) positivos”.

Es justamente la gestión de la empresa uno de los puntos que criticaron los inversionistas y exempleados consultados.

“Se suponía que UAG era una inversión de bajo riesgo, administrada de manera conservadora, en lugar de eso, resultó ser mal administrada y altamente endeudada”, declaró a Búsqueda el exinversor William Berry.

Joel Wyler, actual accionista, dijo que su experiencia con respecto a UAG “hasta ahora no fue buena”.

De hecho, la situación económica complicada que enfrenta UAG es casi una constante a lo largo de su historia. En un documento que armó para presentar en Canadá, en 2015, la compañía declaraba que desde su nacimiento hasta mitad de ese año, acumulaba una pérdida de US$ 65,3 millones. Ese período incluía los mayores años de bonanza del campo uruguayo en décadas. Advertía además que la continuidad de la empresa corría riesgos en el futuro cercano si no cambiaba el modelo de negocios.

Otros accionistas consultados por Búsqueda fueron más duros que Berry y Wyler. Tres atribuyeron parte de los problemas financieros a decisiones adoptadas por la dirección que terminaban favoreciendo a Sartori.

El inversionista Charles Brown, presidente de Lakehouse Group, dijo que Sartori “desvió dinero de UAG a sus gastos personales, a los gastos de sus compañías en otros sectores”. “Cuando intenté presentar y preguntar estas cosas, él cortó la comunicación completamente. No quiso responder a mis preguntas de por qué había hecho ciertos gastos”, añadió.

“Es un experto en corrupción, Sartori. Aunque no es tan experto, porque si fuera un gran experto, no estaríamos teniendo esta conversación”, opinó Brown durante una conversación telefónica desde Hong Kong. “Era un fraude desde el principio. Sartori ha utilizado el dinero de todos nosotros los accionistas para ponerse en una posición en la que pudiese casarse con una chica de ese tipo, para poder llevar su vida social a cierto nivel”. (En 2015, Sartori se casó con la hija del magnate ruso Dmitry Rybolovlev).

El inversionista Charles Brown, presidente de Lakehouse Group, dijo que Sartori “desvió dinero de UAG a sus gastos personales, a los gastos de sus compañías en otros sectores”.

Uno de los ejemplos al que recurrieron varios de los consultados fue el alquiler de las oficinas de UAG y Granosur en el edificio de Plaza Independencia. UAG Corp—el holding de BVI— pagó US$ 300.000 en el año fiscal que cerró en junio del 2015 por el alquiler a la sociedad anónima Woodport, según el documento presentado en Canadá. En el año anterior había pagado US$ 200.000. Sartori era accionista y controlaba esa empresa, que era subsidiaria, a su vez, de Union Property Group.

El costo del alquiler había sido cuestionado en la interna por algunos gerentes de UAG, porque lo consideraban excesivo para una empresa agropecuaria y para el valor del mercado, según los informantes.

También generaba molestia en algunos accionistas el contrato firmado entre UAG y UCG International Corp., vinculada a Sartori, para la provisión de servicios de marketing, relación entre clientes e inversores, manejo de las relaciones institucionales, servicios administrativos y legales. La tarifa a pagar era la mayor entre dos conceptos: la cantidad de horas dedicadas por los profesionales que proveían servicios o el 0,25% del valor neto de los activos de la empresa.

Solo en el año fiscal que terminó en junio del 2015, UCG International Corp. cobró US$ 1,5 millones.

La empresa tenía gastos que “no eran sostenibles” para un emprendimiento agropecuario que suele tener márgenes de ganancia pequeños, apuntó uno de los inversionistas.

Sobre las pérdidas de la empresa y las quejas de los accionistas, el actual CEO aseguró: “El principal valor que tenemos es el valor de los campos. Si el valor de los campos baja un 35% en los últimos tres años, como efectivamente bajó, es lógico que la acción baje también de forma significativa.(…) Los accionistas no están contentos, pero entienden la situación”.

Consultado ayer miércoles acerca de los gastos cuestionados, Sánchez anunció que el próximo sábado 8 UAG mudará su oficina después de casi 10 años “justamente en búsqueda de más eficiencia para reducir costos”. Acerca del contrato con UCG, dijo que están en “etapa de revisión de todos los contratos”.

“Sartori ya salió de esta empresa”, añadió. “En breve nos vamos de esta oficina y estamos renegociando todos los contratos de esta empresa porque, naturalmente, tenemos que ajustar todos los costos operativos y en general a la nueva realidad del negocio agropecuario”.

Horas más tarde, un allegado a Sartori transmitió a Búsqueda que “con respecto a los contratos firmados por UAG con otras empresas se trata de contratos lícitos aprobados por el directorio y declarados ante las autoridades competentes en cada caso. Si algunos de esos contratos han sido con empresas del señor Sartori, han sido con empresas en donde él, conjuntamente con otras personas, son accionistas. En ningún caso se trata de contratos personales o con empresas en donde él figura como accionista mayoritario”.

“Es un experto en corrupción, Sartori. Aunque no es tan experto, porque si fuera un gran experto, no estaríamos teniendo esta conversación”, opinó Brown durante una conversación telefónica desde Hong Kong.

Dijo que “la condición económica de la empresa y los accionistas de UAG no se debe a decisiones del señor Sartori, se debe a las bajas que han sufrido los mercados agrícolas, en donde se han reportado pérdidas en toda la región”. Y afirmó que la empresa “fue tan bien organizada” que “a la fecha es una de las pocas que aún se mantiene con vida y además con bienes importantes dentro de su patrimonio que respaldan sus inversiones”. 

“Juan Sartori es un inversionista más” y “ha sufrido” las pérdidas igual que el resto de los accionistas, dijo.

Tiempo atrás, antes de que Sartori dejara la presidencia de UAG, un grupo de accionistas minoritarios discutió la vía para removerlo de su cargo, aunque luego desistieron porque era una operación muy compleja y los estatutos de la empresa “protegían” a su fundador, relataron varios informantes en conocimiento de las negociaciones. Entendían, además, que en ese momento Sartori contaba con el respaldo del fondo chino.  

“Hay muchos accionistas que han puesto un millón o 500.000 dolares, cantidades muy pequeñas para nosotros, por lo que no vale la pena hacer un litigio cuando has puesto poco”, explicó Brown acerca de por qué desistieron. “Es un fraude. Y en Hong Kong no tenemos tiempo para los corruptos”.

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