Oskar Metsavaht. Foto: Luciano Dogliotti

Detrás de la firma brasileña Osklen, su diseñador creativo y director Oskar Metsavaht busca promover un consumo sustentable y responsable de la moda en la región

“Hace casi 20 años que estamos en este siglo y deberíamos aprender a consumir menos”

9min
Nº2003 - al de Enero de 2019
por Florencia Pujadas

La naturaleza está en la genética de Oskar Metsavaht. En Estonia, su apellido quiere decir “guardián del bosque” y desde la moda de lujo sustentable, este diseñador brasileño siente que tiene que cumplir con esa misión. Inspirado en la crisis ambiental, en su última colección para su firma Osklen, denuncia la contaminación provocada por la polución y muestra los problemas que ocasiona el descontrol en la pesca. “Es necesario que la sociedad cambie sus hábitos para tener un consumo más responsable”, asegura.Lejos de la explosión de colores que caracteriza a la cultura brasileña, este diseñador autodidacta de Caxias do Sul, que también se formó como médico, elige prendas simples, con siluetas delicadas y estampados en colores pálidos para dar su mensaje. También utiliza elementos sustentables, como telas recicladas y objetos que encuentra en la naturaleza. Y admira el cuidado de la naturaleza en la costa de Punta del Este. “La contraposición del mar con el campo, además de ser inspiradora, muestra que es necesario seguir por este camino para cuidar el terreno para las próximas generaciones”, explica a galería Metsavaht, quien también fue nombrado Embajador de la Buena Voluntad de la Unesco y es miembro del consejo del Instituto Inhotim (dedicado al arte contemporáneo y al arte al aire libre en Brasil).

Tienda Osklen en Manantiales
Tienda Osklen en Manantiales

Hace ocho años que elige Manantiales para presentar sus nuevas colecciones. ¿Por qué abrió una tienda de Osklen en este rincón en Punta del Este?

En este rincón hay un público que respeta y, sobre todo, entiende lo que expreso en lo conceptual y con mi estética. En Punta del Este hay una saludable mezcla entre los uruguayos, los argentinos, los brasileños y algunos extranjeros de otras partes. Y en esta zona se muestra la expresión sudamericana que nos representa en el mundo. Uruguay es una de las capitales culturales de la región. Hay un equilibrio entre la sofisticación y la simplicidad que se traslada al estilo de vida en un lugar que también tiene un fuerte vínculo con la naturaleza. Esa relación va desde la moda hasta la gastronomía y hace que haya una riqueza muy grande. El campo y el mar, que en la mayor parte del mundo aparecen como opuestos, están muy próximos, y ese es un concepto contemporáneo que está en mis colecciones. Este lugar es inspirador porque está en sintonía con mi expresión, que es bastante simple y minimalista. Como brasileño, vengo de la exuberancia tropical pero me identifico con la sencillez del campo y el mar. Aquí, como artista, me inspiran los colores, las texturas y hasta pequeños detalles. La naturaleza es más pálida, linda y sofisticada. También me parece que en Argentina y Uruguay las personas tienen buen gusto y saben apreciar el diseño.

El estilo más rústico contrasta con la explosión de colores en Brasil, pero sus colecciones también están conectadas con su cultura. ¿Cómo une estas dos influencias?

El brasileño es distinto, pero está presente en mis creaciones. Cuando estoy trabajando en una colección me gusta sintetizar esa exuberancia y trasladarla a detalles más simples. Así, todavía está presente esa parte de mi cultura. Siempre uso pocos elementos, y por eso con Juliana, mi asistente, queremos presentar una colección inspirada en Punta del Este. Me gustan muchos los colores, la relación con la naturaleza y hasta el vínculo con los deportes que hay aquí.Su pasión por el surf y el snowboard está presente en muchos de sus trabajos.Es que es parte de lo mismo. Cuando empecé a practicar surf me di cuenta de que este deporte te permite estar como en un sueño. Podés volar y deslizarte sobre el agua. Y lo mismo pasa con el skateboarding, que es como surfear en las ciudades, y el snowboard, en las montañas. Practico estos tres deportes por mi relación con la naturaleza. Me parece que las playas son como un pincel con el que diseñás el trazado de las olas. Siempre tenés que hacer tu lectura y lo mismo pasa en la montaña, hay que encontrar un equilibrio entre lo que te pasa y la geografía para que fluya tu estilo. Esa línea que dejás es una pintura, una expresión del espíritu. A mí me gustan las manifestaciones humanas: la pintura, la danza, el ballet, el capoeira.

Es conocido como el diseñador de Osklen, pero en su juventud también ejerció como médico. ¿Por qué decidió dedicarse a la moda?

Yo me defino como un artista. Hice la academia de Medicina, pero en mi familia el arte está muy presente. Mi madre era profesora de Historia del Arte y Filosofía, y mi padre era médico en Río Grande del Sur. Ella era de la frontera porque nació en Livramento y estaba muy cerca de Rivera. Podríamos decir que era mitad brasileña y mitad uruguaya (risas). Pero mi historia es diferente: me mudé en mi juventud a Río de Janeiro y la moda apareció de una forma bastante curiosa. En 1986 fui a hacer una expedición al Aconcagua con unos amigos y como en Brasil no había ropa técnica para la montaña, hice un traje que se adecuaba a lo que necesitábamos. Como soy artista, porque también pinto, tenía una mirada estética que me permitió hacer una prenda que quedó bien. Era como una capa isotérmica. Después me mudé a París para seguir mi carrera como médico y por primera vez hice snowboard. Ahí comencé a hacer trajes para unos amigos.

Y cuando llegó a Brasil abrió su primera tienda en Buzios.

Volví a Brasil como médico y la ciudad ya era cosmopolita. Entonces, tuve la oportunidad de abrir una tienda con abrigos, ropa para los deportes de verano y unas remeras. Nunca me moví de forma comercial en mi cabeza. Esa tienda me permitió tener un espacio para mostrar lo que hacía, que era bueno y bonito. También era un lugar para exhibir las fotos de las expediciones que había hecho por las montañas y algunas travesías. Y siempre estuve ligado con la naturaleza: soy de la generación que leía los libros de expedición y de aventura de Julio Verne.

Está comprometido con la protección de la naturaleza. ¿También heredó esa preocupación de su familia?

Mi abuelo era amigo de uno de los primeros ambientalistas que hubo en el país y mi padre fue uno de los primeros surfistas de Río Grande del Sur. También vinieron a Punta cuando eran jóvenes y como cazaban, entendían la relación que hay entre el hombre y la naturaleza. Eso me inspiró en muchas cosas porque me mostró que era parte de mi camino. Mi primer proyecto fue con granjas del nordeste de Brasil en 1998, y de ahí fue tendiendo un camino hacia lo sustentable, que es muy difícil. La sustentabilidad es una condición sine qua non para mí. Está detrás de todos mis proyectos.

En mayo del año pasado también abrió un espacio de arte en Brasil. ¿Cómo se vincula­ el arte con la ciencia y la moda?

Es una plataforma para experimentar con la libertad de expresión. Yo me encuentro a través de la moda y del arte con mis pinturas. Hago exposiciones en mi estudio en Brasil  porque considero que son dos formas artísticas que están unidas. Y son parte de mi vida.

¿Cómo es el proceso creativo de las colecciones que presenta en Osklen?

Todos mis trabajos nacen de una situación que estoy viviendo o viendo en ese momento. Puede ser un viaje, una experiencia emocional que me abrió una nueva percepción o el concepto de un proyecto en el que estoy vinculado. El año pasado, por ejemplo, fui invitado a una conferencia mundial de las Naciones Unidas como embajador de Unesco. De esa experiencia saqué una de mis metas, que es lograr que la sociedad comprenda los peligros de la contaminación por los plásticos. Y los límites del océano. Un barco japonés o estadounidense, por poner un caso, puede venir a la costa de Punta del Este y pescar todo sin preocuparse por la biodiversidad. No existe la propiedad. También hice una colección que se llama Lluvia, que surgió un día después de una tormenta, y Samba, inspirada en un Carnaval al que fui. Así empiezo mi proceso creativo, un tema personal me sirve de inspiración para pensar en una textura o un color que me gusta. Entonces, me siento con Juliana, que trabaja conmigo hace cuatro años, y le cuento una historia.

¿Considera que es un contador de historias?

Exacto. Cada vez que presento una colección o una pintura cuento una historia desde lo visual. Me acuerdo que una vez un periodista en Brasil estaba haciendo un perfil mío y le pidió a unos amigos que le dijeran cómo era. Uno le dijo que era contador de historias. Y tuvo razón. Después de que tengo un concepto claro sobre una colección me imagino a los personajes, que son un alter ego mío en versión hombre o mujer, y empiezo a describirlos. Así consigo pensar en la ropa. Es similar a una película o un libro.

En sus colecciones siempre aparecen nuevas siluetas y colores, pero mantiene su particular estilo. ¿Qué identifica a Osklen?

A veces me inspiran nuevos colores y me gusta jugar con las texturas o los detalles de algunas prendas. Pero lo cierto es que hay elementos que me acompañaron en la carrera y que forman mi identidad como artista. Las grandes marcas tienen patrones y utilizan un conjunto de elementos —formados por colores, imágenes, texturas o expresiones— que los identifican. Una vez que empecé a entender el lenguaje de la moda, una tarea que no fue sencilla, me fijé en que cada colección tuviera algo distinto sin perder mi esencia. Y por eso me parece importante crear desde una experiencia personal. Aunque también tengo que tener en cuenta las tendencias, por supuesto, me parece que las marcas que viven de eso demuestran que están inseguras en lo que hacen. En una etapa más madura como diseñador yo elijo presentar colecciones con estilo y coherentes. Mis desfiles también están pensados y me identifican las siluetas onduladas que muestro. Me parece que la sensualidad de la mujer es la forma. Las líneas del cuello son más sensuales que las curvas, por ejemplo. Y eso se traslada a los cortes que forman parte de mi estilo. Los diseñadores que están en mi equipo trabajan desde lo abstracto y, sin olvidar el concepto, tienen una gran libertad de expresión. Como director creativo después tengo que reunir las ideas y ponerlas en la colección. Es un trabajo similar al de una orquesta sinfónica.

¿Por qué?

Es una metáfora, pero un estilista es como un compositor que tal vez no sabe tocar un instrumento pero conoce las canciones y las partituras. Aunque no conoce a los músicos, se imagina todo. Después está el maestro, que no compone pero sabe leer una composición y conoce a todos. Y esos son los diseñadores. Yo trabajo desde los dos lugares, a veces toco algunas piezas.

¿Considera que la llegada de las grandes tiendas internacionales de ropa fast fashion­, como Forever21 y H&M es negativo para la región?

La forma de vida más sustentable se logra con un consumo menor, con algunos materiales y prendas de calidad. Y esta tendencia parecería que va hacia el consumo masivo. Con la instalación de estas marcas se democratizó la moda y eso es bello, pero la sociedad precisa la democratización en otras áreas más importantes, como la educación o la salud. Vestirse no es lo más importante y consumir ropa, tampoco.

Algunas de estas marcas, como Renner, también empezaron a trabajar en colecciones más sustentables, con materiales reciclables y un mayor cuidado del ambiente.

Es un cambio. Hace casi 20 años que estamos en este siglo y deberíamos aprender a consumir menos. No precisamos todo eso, y es una tendencia que debe instalarse. Nosotros somos formadores de opinión y tenemos que cambiar. Yo soy un romántico optimista con la sustentabilidad. Y ellos están cambiando por varias razones: sé que los accionistas y los CEO de las marcas no quieren tener trabajo esclavo ni contaminar. Pero me parece que lo correcto es consumir menos y comprar cosas que sean de calidad, originales y no copias. Hay que valorar al artista y al diseñador que crea. Y se debe representar la cultura de un país.

En este cambio hacia la sustentabilidad también es importante el rol del Estado. ¿Considera que en Brasil, donde recién asumió el gobierno el presidente Jair Bolsonaro, existen políticas para mantener los recursos para las próximas generaciones?

En Brasil, al igual que en la mayoría de los países, todavía no hay grandes políticas que consideren estos problemas. Hay algunos protocolos, pero los grupos políticos no piensan en eso a largo plazo. No se trabaja en la administración pública de la forma que se debería, quizás por la presión desde distintos lugares. Pero también es cierto que las que tienen que cambiar son las personas. Nosotros somos los que deberíamos darnos cuenta de que sí, es más caro, pero tenemos que modificar los hábitos. Si todo el mundo comenzara a tener un consumo más sustentable, los precios también cambiarían. Se está invirtiendo para las generaciones futuras en el planeta. Es muy caro para las empresas cambiarse hacia lo sustentable, hay que entender su parte, y el gobierno debería darles un incentivo fiscal. Ya pasaron más de 20 años desde que en Río se utilizó por primera vez el concepto de desarrollo sustentable. Antes, se hablaba de preservación de la naturaleza y era una idea linda pero no económicamente rentable. Era ingenuo.

¿Cómo elige las telas, sustentables y recicladas, que utiliza en las colecciones para Osklen?

Hace años veía todos los procesos. Trabajaba como médico hasta las seis de la tarde y después iba al suburbio para hacer las piezas con las costureras de la fábrica de un amigo. El sábado abría la tienda en Buzios y vendía. Trabajar con materiales de la industria es más fácil porque se manda un dibujo y se hace. Pero con sustentables es un ejercicio mucho más grande. Algunos de los materiales que usamos los tenemos que crear de cero. Y es interesante trabajar con estos elementos porque son diferentes de los convencionales y te permiten hacer otras creaciones. Los materiales nobles, como el lino o los textiles sintéticos, que la moda tiene, mezclados con los sustentables hacen una cosa diferente que distingue a Osklen.

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