Clint Eastwood

La mula, de Clint Eastwood

El Tata

4min
Nº2003 - al de Enero de 2019
Juan Andrés Ferreira

Las siguientes películas se inspiran en sucesos y personas reales. Invictus (2009), Más allá de la vida (2010), J. Edgar (2011), Jersey Boys: Persiguiendo la música (2014), Francotirador (2014), Sully: Hazaña en el Hudson (2016), 15:17 Tren a París (2018), La mula (2018). Todas ellas comparten un mismo realizador detrás de cámaras. Clint Eastwood. Las filmó una detrás de la otra y en La mula, como lo hizo en Gran Torino (2008), se presenta en el doble papel de director y actor.

Esta nueva incursión está íntimamente ligada a aquella de 2008. Para empezar, ambas llevan la firma de Nick Schenk como guionista. A su vez, ambas son protagonizadas por viejos chapados a la antigua, sin filtro, sobrevivientes de otras épocas, que con agria perplejidad observan la agitada y cambiante realidad que se impone sobre la relativa quietud y la amable previsibilidad del mundo que conocían y que ahora evocan con un gruñido.

La película se basa en la historia de Leo Sharp, veterano de la II Guerra Mundial que pasó de jubilarse como horticultor a trabajar como transportista de droga (“mula”) del cártel de Sinaloa, la organización criminal comandada por el inefable Joaquín el Chapo Guzmán. Sharp se especializó en azucenas y mantuvo una granja en la que cultivaba híbridos de nuevas especies. Registró 180 tipos de azucenas, muchas de ellas premiadas en importantes competiciones realizadas en diversas ciudades de Estados Unidos. Alcanzó el reconocimiento internacional y hasta plantó flores en el jardín de rosas de la Casa Blanca, invitado por el presidente George Bush padre. El negocio empezó a tambalearse en 2005, con el avance de Internet, que jamás llegó a comprender y dominar como herramienta comercial. Estaba con los números en rojo cuando inició su breve y sumamente eficiente carrera en el tráfico de drogas. Y lo hizo a los 87 años, una edad a la que difícilmente llegan los narcotraficantes. Por razones obvias, Sharp era conocido en el ambiente como el Tata.

Dada su edad y su extraordinaria eficiencia como transportador, durante un tiempo se lo consideró una leyenda urbana. Hasta que en 2011, interceptado por la DEA con 104 kilos de cocaína distribuidos en cinco bolsas almacenadas en la caja de su elegante pickup, fue detenido y enjuiciado. Y el día que cumplió 90, condenado a 36 meses de prisión.

En el filme, Eastwood (de 88 años) es bastante fiel a la historia, aunque tiene algunas sutiles modificaciones. Sharp pasa a llamarse Earl Stone. Sigue siendo un veterano de guerra, pero de la Guerra de Corea, como Kowalski en Gran Torino. Aunque, vale decir que el conservador, sexista, machista y ligeramente racista Earl, es el antihéroe hecho de luces y sombras típico de Eastwood, un personaje un tanto más simpático y sensiblemente más amigable que el de Gran Torino.

En lugar de ser un hombre de familia, es un mujeriego empedernido que se ha ausentado de la vida (o de los momentos importantes en la vida) de su esposa (Dianne Wiest) y su hija (Alison Eastwood), aunque ahora, que se le viene la noche, intenta acercarse a su nieta (Taissa Farmiga), la única de las tres mujeres de su círculo familiar que todavía conserva vestigios de confianza y esperanza en él. Earl es simpático y agradable con los demás pero un negligente en su casa. Un viejito curtido, galancete, pícaro y encantador que dice y hace desde la postura de quien ha vivido y ha visto mucho, ese tipo de actitud que en algún punto se asemeja a la ingenuidad y la inocencia de los niños. A lo largo de los años y las carreteras transitadas con su camioneta, Earl pasó por 41 estados, no recibió ni una multa ni tuvo uno solo siniestro de tránsito. Héroe de guerra, sin antecedentes penales, este señor mayor, amable y educado, este abuelo de mirada chispeante y caminar encorvado, jamás sería considerado un traficante de drogas. De ahí lo difícil que fue para Jeff Moore (oficial en el que se inspira el personaje de Bradley Cooper) capturar a la mula.

Con estos elementos, Eastwood construye una road movie de ritmo relajado combinada con un drama familiar —lamentablemente— un tanto simplón, una interesante historia de redención pero con un puñado de chistes obvios y algunas escenas y diálogos poco convincentes, aunque con ternura, belleza y sentido humor.

Como su personaje, Eastwood se toma su tiempo para recorrer el camino y se permite pausas para aprovechar los pequeños instantes, como saborear un sandwich de cerdo, beber un café y conversar con un desconocido o disfrutar de la compañía de dos mujeres en un motel. Ya se sabe dónde va a terminar la historia, aunque no cuándo ni cómo; entonces, mientras tanto, vive el momento.

La mula (The Mule). EE.UU., 2018. Dirección: Clint Eastwood. Guion: Nick Schenk. Con: Clint Eastwood, Alison Eastwood, Dianne Wiest, Taissa Farmiga, Bradley Cooper, Andy Garcia, Michael Peña, Laurence Fishburne. Duración: 116 minutos.

Un hombre silencioso

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