El fútbol, ser gay en el mundo diplomático y perseguir el mejor chivito

Entrevista a Ian Duddy, embajador británico en Uruguay

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Nº2021 - al de Mayo de 2019
Por Florencia Pujadas. Fotos: Adrián Echeverriaga

A pesar de que tiene raíces judías, Ian Duddy no se considera un hombre religioso. A los 46 años, el embajador de Reino Unido, que se instaló en la residencia de Montevideo en 2016, se limita a decir que tiene fe. Y que a veces puede ser un poco supersticioso. A eso recurre cuando juega el Tottenham, el cuadro inglés que sigue desde su infancia y que el sábado 1º de junio disputará la final de la Champions League contra el Liverpool en Madrid. Durante los partidos tiene una superstición: cree que el equipo pierde si él no está atento. Así, cuando un jugador hace un gol, nadie se puede mover de su sitio. Y todos tienen que dirigir su mirada a la cancha. O a la pantalla del televisor que tengan enfrente. “Hay que estar atento. Siento que no podés ni ir la baño, porque hay que seguir el partido. Creo que cuando no estoy pierden o hacen algo mal”, dice a galería.

Desde la casona de la residencia británica, decorada con muebles ingleses de época, Duddy se olvida de los formalismos para contar que está ansioso por la final de la copa. Junto con su marido, Neil Morrison, que es gerente de la residencia y se encarga de los eventos, están organizando una reunión para mirar el partido con los seguidores del Tottenham –y del fútbol en general– en Montevideo. “Será una final emocionante”, cuenta en un español con un acento inglés y un dejo rioplatense.

Además de su pasión por el fútbol, el primer embajador británico abiertamente gay en Uruguay cuenta que es fanático del vino local y del campo. Desde su rol como diplomático, se muestra activo en las redes sociales, promueve la integración cultural con Reino Unido, dice estar embanderado con la comunidad LGBT y opina sobre el Brexit y el Mercosur. De todo esto habló con galería.

¿Cómo nació su fanatismo por el Tottenham?

Es el equipo de mi familia. Mi abuelo y mi padre eran fanáticos, aunque algunos eligieron otros clubes. Me acuerdo que en la escuela, cuando estaba en Inglaterra, teníamos el hobby de colocar los stickers de los jugadores para llenar el álbum y ahí empecé mi militancia por el Tottenham. Al igual que Uruguay, somos un país futbolero y cada ciudad tiene su equipo. Hoy leí que todos los vuelos a Madrid (ahí se juega la final) están agotados.

Si fuera el técnico del equipo, ¿a qué jugador uruguayo tendría en su plantel?

Mi equipo preferido tendría a Luis Suárez. Me encantaría que estuviera dispuesto a volver a Inglaterra. Ahora hay tres jugadores y un técnico argentino. Pero creo recordar que hubo un uruguayo en los 80.

¿Usted es bueno como jugador dentro de la cancha?

Yo siempre jugué mal en la escuela y elegí el rugby. Era mejor con las manos que con los pies. Esta semana, por ejemplo, tenemos una visita del equipo nacional de Policía, que tiene una presencia fuerte en Inglaterra. Llegaron para jugar con los equipos uruguayos porque están haciendo una pequeña gira por América Latina. Y lo cierto es que los dos países referentes en el rugby de la región son Argentina y Uruguay. Ahora Los Teros clasificaron al Mundial de Japón (que se disputará en setiembre). Todavía no tiene la misma atención que el fútbol, pero es un deporte que está sobre la mesa.

La semana pasada publicó una columna por el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (ver recuadro). ¿Por qué eligió hablar la discriminación en el medio laboral?

La idea de este artículo era expresar que la diversidad es importante y no solamente para los derechos humanos, que los uruguayos entienden muy bien, sino también para el reclutamiento de cada empresa, cada compañía y cada embajada. Hay que seleccionar el mejor equipo y lograr que haya apertura para que todos puedan dar su opinión y sentirse seguros en la oficina. Que puedan llevar su personalidad al rubro. No estoy pidiendo un trato especial para la comunidad LGBT, sino que cada uno tenga la oportunidad de ser sí mismo en el laburo. Y construir un mejor futuro.

Desde que comenzó su carrera declaró que era gay. ¿Se enfrentó a barreras en la diplomacia por eso?

Yo empecé hacia el 2000 y durante los últimos 19 años veo que hay mucha confianza entre los diplomáticos LGBT para trabajar abiertamente en Londres. En los 90 no estuve en la cancillería, pero hasta 1991 no podías trabajar ahí si eras gay. El mundo cambió mucho y es algo que todos los partidos políticos promueven en Inglaterra. Cuando escribí ese artículo, que se publicó el viernes, leí algunas críticas en mi cuenta de Twitter. Más que críticas eran gente que hablaba de la heterofobia. Y quiero aclarar que no estoy diciendo que necesitamos derechos preferenciales, pero hay que tomar en cuenta que en algunos países del mundo la comunidad LGBT todavía enfrenta la pena de muerte. Además, una cosa es la legislación y otra la implementación. A veces hay discriminación que no es tan visible: no estás invitado a una reunión y tus colegas van. Esas situaciones. Por eso es importante poner el debate sobre la mesa. Tenemos una postura abierta.

¿Le pasó eso de no ser invitado a algún lugar y que estén sus colegas?

Desde mi trabajo en Uruguay, no. Pero quizás en la cancillería, en el 2000, no era tan fácil ser abiertamente gay. Eso sí cambió. Hubo una transición. En junio tenemos una conferencia, por ejemplo, en la que se juntan todos los embajadores en Londres. Nos pidieron a todos los gays que nos juntemos, hagamos un discurso y una publicidad para alentar a la próxima generación. Así se sienten invitados a postularse para una carrera sin pensar en los prejuicios.

Desde afuera, el mundo diplomático se muestra conservador. ¿Todavía es así?

Es muy conservador, sí. Yo no puedo hablar por otros países, pero en Reino Unido estamos intentando romper esa barrera. Es una cosa que me da bastante orgullo. Queremos que la diplomacia sea una carrera para todos y que no se limite a la clase media alta, a la gente que fue a escuelas privadas y universidades como Oxford o Cambridge. Yo fui a una escuela y a una universidad pública y quiero que todos los que quieran postularse, puedan hacerlo. Mi carrera comenzó por mi fascinación por el mundo. Mi padre tenía un mapa muy grande y yo siempre iba buscando lugares y preguntando qué país era tal y a dónde podía ir. Ahí me di cuenta que Inglaterra era muy chiquito y que había mucho por descubrir. Por eso también siempre fui muy viajero.

Desde que ingresó a cancillería, hace casi veinte años, Ian Duddy dedicó su carrera al trabajo con los derechos humanos. Su primera actividad estuvo vinculada a la protección e indemnización de los ciudadanos de las islas del Canal de la Mancha que estuvieron detenidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. “Mi primer trabajo era luchar por una indemnización para los detenidos en el campo de concentración”, recuerda Duddy. También trabajó como consejero político y director de Política, Derechos Humanos y Prensa en la misión británica ante la ONU en Ginebra. 

Antes de llegar a Uruguay estuvo tres años en la embajada de Buenos Aires como oficial de Política y Comercio. Fue ahí donde aprendió a hablar un español fluido. “Me costó, pero ahora me siento cómodo. No soy nativo pero me manejo bien”, dice. Mientras estaba en ese puesto, Duddy cruzó el Río de la Plata para llegar a Uruguay. Sin conocer mucho del país, recorrió las playas puntaesteñas, paseó por Fray Bentos y Colonia. Pero el verdadero motivo detrás del viaje fue un partido por las Eliminatorias entre Australia y Uruguay que se jugó en el Estadio Centenario. Una vez instalado aquí, disfruta recorriendo el interior y elige veranear en La Pedrera.

Su abuelo materno fue uno de los soldados ingleses que liberó el campo de concentración Bergen-Belsen. ¿Su historia familiar está marcada por la Segunda Guerra Mundial?

Claro. Mi abuelo materno fue uno de los soldados británicos que estuvo con los aliados. Perdió a dos hermanos en una batalla y siguió luchando hasta el último día de la guerra. También estuvo en la liberación del último campo de concentración por los aliados. 

Hace unos pocos meses conoció en Uruguay a Isaac Borojovich, un judío que estuvo en ese campo de concentración. ¿Cómo vivió este encuentro?

Fue increíble. Yo siempre apoyo los actos de conmemoración y esa noche se cumplían 80 años de la Noche de los Cristales Rotos. Cuando llegué ahí escuché que uno de los sobrevivientes había estado en ese campo y quise hablar con él. Me invitó a su casa para tomar un té y me contó su historia. Fue muy emocionante. Le mostré fotos de mi abuelo y ahora tengo una historia para contarle a mi abuela, que tiene 97 años, cuando vuelva a Inglaterra. Le va a impactar mucho.

Su familia también tiene ascendencia judía. ¿Es religioso?

Yo tengo fe pero no soy activamente religioso. Mis padres tampoco lo son pero mi abuela, sí. Ahora me interesa y confío, pero no sigo las prácticas.

¿Cómo tomaron sus padres su ingreso en la carrera diplomática?

Mis padres siempre me apoyaron en el servicio público y creo que la diplomacia tiene cierto prestigio aunque no está bien pagado (risas).

¿También lo apoyaron cuando les contó que era homosexual?

Sí, pero a veces cuesta. Recuerdo que cuando le conté a mi mamá me dijo: “Qué pena, no vas a poder tener hijos”. Pero tengo un hermano que tiene tres hijos así que cumplió como abuela.

Usted también puede tener hijos...

Ese es un buen punto, pero en esos años no era posible. En Inglaterra ahora también hemos cambiado esa ley y se puede adoptar.

Hace más de una década que está en pareja con Neil Morrison. ¿Nunca consideraron la paternidad?

Es que es difícil por la vida diplomática. No estás un país por un período estable y creo que para tener un hijo hay que tener estabilidad. También no sé si sería posible para un extranjero adoptar un hijo en Uruguay, por ejemplo. Yo así me siento cómodo. Mi mamá cumplió con el rol de ser abuela así que está todo cumplido.

En las redes sociales suele mostrar su apoyo hacia los derechos de la comunidad LGBT. ¿Qué tan abierta es la sociedad uruguaya?

Uruguay es un país abierto, amable y humilde. Antes de llegar, pensé que Montevideo iba a ser una pequeña versión de Buenos Aires pero no es así. Es diferente, y el pueblo es distinto a los porteños. Capaz que hay mucho preconcepto de los británicos, que creen que son parecidos. En Uruguay se están cambiando las cosas. También es normal que primero esté la legislación —se necesitan normas para tener respaldo y protección— y que el cambio cultural lleve años. Pero las leyes no son eficientes por sí solas. Hay ciertos sectores que están más abiertos a recibir mensajes que otros.

¿En qué nota la diferencia?

Lo veo, por ejemplo, en la humildad. Uruguay tiene una sociedad más callada, con un perfil bajo. A veces es un poco parecido a los ingleses. Y además para mí Uruguay son dos países. Es muy importante salir de la capital para conocer el resto del lugar. Yo vengo de un país con mucha gente —estiman que en los próximos años se llegarán a las 70 millones— y en el campo se nota el espacio. Tengo que admitir que antes no sabía tanto la historia de la presencia británica en Uruguay. Tiene un vínculo parecido a Argentina por los ferrocarriles, los frigoríficos, el hospital Británico.

El año pasado estuvo envuelto en una polémica por subir una fotografía que mostraba lo sucia que estaba una playa en Montevideo. ¿Recibió críticas desde el gobierno?

No de forma directa. Pero sí hubo otras críticas y respuestas en las redes. Yo creo que las redes son espacios importantes si querés tener una presencia con un perfil público. Es una forma de adaptarse y estar en contacto con más personas. Mi idea como embajador es tratar de promover la cultura, los intereses británicos y, como dije, romper estereotipos para mostrar que somos un país y una residencia abierta. Obviamente, no puedo meterme en la política doméstica, pero puedo concientizar al pueblo de algunas campañas que tenemos a nivel mundial. Tenemos una clara campaña contra el uso del plástico y la contaminación de las aguas así como una a la no discriminación de la mujer. Con eso siento el respaldo de mi gobierno.

¿La salida del Reino Unido de la Unión Europa va a potenciar los acuerdos comerciales con Uruguay?

Queremos seguir negociando, queremos seguir con nuevos amigos y continuar como aliados con nuestros vecinos europeos. Pero al mismo tiempo Reino Unido necesita tener más acuerdos comerciales con países terceros como en el bloque del Mercosur. Es por eso que seguimos apoyando los acuerdos de la Unión Europea con el Mercosur hasta que salgamos con el Brexit. Pero hace más de veinte años que estamos negociando.

¿Hay compatibilidad con la oferta de América Latina?

Veo que hay mucha compatibilidad entre la oferta británica y el Mercosur. Nosotros no tenemos un sector agropecuario muy desarrollado. Queremos enfocarnos en los mercados emergentes y los que están creciendo. No queremos depender solo de Europa. El Reino Unido tiene a los partidos más escépticos del bloque y el libre comercio es fundamental en la historia de mi país. El proteccionismo no tiene mucho apoyo. Somos una isla: nuestra historia es viajar y hacer negocios.

Un encuentro con la reina 

Todos los embajadores deben reunirse con la reina. ¿Es seguidor de la realeza?

Sí, yo fui a presentarme ante la reina hace un año. Oficialmente, somos embajadores de su majestad, pero hay que ser claros y decir que la familia real no tiene ningún poder político. En la visita me llamó la atención que tiene 93 años y dedica su vida a cumplir con el papel de reina. Pase lo que pase y lo que uno piense de la familia real, no se puede negar el compromiso. Su trabajo es increíble.

¿Cómo fue el encuentro?

Fue un muy buen encuentro. Fuimos al Palacio Buckingham con mi marido y ella nos preguntó sobre Uruguay, entre otros temas. Estaba muy atenta, es muy inteligente y no tenía ningún papel en la mano. Todo lo guardaba en su memoria. Y físicamente está muy bien. Nos contó un poco de su agenda semanal y todos los días tenía varias reuniones, además de tres horas de trámites para hacer.

Hace unas semanas, el príncipe Harry y su esposa Meghan recibieron a Archie, el primer descendiente mulato de la realeza. ¿Considera que la monarquía se adaptó a los tiempos modernos para no perder vigencia en la sociedad?

Creo que sí y se nota en los príncipes Harry y William. Para darles un ejemplo concreto, el cambio se ve en las redes sociales. Hace poco Harry, el duque, y Meghan, la duquesa, lanzaron una cuenta de Instagram. Están tratando de acercarse a la gente y los jóvenes. Y hay mucho cariño con los hermanos, sobre todo por su mamá. Todos recuerdan lo que pasó, y era muy querida.

Twitter y la búsqueda del mejor chivito

Desde que llegó a Uruguay, Ian Duddy mostró su interés por conocer la cultura local. Hace poco menos de un mes abrió un debate en Twitter porque quería probar el mejor chivito del país. “Uruguayos, lo siento, tengo que admitir que después de 2 años en Montevideo todavía no comí un chivito. ¿Dónde me recomendarías que lo pruebe?”, escribió en su cuenta, que tiene 5.000 seguidores. Así, y en menos de 24 horas, acumuló más de 200 respuestas con decenas de opciones. Entre los locales que más se repitieron estuvo el Bar Tinkal, ubicado en el barrio Palermo, y el clásico Bar Arocena, en Carrasco. 

EN PRIMERA PERSONA

Ian Duddy sobre el Día Internacional Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia 

Pienso en el 17 de mayo como un día para celebrar y promover la diversidad. Pero, ¿por qué importa la diversidad? Por un lado, porque no solo el trato igualitario es un principio fundamental para los derechos humanos, sino que también tiene un impacto económico en las empresas. Ha habido numerosos estudios en el Reino Unido que muestran que los lugares de trabajo que promueven activamente la diversidad, obtienen niveles más altos de satisfacción, productividad y rentabilidad de los empleados. En resumen, las empresas con una fuerza laboral diversa prosperan mejor que las que no la tienen. ¿Por qué pasa esto? Como empleador, si quieres sacar lo mejor de tus empleados, necesitas ofrecer un lugar de trabajo donde todos puedan contribuir por completo. Eso significa un lugar de trabajo donde las personas no tengan que ocultar una parte de sí mismas. Un entorno en el que los colegas puedan trabajar de manera segura sabiendo que serán evaluados en función de su desempeño y no de sus antecedentes, raza, género u orientación. Las empresas con una fuerza laboral diversa también han demostrado ser más resilientes e innovadoras. ¿Por qué? Tener una fuerza laboral diversa también fomenta la diversidad de pensamiento. Las empresas que prosperan hoy son aquellas que están dispuestas a innovar, asumir riesgos y cambiar. Si solo contratas a un tipo de persona, es posible que no te beneficies realmente de la más amplia gama de opiniones, ideas y creatividad. En cambio, terminas reforzando el pensamiento grupal con un círculo interno privilegiado que toma decisiones estratégicas, pero se limita a un solo punto de vista. A largo plazo, ese es un lugar peligroso para cualquier negocio.

*Texto extraído de la página web de la Embajada Británica

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