Editorial

Ida Vitale y la importancia del Cervantes

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Nº2017 - al de 2019
Por Adela Dubra

En 1976 se empezó a otorgar el Premio Cervantes y se convirtió en el más importante de la lengua castellana. Se anuncia a fin de año y se entrega el 23 de abril del siguiente, coincidiendo con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes. 

En 1980 lo recibió Juan Carlos Onetti. Su discurso, básicamente, fue sobre la profunda gratitud que tenía hacia España. “En mi caso particular tengo más motivos que la mayoría por estar agradecido: llegué a España con la convicción de que lo había perdido todo, de que solo había cosas que dejaba atrás y nada que me pudiera aguardar en el futuro. De hecho, ya no me interesaba mi vida como escritor.

Sin embargo, aquí estoy, unos cuantos años después, sobrevivido. Esta sobrevida es lo primero que debo a los españoles. Estos años de regalo, en los cuales he vuelto a escribir con ganas, después de mucho tiempo de no hacerlo. He creído, gracias a esta tierra generosa, que todavía tenía algo que decir, un penúltimo grano de arena”. Onetti se había exiliado en España y allí murió. Nunca volvió al Uruguay. 

Ahora, esta semana, otra uruguaya ganó el Premio Cervantes. Es Ida Vitale, una poeta “nómada”, como la han definido. Vitale nació en Uruguay pero pasó gran parte de su vida en el exterior. Integró la Generación del 45 y además de poeta es traductora, ensayista, profesora y crítica literaria. Tiene 95 años. Es conocido su sentido del humor: dice que el secreto para recibir este tipo de distinciones es la edad. Y que el jurado seguramente se decidió por ella porque era la que “se estaba por morir”. Asegura que le debe más al poeta Casaravilla Lemos que a Juana de Ibarbourou y más a María Eugenia Vaz Ferreira que a Delmira Agustini. 

Como Onetti, tuvo que irse cuando la dictadura. Se fue a México después de que la policía entrara en su casa buscando a su hija Amparo Rama (Vitale estuvo casada con Ángel Rama y tuvo dos hijos con él). A México se fue con su segundo marido, Enrique Fierro. Allí pasó 11 años y volvió con la democracia a Uruguay. "Una ciudad no perdona a aquel que se aleja por largo tiempo”, dijo. Se volvieron a ir. Esta vez a la Universidad de Austin (Texas). Allí pasó otra larga etapa, hasta que en 2016 murió Enrique Fierro y ella decidió retornar a Uruguay. 

Aquí tiene mucha actividad: da entrevistas y conferencias, viaja y presenta sus libros. Ahora fue a España a recibir el premio acompañada de su hija y dos nietas. El martes 23 al mediodía fue lo del Cervantes y después, a las 6 de la tarde, inauguró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la lectura continuada de El Quijote. Al otro día asistió al almuerzo que los reyes Felipe y Letizia ofrecieron en el Palacio Real de Madrid en su honor, junto a jerarcas, académicos, editores, críticos, profesores y escritores. 

Parece incansable. En una nota en Brecha, su hijo Claudio Rama contó cómo era la vida cuando ellos eran chicos. Tiene una imagen grabada: vivían en una casa de la calle Timbó, él tenía 11 años y ella estaba sentada ante un escritorio donde traducía un texto mientras en su falda tenía el tejido; al costado de la máquina de escribir Olivetti escribía, en paralelo, anotaciones sobre un disco de música clásica que estaba escuchando para una nota que debía hacer para un diario. Mientras cuidaba a su hijo que jugaba cerca, estaba atenta a que no se le quemara algo que tenía en el fuego de la cocina. Su hija Amparo ha contado que mientras vivía en el exterior hacía todo con el Skype abierto y hablando con la familia; a su edad hace las compras todas las semanas y mantiene su casa impecablemente organizada. Solía recibir gente en Austin y cuentan que tiene esa ternura de madre o abuela que prepara el café con leche del desayuno o el almuerzo y siempre con una palabra amable. También puede ser feroz discutiendo, dicen. 

Es la quinta mujer que recibe el Premio Cervantes. El día que anunciaron el galardón, El País de Madrid le pidió que leyera un poema. Eligió Fortuna, que termina, justamente, con el verso “ser humano y mujer, ni más ni menos”. 

Por años, disfrutar del error

y de su enmienda,

haber podido hablar, caminar libre,

no existir mutilada,

no entrar o sí en iglesias,

leer, oír la música querida,

ser en la noche un ser como en el día.

No ser casada en un negocio,

medida en cabras,

sufrir gobierno de parientes

o legal lapidación.

No desfilar ya nunca

y no admitir palabras

que pongan en la sangre

limaduras de hierro.

Descubrir por ti misma

otro ser no previsto

en el puente de la mirada.

Ser humano y mujer, ni más ni menos.

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