EDAD: 41 • Ocupación: Periodista • SEÑAS PARTICULARES: Acumula libros, revistas y discos, su foto fue tapa del diario Taiwan News, lo apodan Sapo

Entrevista: Diego Zas

4min
Nº2023 - al de Junio de 2019
por Clementina Delacroix
Foto: Camila Montenegro

¿Cuál fue tu primer trabajo? El primero medianamente estable fue en un call center, que cerró al mes. Bastante trucho. Pero la primera vez que gané plata fue cuando vino Pavarotti a Uruguay en 1996, me llamaron para que fuera el traductor del stage manager, el encargado de todo el escenario. Cuando se armó lío yo estaba en el backstage y en ese momento vino Pavarotti a preguntarme qué estaba gritando la gente y le dije que era una forma que tenían los uruguayos de avivar al artista y ahí salió al escenario y lo putearon todo. No sé si fui yo el que lo hizo salir pero siempre me lo adjudico.

¿De dónde surge tu amor por la música? Seguramente, mi hermano, que es el manager de La Vela, tiene mucho que ver. Dormíamos en el mismo cuarto en una cucheta y estaba todo el tiempo escuchando música. Creo que conocí antes a Los Ramones que a Los Beatles. 

¿Tocás algún instrumento? No. El año pasado quise sacarme las ganas de tocar armónica pero tendría que retomar las clases. 

¿Cuál fue tu primer trabajo en comunicación? En una agencia de publicidad, para la tabacalera British American Tobacco. Tenía que hacer publicidad paralela, aplicar la marca a festivales de cine, bandas, recitales. Me permitió viajar a Canadá a comprar discos, porque hacíamos un programa para Paraguay que era de música de los 60, 70, 80 y 90 y había que comprar discos. Me dieron plata y fui una semana: me vine con 500. Después trabajé en Urbana, escribiendo en revistas de todo tipo hasta que arranqué en El Espectador. Ahí estuve 10 años o más.

Sos técnico en serigrafía. ¿Cómo nace ese interés? En la crisis de 2002 estaba sin trabajo y tampoco tenía mucha perspectiva de trabajar en ningún medio. Había hecho Comunicación pero dejé a mitad de camino, y pensé: “Tengo que aprender un oficio o algo” y entonces me anoté en la Figari, hice una tecnicatura, pero nunca ejercí. 

¿Qué te gusta más hacer: televisión, radio o escribir? Te diría que la radio.

Hablemos de Fácil desviarse, el programa en Del Sol donde trabajás con tu amigo Juanchi Hounie. Es la continuación de Suena Tremendo, que es un programa que arrancó en 2011 en El Espectador. En un momento quedó libre la tarde y me pidieron que pensara algo. Y con Juanchi, que nos conocemos hace mil años, teníamos un piloto que nunca llegamos a grabar que se llamaba Suena tremendo con otros dos amigos más, entonces dijimos: “Es el momento de ejecutar esto” y arrancamos. 

En 2017, cuando fuimos a avisar que nos íbamos de la radio nos dijeron que el nombre se lo quedaban ellos. Hubo una negociación pero no aceptaron lo que ofrecimos nosotros y ahora es Fácil desviarse. Pero es el mismo formato, te diría que lo único que cambió fue el nombre. 

¿De dónde conocés a Juanchi? Del British, desde los 6 años. 

¿Cuántos años fuiste al British? ¿Te gustó? Hice escuela y mitad de liceo. Hoy rescato muchas cosas. Me fui porque quería cambiar de aire y las posibilidades económicas de mi familia no daban, no sé ni cómo lo pagaban. Fue una buena inversión educativa, sobre todo por el idioma y el bagaje cultural.

¿Sentís que los alumnos del British tienen que ir por la vida pidiendo disculpas por haber ido a ese colegio? Te puede pasar perfectamente de estar en un lugar en el que digan “este cheto del British” y tener que contestar, “mirá que yo soy del British”. A veces me dicen: “¿Vos del British? ¿Estás seguro?”, no me asocian. A mí no me pesa.  

¿Sos un hombre de aficiones rebuscadas? Soy medio enfermo del archivo. Tengo un canal de YouTube donde digitalizo viejos DHS y subo materiales. Me podría pasar días enteros adentro de la biblioteca, tengo un fetiche por el archivo y las cosas viejas. Tendría que tratarlo. Me da la impresión de que la primera mitad del siglo XX no existe en Uruguay en muchos aspectos, en especial las cosas culturales, entonces, me encanta sumergirme en eso. 

¿Te gustan las redes sociales? Sí. Twitter ahora mutó bastante pero cuando arrancó me parecía excelente para informarme. Me divierte. Facebook usaba mucho, para escribir o contar una historia que capaz que no tenía cabida en la radio u otro medio. Ahí podía contar la historia de una canción, de un video o lo que fuera. Tengo Instagram porque me dijeron que tenía que tener. Mi capacidad de redes está saturada y no me interesa tampoco. 

¿Fuiste el primero en comprar marihuana legal en farmacia? Yo me había registrado. La idea era hacer una crónica del primer día de venta. En esa época estábamos de mañana en la radio y previo al programa me di una vuelta por las farmacias y llegué a una que estaba abriendo y había una cola de dos o tres personas. Era con la huella. Al primero no le funcionó, al segundo tampoco, porque estaba caído el sistema. Empezaron a llegar los medios, y ahí dijeron para probar de vuelta; al primero de nuevo no le funcionó, el segundo se había ido y me tocó probar a mí y funcionó. Entonces terminé siendo el primer comprador y al salir me pidieron una foto. Llegué al programa, hicimos la crónica y al rato ya veo que la foto estaba en el portal del Canal 12 y al terminar el programa en la tapa del Washington Post. Un par de horas más tarde me mandan la tapa del Taiwan News y ahí estaba mi foto. Mi cara recorrió el mundo. Fue divertido, aunque tenés que dar explicaciones. Las puteadas también me las comí: “Estos tipos que hacen la cola para comprar drogas y no para buscar trabajo”, “mirá la cara de facineroso” ese tipo de cosas.

¿Cómo está funcionando la venta en farmacias? Nunca más compré en farmacias, pero escucho que funciona. Hay mucha gente plantando, hay superabundancia de marihuana, no falta, y eso siempre es bueno. Igual hay mercado negro, pero me parece que lo fundamental era sacarle espacio a ese mercado.

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