Un silencio bárbaro, un proyecto de Fulvio Capurso. Foto: Nicolás der Agopián

Una historia en las paredes del barrio Palermo con realidad aumentada

Ese cuento está vivo

4min
Nº2012 - al de Marzo de 2019
Silvana Tanzi

El recorrido comienza en la Plaza Ramón Gómez, en Magallanes y Durazno. Allí, en pleno barrio Palermo, hay una plaqueta con el símbolo de Books on Wall, y justo en ese sitio es donde hay que activar la aplicación para que comience Un silencio bárbaro, un cuento escondido en los murales pintados en paredes y fachadas. Seguir la historia no es complicado, aunque requiere de algunos pasos. El primero es bajar la aplicación al celular o la tablet (desde la web booksonwall.art), donde aparece un mapa que guía por 17 murales distribuidos en varias cuadras. Después hay que ir mirando las paredes y descubrir entre los muchos grafitis, los murales que pertenecen al cuento. Entonces se enfoca la lente del dispositivo frente a cada pintura y la historia cobra vida, movimiento, ritmo. Empieza la realidad aumentada.

El barrio Palermo se despierta un día en silencio. No se escuchan pájaros ni tamboriles ni bocinas ni conversaciones ni risas. Un grupo de niños sale a la calle a investigar quién se llevó todos los sonidos y organizan una travesía para recuperarlos. Y lo hacen. Los van encontrando uno a uno y al final completan la banda sonora del barrio. Esta es en síntesis la trama de Un silencio bárbaro, cuento creado por Sergio López Suárez, Javier Martínez y Fulvio Capurso para este proyecto.

La idea de unir el muralismo con la realidad aumentada fue originalmente de Capurso, arquitecto y artista italiano que vive en Montevideo. Llegó desde México con su novia portuguesa, que venía a terminar aquí un doctorado. “Cuando llegamos era invierno y al principio fue para mí un choque porque venía de México. Por un lado fue como regresar a Europa, no me imaginé que la cultura fuera tan parecida a la europea”, dice Capurso a Búsqueda por mensaje de voz desde Portugal, donde se encuentra trabajando.

Foto: Nicolás der Argopián

La pareja alquiló una casa en Palermo, que les atrajo por sus características bien de barrio, en el que todavía se ve gente sentada en la vereda y niños jugando en la calle. Además, a Capurso le atrajo que no hubiera viviendas en altura. “Es un barrio interesante por las casas antiguas y bajas. Es casi como un catálogo de arquitectura; las casas están una al lado de la otra, entonces se ven sus diferencias, sus detalles, su decoración. Me gusta intervenir en paredes viejas y valorizar detalles que quedaron olvidados por el deterioro. Cuando me mudé empecé a catalogar todas las paredes que podía intervenir. Fui armando como una base de datos que después sirvió como recorrido para el cuento”.

Capurso también es ilustrador y publicó varios cuentos dibujados por él. Uno de ellos es Tano, una historia de inmigrantes de Javier Martínez. En ese libro hay una página, a modo de prueba, que puede mirarse con realidad aumentada. “De ahí pasé a los muros, había visto que existía algo en otros lugares, como en Estados Unidos, pero nada que tuviera que ver con la narrativa. Todo lo que había visto estaba muy ligado a sorprender, como las piezas en 3D que salen de las paredes. Yo quise hacerlo de una manera más delicada, para que la realidad aumentada fuera un instrumento, no una meta”.

Con esa idea, el artista reunió un equipo y presentó el proyecto a los Fondos Concursables del MEC. Y lo ganó. Después les llevó la propuesta a los vecinos porque algunas fachadas podían intervenirse con los murales. “No todos aceptaron, pero como demoramos cerca de dos años en pintarlos, la gente vio el proceso y muchos se fueron entusiasmando. También pintamos en casas abandonadas. La respuesta general fue positiva. Ahora estamos con este regalo para la ciudad y sobre todo para los vecinos del barrio”.

Además de Capurso, que firma como Fulviet, intervinieron otros muralistas: Pardos, Maldito Bastardo, Hudhen, Jaime Molina y David de la Mano. Todos ellos recrean una historia infantil colorida y con personajes simpáticos, mientras el relato menciona algunas esquinas y figuras emblemáticas del barrio. Pero los protagonistas son una vaca que muge desde un tanque de agua, una niña que mira el mar, una mujer con el pelo rojo como fuego, un vecino mala onda, un trompetista. A cargo de la música que suena durante todo el recorrido, estuvieron Pablo Fagúndez, Matías Nario y Betina Chávez, quienes recibieron varias colaboraciones instrumentales.

Foto: Nicolás der Argopián

Conviene hacer el recorrido un domingo o un feriado, cuando hay poco tránsito por el barrio, porque a veces hay que bajar a la calle para que la aplicación se active. Es también recomendable usar auriculares para escuchar bien la historia porque está contada mayormente por niños y sus voces por momentos se pierden. Y, lo más importante, no hay que desesperar cuando la aplicación demora o reitera lo que ya se vio y escuchó. Además, hay que ir muy atento para descubrir los murales del cuento entre otros murales y decenas de grafitis. Palermo es un barrio invadido por las pintadas callejeras.

“Hay una especie de acuerdo no dicho con los grafiteros para que respeten los murales. En algunas ocasiones se ha roto, pero si uno hace una pieza compleja, se respeta. En general, son los grafiteros los que se cruzan entre ellos, se taguean uno arriba del otro, como en una guerra de bandas (el tag es la firma del grafitero, a veces se ve como un garabato). En el caso de los murales del cuento grafitearon parcialmente uno que fue recuperado”, aclara Capurso.

Un silencio bárbaro es una primera experiencia que podría ser replicada con otros artistas y con otras historias barriales. Por ahora, la aventura está en las calles de Palermo, un barrio que un día experimentó “un hueco de silencio, como si un agujero se estuviera tragando el sonido”.

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