El sexólogo colombiano Fernando Rosero, especializado en menopausia, habló de los desafíos y recursos de las mujeres de 50 en el nuevo escenario social y sexual

“En sexualidad no existe la normalidad, existe el promedio”

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Nº1994 - al de Noviembre de 2018
Entrevista: Patricia Mántaras. Foto: Adrián Echeverriaga.

En un escenario confuso y cambiante, en el que las nuevas generaciones toman el porno como modelo de una relación sexual promedio y el celular se cuela en el dormitorio como principal disuasor de la actividad sexual, las mujeres de 50 enfrentan un período de transición que rara vez pasa sin dejar huella. En la sociedad occidental actual, en la que cualquier signo de envejecimiento es rechazado, resulta difícil quitar a la menopausia la carga negativa, que excede los bochornos para instalarse también a nivel anímico por ese vaivén hormonal y una sensación de pérdida asociada directamente con el fin de la fase reproductiva femenina.

Pero hay buenas noticias, porque en 2018 la mujer menopáusica tiene nuevos recursos. El colombiano Fernando Rosero, magíster en sexología clínica, estuvo en Montevideo para participar en la jornada Bienestar sexual luego de la menopausia, organizada por la Asociación Uruguaya de Endocrinología Ginecológica y Menopausia. Especializado en salud sexual en mujeres menopáusicas, conversó con galería sobre los desafíos de esta etapa de la vida, en la que los síntomas pueden tratarse y disminuirse con los tratamientos adecuados, y despejó dudas relacionadas con la sexualidad en las mujeres menopáusicas, el miedo a la terapia de sustitución hormonal, el rejuvenecimiento vaginal y la utilidad de las bolas chinas, y ahondó en lo que él llama "atletismo sexual", la "hipersexualización" de los más jóvenes y la importancia de la educación sexual.

¿Por qué es una etapa tan crítica para la mujer, más allá de los síntomas físicos? Tiene que ver con muchos factores. Primero, porque tiene un sentimiento de pérdida, porque se pierde la capacidad de reproducción, y eso impacta mucho. Socialmente también se le da una connotación negativa por eso de que como ya no puede ser reproductiva, queda en un segundo plano. A eso se suma que la mujer a esa edad por lo general se está jubilando. Entonces dice: “Tuve un cambio hormonal, supuestamente reproductivamente y sexualmente no tengo más que hacer, y me quedé sin trabajo o estoy jubilada”. Entonces tiene la combinación o la bomba de tiempo para hacer que esto tenga la carga negativa que tiene en todo el mundo. Ese es un poco el llamado a tratar de generar ese cambio: es un proceso, pero miremos las cosas positivas, no todas tienen depresión, no todas tienen dolor.

¿La carga negativa tiene que ver, entonces, con la oda actual a la juventud? Estamos condenando y limitando a que el mundo solamente es para los jóvenes y para los guapos. Si no eres joven y no estás guapo, entonces es como que no estás en el contexto, o en el círculo en el que deberías estar, y eso tiene un impacto muy grande, porque no puedes ir contra natura. Generalmente eso va de la mano con el poder adquisitivo: si tienes dinero, tienes acceso a ciertas tecnologías, pero 99% de la población no tiene acceso a eso, y para ellas el sentimiento de pérdida es mucho más grande.

¿El estar más consciente de su cuerpo y no sentirse tan atractiva le pesa también al momento de tener relaciones sexuales? Ese es uno de los componentes que más marca en la menopausia: la pérdida del atractivo. Esa mujer se siente menos bonita y menos empoderada de su sexualidad. ¿Cómo voy a tener una buena sexualidad si me siento incómoda, tímida, introvertida? Parte de lo que buscamos dentro del rol que tenemos es empoderar a la mujer para que vuelva a sentirse cómoda. Esta es la generación del cambio y definitivamente la mujer tiene un planteamiento diferente. No como quisiéramos, pero sí se atreve a preguntar, averigua qué le puede estar pasando. Antes la mujer tenía dolor durante la relación sexual y lo asumía como algo absolutamente normal, hoy se atreve a preguntar: ¿es normal tener dolor? ¿Es normal que no tenga ganas siempre? ¿Es normal que no tenga fantasías? Cuando generas el cuestionamiento, seguramente va de la mano tener la solución. Hoy vemos que las mujeres preguntan mucho más. Pero, si bien es cierto que está hablando más, en la intimidad le sigue costando.

¿Sigue vigente el miedo en torno a la terapia de sustitución hormonal? Ese miedo sigue estando ahí y es una cosa que las pacientes de todo el mundo te dicen. Eso fue a partir de una mala información que surgió o no se manejó bien. Hoy tenemos absolutamente claro que esos tratamientos hormonales, en las pacientes en que los empezamos, son seguros. No todas las pacientes son susceptibles de tener esos tratamientos, y existen muchas más opciones que no solo son las hormonas.

¿Esta terapia puede revertir los efectos de la menopausia? Lo que hacen los tratamientos es tratar de disminuir los síntomas. La menopausia es un cambio que es irreversible. El tratamiento lo que hace es apaciguar, o hacer que esos cambios sean mucho más lentos y más llevadera esa situación. Ese es el objetivo. En sexualidad, lo que hacemos con los tratamientos es que esos cambios no impacten tanto y que la mujer tenga una sexualidad absolutamente satisfactoria.

¿Le cuesta más a la mujer llegar al clímax a esta edad? No podemos generalizar y decir que todas las mujeres van a tener problemas, pero sí sabemos que producto de ese cambio hormonal, de esa disminución de los tejidos, de la capacidad que tiene de contracción, sí hay una disminución en la capacidad de tener una respuesta sexual igual que antes. ¿Cuáles son los cambios más grandes? Primero, hay una disminución en la lubricación, y si lubrica menos tiene menos posibilidad de tener placer, porque le puede empezar a doler. Segundo, está demostrado que la intensidad del orgasmo puede disminuir, y tercero, lograr ese orgasmo puede ser más difícil, porque necesita más estimulación. Pero no sucede en todos los casos y existen opciones para hacer que eso se corrija, entonces el mensaje es positivo. Sí hay un problema, pero se puede solucionar.

¿Qué opina de las inyecciones de testosterona para aumentar el deseo? ¿Las recomienda? Es otra opción dentro de los tratamientos. Los andrógenos específicamente se utilizan por el tema del deseo, para mejorarlo en las pacientes, pero si tú no tienes controladas las otras hormonas y les das testosterona, no estás haciendo absolutamente nada. Si se utiliza bien, en algunas pacientes funciona.

¿Qué rol cumple la pareja en el proceso? La pareja es pilar fundamental, primero para que la mujer no se sienta culpable. Además, cuando la pareja acompaña a su esposa, generalmente son más positivos los tratamientos, hay más adherencia y se siguen más las recomendaciones. Muchas veces es el varón el que tiene la dificultad y el que hace que la sexualidad de la mujer no sea positiva. Por eso es importante que esté, y la comunicación es un pilar fundamental en esa etapa de los tratamientos.

¿Qué pasa en esta época, con tantos divorcios, en que la mujer de 50 tal vez se encuentra con una pareja nueva? Es una etapa que te genera dificultades porque físicamente no te sientes empoderada, y si estás empezando una relación en la cual no hay intimidad, obviamente eso genera un impacto mucho más grande. No es infrecuente que a muchas mujeres en la menopausia les cueste más intimar y tener relaciones, no solamente sexuales, sino también afectivas. Se ponen como una autobarrera, hay una pérdida de la confianza en ellas, y ahí hay una limitación gigantesca.

Se está hablando mucho del rejuvenecimiento vaginal. ¿Cuándo se aconseja y para qué? Ese es un tema que es furor en el ámbito médico en función de esos estándares de belleza, que entre más juvenil, mejor. Pero, está demostrado que puede tener efectos secundarios. Estéticamente puede ser que una paciente lo pida, pero funcionalmente puede haber más complicaciones que beneficios. Hay casos puntuales, cuando hay alteraciones estructurales, se perdió mucho el colágeno, se tuvieron cuatro partos por vía vaginal o por temas funcionales, en que los labios son muy grandes y están produciendo dolor e incomodidad a la hora de tener relaciones sexuales, en que sí creo que vale la pena hacer ese procedimiento. Pero hay otras que te dicen que quieren rejuvenecerse porque sí, y en ese paciente es más el riesgo de que tengas una complicación. Es algo parecido a lo que sucede con los cirujanos plásticos: puedes querer más senos, pero el cirujano tiene la capacidad de decirte: “Hasta ahí está bien, puedo ponerte unos senos más grandes pero podemos tener una complicación, como el dolor de espalda”. Esa es la función de un médico, decir hasta dónde. Es una técnica que está aprobada pero en debate, porque estamos abusando un poco de la recomendación; lo hacemos en pacientes que no deberíamos hacerlo. Te diría que de 1.000 pacientes, solo una realmente necesita el procedimiento. Es un tema más de estética.

¿Recomienda las bolas chinas a esa edad para fortalecer el suelo pélvico? Una cosa es la parte estética, de la piel, pero cuando hablamos de musculatura es muy diferente. Todos necesitamos fortalecer el piso pélvico, que son los músculos de la parte genital que permiten o favorecen que uno tenga una buena actividad sexual y que no tenga complicaciones como la vejiga caída o que salga el recto. Hombres y mujeres deberíamos fortalecer el piso pélvico desde siempre a través de los ejercicios de Kegel, que son contracciones voluntarias que uno hace en series, al menos tres veces por día. Si ejercito los músculos del resto del cuerpo, por qué no ejercitar los del piso pélvico. En la menopausia va a funcionar para evitar el prolapso y la disminución de la caída del recto y de la vejiga, que son dos complicaciones muy frecuentes en esa etapa. Las bolas chinas lo que hacen es que, cuando las introduces en la vagina, al moverse golpean contra las paredes e involuntariamente generan contracción de los músculos. La idea es que la mujer tenga su actividad cotidiana con las bolas puestas para ir fortaleciendo involuntariamente. Se utilizan una o dos horas por día, por lo menos tres veces a la semana.

¿Son efectivas también para evitar la incontinencia que algunas mujeres sufren después de haber pasado por más de un parto? Sí, en el parto los músculos tienen que dilatarse, que distenderse, y si no los tienes entrenados para contraerse, pueden quedar flácidos, flojos, y entonces la posibilidad de una incontinencia es muy alta. Para eso mandamos a la mujeres en el posparto a hacer los ejercicios para entrenarse y volver a tener la contractura. Pero no debería hacerse solo en el posparto.

¿En las nuevas generaciones se está viendo más apertura a hablar de sexualidad? Sí, tú escuchas a las adolescentes hablar y piensas ¿en qué momento pasó esto? Yo no me acuerdo de haber escuchado a mis amigas a esa edad hablando como hablan hoy, con tanto desparpajo. Pero van a estar hipersexualizados, a pensar que hay que hacer todo y hay que hablar todo. En vez de decir: “Hay cosas que definitivamente a mí no me interesan y no hay por qué hacerlas”. Ese es el problema que tenemos. Algunas personas llegan a la consulta diciendo: “Doctor, vengo a que me enseñe a tener sexo anal”. “¿Y por qué te voy a enseñar eso?”. “No, porque todo el mundo...”. No, si tú no quieres no. Hay una regla de oro que es: si tú quieres, que no obligues a nadie y que no sea ilegal. Si se cumplen las tres positivas, hazlo, porque seguramente lo vas a disfrutar. Hace unos años en una conferencia me referí a eso como “atletismo sexual”. ¿Qué es el atletismo? Competir contra unos estándares, contra tu propia marca o contra marcas mundiales; el atletismo sexual es competir contra unos estándares que te está poniendo la sociedad, imaginarios, ficticios, y que tú tienes que alcanzar porque en teoría son el estándar: tener tres relaciones en una noche, tener muchas parejas, tener erecciones cada vez que quieras. ¿Y si no alcanzo el estándar quiere decir que tengo un problema? No, quiere decir que ese día tenía más estrés, más fatiga, y que ese día no pudo funcionar. El atletismo sexual nos está llevando a una hipercompetición en sexualidad por unos estándares que en teoría debemos cumplir. ¿Y quién pone esos estándares? ¿La sociedad? ¿Los hombres y las mujeres? La pornografía también pone falsos estándares.

¿El porno que miran los jóvenes puede incidir negativamente en sus relaciones sexuales, creando una visión alterada de cómo deberían ser? Sí, seguimos teniendo problemas de educación sexual muy grandes que no permiten que realmente podamos ver que en sexualidad no existe la palabra normal, porque a ti te puede gustar algo y a mí no. Entonces, ¿qué es lo normal, lo que te gusta a ti o a mí? En sexualidad no existe la normalidad, existe la palabra promedio. Los jóvenes se dejan llevar por ese falso promedio, y cada vez tenemos más estudios y datos para tratar de estandarizar eso. Muchos hombres van a consultar porque están traumatizados por el tamaño de su pene y cuando tú les haces la medición, está en el promedio. Y te dicen: “No, yo me comparo con Nacho Vidal”, que es el actor porno más famoso. Pero él está ahí precisamente porque se sale del promedio.

¿A partir de qué edad cree que debería enseñarse educación sexual a los niños? Desde siempre. Los seres humanos somos sexuados desde que nacemos hasta que morimos. Educación sexual no es solo hablar de pene y vagina, es hablar de valores y de principios y de respeto, de quererse, pedirle permiso al niño para cambiarle el pañal, que te vea en el ejemplo que tratas bien a tu esposa, que eres amoroso, que no le pegas. Eso es educación sexual, no solamente lo genital. Para hablar de eso sí hay edades, que generalmente es a partir de los siete años.

¿El uso del celular ha hecho mella en la relación de pareja? Sí, tenemos muchos estudios que demuestran que la tecnología está reemplazando los espacios de intimidad, porque no somos capaces de desconectar de esa realidad. Nos metemos en la cama con el celular y empezamos a mirar y cuando nos damos cuenta, la pareja está dormida, y ya no la vas a despertar para tener actividad. O te focalizaste tanto en eso que tu impulso erótico se fue, entonces las tecnologías definitivamente son un marcador negativo de la actividad sexual. No las podemos satanizar, pero hay un espacio para todo. Hay estudios que dicen que muchas parejas prefieren mirar el móvil que tener actividad sexual hoy en día. Parece chiste pero es la realidad.

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