Quentin Tarantino dirige Había una vez en Hollywood, su noveno filme, que transcurre en el 69, con los asesinatos de la secta de Charles Manson como telón de fondo

“Cuando edito un filme es casi como si escuchara las risas o los susurros del público”

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Nº2032 - al de Agosto de 2019
Entrevista y fotos: Sony Pictures

Conocido por sus diálogos, las referencias a la cultura pop, las bandas sonoras de curaduría propia y una asombrosa habilidad para relanzar carreras estancadas, Quentin Tarantino volvió a su Los Ángeles natal para filmar su novena película: Había una vez en Hollywood (Once Upon a Time in Hollywood). Protagonizado por Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie, el filme transcurre en 1969 y sigue las aventuras de un actor que supo ser estrella pero está en decadencia (DiCaprio), su leal doble de cuerpo (Pitt) y una nueva y hermosa diosa del cine llamada Sharon Tate (Robbie), en un lugar en el que todo puede suceder. Aunque un actor al que él dirigió en un proyecto anterior y su doble inspiraron la historia, Tarantino se niega a revelar sus nombres reales.

El director, que apareció por primera vez en la escena cinematográfica en 1992 con Perros de la calle, una película independiente sobre un grupo de gángsters involucrados en un robo de diamantes que sale sangrientamente mal, se consolidó como director de culto en 1994 con Tiempos violentos, la historia protagonizada por Uma Thurman, Samuel L. Jackson, John Travolta y Bruce Willis, con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese año y su primer premio de la Academia a Mejor guion original. 

Después vino Triple traición (1997), basada en la novela de Elmore Leonard Rum Punch (la única adaptación de Tarantino, que siempre trabaja con guiones propios originales), un thriller sobre una azafata involucrada en el contrabando, interpretada por la actriz icono de los filmes de explotación negra Pam Grier; y luego llegaron las épicas Kill Bill Volumen 1 y 2 (en 2003 y 2004), una vez más con Uma Thurman, que resultó nominada al Globo de Oro. 

Su sexta película, Bastardos sin gloria (2009), un drama sobre la II Guerra con tintes de comedia, le valió otras dos nominaciones al Oscar (Mejor director y Mejor guion original), antes de ganar su segundo Oscar por el guion de Django sin cadenas (2013), la historia de un esclavo rebelde (Jamie Foxx) que toma venganza en el sur prebélico. En 2015 estrenó Los 8 más odiados, una historia detectivesca al estilo Agatha Christie situada en el invierno de Wyoming a fines del siglo XIX. 

En el mes en que se cumplen 50 años de la masacre en la que seguidores de la secta liderada por Charles Manson asesinaron a Sharon Tate —embarazada de ocho meses de su marido Roman Polanski— y a otras cuatro personas, Tarantino estrena Había una vez en Hollywood, una comedia dramática sobre esa era dorada del cine en la que hubo glamour pero también sangre.

¿Cuál fue el puntapié inicial de esta película?

La primera chispa creativa que finalmente nos guio hasta aquí sucedió hace unos nueve años. Estaba haciendo una película en la que trabajaba una estrella más veterana, y tenía un doble con el que había trabajado por mucho tiempo. No teníamos nada para que hiciera el doble, pero en una escena en que se podría haber necesitado la estrella me dijo: “Yo tengo a este tipo. No te he presionado para usarlo porque no es realmente necesario, pero hay una cosa que creo que él podría hacer, y sería bueno si pudiéramos darle algo. He estado trabajando con él por 20 años, sería maravilloso”. Así que el tipo vino y fue una dinámica muy interesante.

¿En qué sentido?

Primero, porque te das cuenta de que en un momento fueron muy parecidos. Pudo haber habido un momento en el que pudieras hacer planos abiertos del doble y habría estado bien. Pero ya no era así. Ya no se parecía a la estrella. Era un poco más viejo, un poco más gordo, y estoy seguro de que este fue probablemente uno de los últimos trabajos que hicieron juntos. Lo otro interesante fue que solo trabajó en el set por un día pero fue bastante evidente que no trabajaba para mí: trabajaba para la estrella. Él era su jefe. No le importaba nada de mí o de la película. Me acuerdo verlos sentados en las sillas de director hablando entre sí y pensar: “Esa es una relación interesante. Olvídate de esos dos tipos en particular, solo piensa en la idea de dos tipos que han estado juntos por mucho tiempo. Es una relación fascinante. Tal vez si alguna vez hago una película sobre Hollywood, podría ser un rumbo interesante para la historia”. Así que esa fue la chispa inicial.

¿Cuánto tiempo llevó desarrollarla?

He estado trabajando en ella por seis años. Estuve mucho tiempo tratando de descifrar quiénes eran estos personajes. Pensaba qué historia quería contar a través de ellos. Probé con un par de ideas, y después decidí que no, no quería ponerlos en una línea argumental dramática. Quería que fuera algo así como un día en la vida, o tres días en la vida de estos personajes, como que recién se habían mudado a Los Angeles. Después, el nudo de la historia se vuelve un poco más tirante.

¿Cuándo se da cuenta de que una historia que tiene en mente está lista para convertirse en una película? 

Me ha pasado un par de veces, pero raramente en los últimos 20 años se me ha ocurrido algo que pensara: “¡Boom! ¡Una idea nueva, creo que me voy a sentar a escribir esto!”. La mayoría de las veces son ideas que vienen y yo las exploro un poco más. Tal vez escribo algunas líneas al respecto, y luego vuelven a la incubadora. Las ideas se asientan ahí y, o se mueren, o se fortalecen. Y siempre estoy realmente sorprendido cuando una idea finalmente se presenta y me dice: “Estoy lista, es el momento”. Este filme me sorprendió, porque es en el que más he trabajado. Los últimos seis años he trabajado en él entre cada proyecto. Era como ese tipo Sísifo (de la mitología griega), que empuja la roca hacia la cima de la colina. Era casi un pasatiempo entre las últimas cuatro películas, empujar la roca más y más arriba. Pensé que iba a seguir siendo así por un tiempo, pero de pronto me di cuenta de que lo estaba haciendo, lo estaba terminando. Y entonces fue como: “Cierren las escotillas. Allá vamos”.

¿Cómo fue cuando se echó a andar el proyecto?

Fue interesante, porque me daba curiosidad lidiar con estos tres personajes, y en particular la idea de que representaban tres diferentes escalones en Hollywood: está el personaje de Sharon, que está viviendo la gran vida en Hollywood, y está Rick Dalton, que ya está obsoleto. Bueno, todavía hay una oportunidad para él, pero está un poco pasado de moda. Y luego está su doble de cuerpo, Cliff, que está atado a ese hombre que se está hundiendo. Así que Cliff representa a un montón de gente que ha trabajado en Hollywood toda su vida y no tiene absolutamente nada para que lo demuestre. Y aquí, esa gente puede vivir una al lado de la otra. En este caso es figurativa y literalmente. Así que estaba la idea de explorar ese tiempo y esa era de Los Ángeles y de Hollywood con estos tres personajes. Eso fue lo que me atrajo.

¿No es raro que haya tenido que haber un sistema de clases en Hollywood cuando se supone que Estados Unidos estaba abierto a todos en aquella época?

Sí, pero al mismo tiempo Hollywood siempre ha sido un sistema de clases. Un sistema de clases basado en el propio Hollywood. Lo interesante de la época en la que transcurre la película es que el sistema de clases se sacudió como un domo de nieve, y la nieve todavía está cayendo, todavía se está acomodando. Así que todavía tienes estrellas de cine, pero esas estrellas se están apagando. Todavía están trabajando, pero no son tan candentes como solían serlo. Después están los actores de televisión. Lo ves en los Globos de Oro todos los años. Les lleva 45 minutos a la gente de la televisión subirse al escenario, ¡porque están al final de la sala! Recuerdo cuando Burt Reynolds ganó el Globo de Oro por Evening Shade. Subió, señaló al frente y dijo: “Sí, me acuerdo cuando me sentaba ahí atrás”.

¿Siempre fueron Brad y Leo sus primeras opciones? ¿Pensaba en ellos mientras escribía el guion?

Los tenía en mente, pero no sabía si conseguiría a dos de las mayores estrellas del mundo. Así que no trabajé desde esa suposición.

¿Fue Margot Robbie su primera opción para Sharon? Es imposible ahora pensar en otra actriz para interpretar el papel.

Para mí, absolutamente. Es gracioso. Recién le había puesto los últimos toques al guion y solo tenía a una persona en mente para interpretar a Sharon. Dejé que tres amigos lo leyeran, y todos dijeron: “Convocarás a Margot Robbie, ¿verdad?”. Y yo les dije: “Ella es la actriz más candente del mundo en este momento, así que veremos qué pasa. Probablemente, esté haciendo tres películas a la vez”. Así que literalmente, cuando estaba viendo qué estrategia usar para llegar a ella, recibo una carta suya. De hecho, casi pensé que era una broma, una trampa. Pero no, solo era una carta dulce, diciendo cuánto apreciaba mi trabajo, y que si había algo adecuado para ella, le encantaría participar. Fue música para mis oídos. Llamé a su agente enseguida. “¿Cuándo podemos juntarnos a tomar un café?”. Y en unas semanas lo hicimos, en cuanto ella volvió a la ciudad.

Ella pareció interpretar a Sharon Tate tanto como persona real como una metáfora para la era. ¿Está de acuerdo con esa interpretación?

Es muy acertada. Investigué mucho sobre el personaje. Y también es una especie de metáfora. Por un lado representa a este nuevo hippie de Hollywood, la gran vida de Hollywood, la vida que Rick no está viviendo más, de la que ya no es parte. Él está en un grupo de elite que ya no existe, pero todavía no lo sabe. Así que representa eso, pero también hay otro nivel. Todo lo que leí sobre Sharon la hacía sonar como un ángel en la Tierra. Todo el mundo lo pensaba. Así que así la muestro, como este ángel, analizando el mundo, y la ciudad, y el espíritu del filme.

Hay una escena en la que ella va a un cine a mirar su propia película. ¿Alguna vez lo ha hecho, fuera de las premières o festivales?

Sí, claro. Trabajo muy duro en mis películas, así que para mí la retribución es mirarla con el público, especialmente porque pienso que en mis películas se ríen. Quiero ver las reacciones de la audiencia, esa es la gratificación. Es la recompensa por todo el trabajo. Cuando edito el filme es casi como si escuchara las risas, o los susurros, o a la gente diciendo: ¿Qué pasará ahora? Ese tipo de cosas. En esa etapa me lo imagino, pero no sé si las películas serán realmente efectivas hasta que las miro con el público, cuando escucho sus reacciones. Las proyecciones en los festivales pueden ser fantásticas y las premières pueden ser divertidas. Pero nada le gana a ir a ver una película con un montón de gente que podría hacer cualquier cosa ese día pero lo que decidieron hacer fue llevar su dinero, el que ganaron con esfuerzo, y comprar una entrada para ver tu película.

¿Cuál es la mayor diferencia entre el Hollywood de hoy y el de 1969?

Es tan diferente como si fuera un distrito diferente, un negocio diferente, un todo diferente. Para mí, Hollywood dio un giro de 180 grados respecto a lo que era en los 90, ni que hablar en 1969. 

¿Le parece que se están haciendo más películas hoy que entonces?

Puede ser que hoy hagan más películas, pero tienen menos significado. Puedo decirte una gran diferencia, usando un ejemplo de los 90. Yo surgí del movimiento del cine independiente. Era un movimiento legítimo, algo que tenía poder comercial. No eran solo filmes que hipsters de Los Ángeles o de Berkeley vieran, la gente los veía en Chicago, en Austin, en Texas, en Nebraska. Y de la misma manera los jóvenes se sentían atraídos hacia la música alternativa en esa época. Durante 30 años los jóvenes tenían bandas de garaje, y de repente empezaron a agarrar cámaras, porque sentían que tenían más chances de expresarse con el cine que con el camino comercial que la industria de la música estaba tomando. Así que había todavía más gente contando sus historias a través de cámaras. Pero no sé si sigue existiendo esa senda comercial, como la que existía en los 90 para las películas. Que ni siquiera era un nicho, era una vía rápida y legítima de hacer entretenimiento.

Sus productores han dicho que este es su filme más personal hasta la fecha. ¿Qué opina de eso?

Creo que lo que quieren decir es que es un trozo de memoria, en todos los sentidos. Es un trozo de memoria como fue Roma para Alfonso Cuarón. Porque yo vivía en el condado de Los Ángeles en 1969, estaba viviendo en (la ciudad californiana) Alhambra en ese momento. Recuerdo lo que daban en la televisión, en las cadenas y en la TV local. Recuerdo a los anfitriones de aquella época, recuerdo la radio KHJ sonando todo el tiempo, y cómo la gente realmente escuchaba radio en el auto. Lo que hacías era girar el dial y elegir esta canción versus esta otra canción. Tenías una estación a la que escuchabas y ponías la radio a todo volumen, y no la apagabas cuando venían los comerciales, solo hablabas por encima de la radio. Así que parte de la diversión fue exprimir mi cerebro, conseguir viejas revistas TV Guides y mirar ejemplares de diferentes semanas, recordando esto y aquello, y disparando mi memoria para refrescar cómo era. ¿Qué decían los carteles en las calles? Así aprendí a leer. Iba con mi abuela a buscar a mi madre a la escuela de enfermería y cantaba los comerciales. Veía avisos de Dad’s Old Fashioned Root Beer, Hires Root Beer y Coca-Cola. Reaccionaba a los avisos cuando tenía cuatro años o por ahí.

En ese sentido, ¿es también su película más movilizadora y emocional?

Bueno, ese es definitivamente el caso al final de la película. Seguro.

¿Cree que la gente debería leer algo de la historia de ese período, especialmente espectadores de fuera de Estados Unidos, antes de ver la película?

No creo que sea necesario. El que decida hacerlo se verá beneficiado. Pero puedes también sentirte inspirado al verla y querer buscar más información. Por un lado, los estadounidenses tendrán una ventaja cultural, como recordar ciertos programas de televisión; sabrán que hubo un show llamado Mannix, o FBI. Pero dicho esto, la película —como muchas de mis películas, especialmente Triple traición— es por lejos más europea en su naturaleza que la mayoría de los filmes estadounidenses que vas a ver a un cine multiplex. Así que por ese lado esos tipos tendrán un mejor entendimiento del ritmo y del sentido general de la película. Pero la película debe funcionar por sus propios méritos. Si fuera una película de ciencia ficción y todo tuviera lugar en un universo alternativo y estos fueran solo un montón de nombres inventados, creo que aún funcionaría. 

Esta es su novena película. ¿Es una cuenta regresiva o hará más de 10?

No, en lo que refiere a películas para cine, me detendré en 10.

¿En serio?

Sí. Podría hacer un programa de televisión. Podría hacer una obra. Podría hacer una película para televisión. Pero la que estoy haciendo ahora es mi penúltima película para cine.

¿Por qué?

Porque lo he estado haciendo por demasiado tiempo. Y creo que hay un final. Debería haber un final. No es como que debería seguir trabajando hasta que no pueda trabajar más, o hasta que no sea tan bueno en lo que hago. Me gusta la idea de hacer 10 películas fuertes, bajar el micrófono y decir: “OK, traten de igualarme”.

Maratón de Tarantino para calentar motores:

· Perros de la calle

· Tiempos violentos

· Bastardos sin gloria

· Django sin cadenas

· Los 8 más odiados

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