Editorial

El éxito de Garibaldi

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Nº2023 - al de Junio de 2019
Por Adela Dubra

La mujer de nuestra tapa, Lucía Garibaldi, tiene 32 años. Con muy poco dinero y un equipo chico ganó en Sundance el premio a Mejor directora por Los tiburones. El festival, que fundó Robert Redford, meca del cine independiente, tiene prestigio y además es un imán para la industria. Hay festivales más “culturosos”, pero Sundance reúne lo mejor de ambos mundos.

El galardón lo ganó en los primeros días de febrero y tuvo cierta repercusión en los medios, pero poca. Ahora se estrena la película y surgió la pregunta: ¿es este el premio más importante que ha ganado el cine nacional? Da para un pequeño debate. Para pensarlo en términos futboleros, ¿ganó un Mundial esta uruguaya? Si así fuera, qué poco lo festejamos. 

La otra película que le compite en importancia —hablando de galardones— es Whisky, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, que en 2004 ganó el Fipresci en la sección Un Certain Regard en Cannes. Whisky tuvo enorme impacto y hasta hoy los cineastas valoran todo lo que nos ha dado. No solo es una influencia para todos quienes hacen cine aquí, sino que también es una excelente carta de presentación. Los uruguayos que se mueven en el mundo del cine afuera suelen contar que es corriente que se les acerque en un cóctel un español, una danesa o un norteamericano a preguntarles: “¿Sos de Uruguay? ¿Conocés a los de Whisky?”.

La película Gigante, de Adrian Biniez, también tuvo una muy buena acogida en el extranjero y ganó tres premios en el Festival de Berlín (Jorge Drexler con su Oscar y Daniel Hendler con su Oso de Plata son otros casos de uruguayos premiados afuera). 

Para sopesar este tema, consulté a representantes del medio. El uruguayo radicado en Hollywood Federico Álvarez dijo: “Me sorprende, pensé que el premio iba a tener más resonancia a escala local. El premio que ganó Lucía es de los más importantes a los que un director de cine puede aspirar. Y si lo combinás con la baja (y triste) estadística del número de directoras mujeres haciendo largometrajes, convierte al galardón en algo totalmente épico”. El director de Posesión infernal y No respires dijo que seguramente este premio, como suele suceder, entre otras cosas, ayude a conseguir financiación: “Y eso, a fin de cuentas, es de las cosas más importantes para un cineasta: poder seguir haciendo cine”. El director de la Dirección del Cine y Audiovisual Nacional ICAU Martín Papich —que no ha estado en el Festival de Sundance pero sí en Cannes— ubica el premio a Los tiburones “sin dudas en el Top 4”. 

Para la productora uruguaya Mariana Secco (WilsonLa noche de 12 años), el premio a Garibaldi es el más importante que ha tenido la cinematografía uruguaya, porque considera que Sundance reúne prestigio y un vínculo con la industria: “Es un golazo. Es el premio soñado, y que además lo gane una mujer es una maravilla”.

La película de Garibaldi también ganó en el Bafici, en Guadalajara y en San Sebastián. Lo que sí es llamativo es la poca efervescencia que hay con el estreno en Uruguay. Lucía Garibaldi y probablemente el equipo que la acompaña tienen extremado perfil bajo. Esto es, no hay avant-première, no hubo una función de prensa (algo que se estila hacer en la previa, para que los periodistas puedan verla antes y reseñarla). Casi no hay comunicados de prensa. Muy llamativo. Sí fue elegida para cerrar el Festival de  Cinemateca. 

En la entrevista que le hizo Patricia Mántaras, Garibaldi se muestra como una mujer de respuestas francas, inteligente sin duda y su película es su mejor presentación. Es posible arriesgar que hoy, que casi cualquiera se dice artista, ella sea una artista de verdad. Hizo una película personal. Verdadera, honesta. 

Les huye a las fotos. Su perfil bajo, ingenuidad o humildad —que se adivina genuina—, le jugó una mala pasada. Llegó tarde a la entrega de premios en Sundance. Según contó a El País, ella y la actriz principal decidieron “ir en ómnibus porque era muy caro ir en Uber”. Se quedaron sin asiento en la ceremonia. Cuando empezaron a subir los ganadores, ella notó que todos pasaban con cosas escritas. Cuando la nombraron, no lo podía creer: “Subimos todos al escenario y yo me olvidé de todo, no le agradecí ni a mi familia, ni al equipo, ni al jurado. A nadie”.

Quizá esa forma de andar por la vida le resulte. Convencerla para que posara y la entrevistáramos en la revista fue difícil. Algunos creadores son así. Contra viento y marea, la pusimos en tapa y vaya en esa preciosa foto nuestra felicitación por su premio. 

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