Carlos Steneri . Foto: Nicolás Der Agopián

El bajo crecimiento hará “más penoso para la población” el esfuerzo para bajar el déficit fiscal, que tiene un “piso” de 4%

La economía entró en un “estado de postración”, dice Steneri

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Nº2011 - al de Marzo de 2019

Carlos Steneri, quien fue director de la Unidad de Gestión de Deuda Pública durante el primer gobierno del Frente Amplio, no quiere ser parte del coro de analistas o asesores de políticos que auguran cataclismos económicos. Pero se lo nota preocupado: ve a Uruguay “postrado” desde el punto de vista productivo, creciendo muy por debajo de su potencial.

En ese estado, será más doloroso ajustar un desequilibrio fiscal que, según él, tiene un “piso” de 4% del Producto Bruto Interno (PBI); para los 12 meses cerrados en enero, el Ministerio de Economía informó un déficit de 4,3% si se dejan de lado los ingresos extraordinarios generados por los “cincuentones” desafiliados de las AFAP. Para Steneri, Uruguay puede tomar más deuda, pero cuando se alcanzan ciertos niveles de endeudamiento “el mercado reacciona y baja el grado de inversión, con lo cual no se termina el mundo” pero el financiamiento se encarece, también para las empresas. “Y ya sabemos: después el apocalipsis puede tener varias formas. Estamos a tiempo de resolverlo”.

Fue representante financiero del gobierno uruguayo en Estados Unidos desde 1989 hasta que se jubiló, en 2010; en esos últimos cinco años, ya con el Frente Amplio en el poder, también dirigió la oficina de gestión de deuda del Ministerio de Economía y Finanzas, creada entonces. Ahora, este economista de 73 años forma parte del equipo de asesores del precandidato presidencial colorado Julio María Sanguinetti, junto a otros exjerarcas como Isaac Alfie y Ariel Davrieux.

El lunes 25 publicó una columna en El País que tituló El lastre del estancamiento económico. En el siguiente diálogo con Búsqueda Steneri ahondó en su análisis.

—Dice que la economía entró en “estado de postración” ¿Qué quiere decir eso?

—La economía está convergiendo hacia un crecimiento de 1% o 1,5%. Eso, desde mi punto de vista, es estar postrado. Se dice: “No hemos tenido crecimiento negativo”. Sí, yo viví en épocas de crecimiento negativo y es horrible. Pero no se trata de eso, sino de pensar que para esta economía y el presupuesto que se convalidó, crecer 1% o poco más, no alcanza.

Está el aspecto fiscal: cuando se habla del déficit, una cosa es ajustar con un crecimiento de 1,5% o 2%, y otra es si se crece 3% o 4%. Basta una cuenta simple: con una carga fiscal de 30% del Producto, un punto de crecimiento genera unos US$ 200 millones de recaudación. Pretender una baja profunda del déficit sin mayor crecimiento es más penoso para la población que buscar hacerlo en un entorno de crecimiento.

—Lo que se dice desde el gobierno es que Uruguay se ha desacoplado de la región y que está en el ciclo de expansión más largo de su historia... 

—Yo doy mi visión, y ojalá esté equivocado. Siempre me cuido de no dar una visión pesimista porque nos hace mal, nos deprime. Pero soy honesto: si el PBI crece 0,1% se puede decir que hubo un año más de crecimiento, está bien. Pero sería lo mismo que si bajara 0,1%, ¡no cambia la vida! Esto no debe ser un campeonato en torno a si el signo es positivo o negativo; el campeonato que hay que jugar es si la economía alcanza su crecimiento potencial de largo plazo —que la profesión estima en el eje de 3%—. Si ese es el potencial pero se crece 1,5%, ¿cuánto se está perdiendo en empleo, en recaudación y cuánto se genera de endeudamiento? Porque si no se puede ajustar el gasto, todo termina en más endeudamiento.

—¿Qué llevó a la postración en la que, dice, se encuentra actualmente la economía?

—Vamos a ponerlo en un sentido positivo: ¿qué condiciones se necesitan para que el país tenga un crecimiento más robusto?

Primero hay que decir que en los últimos años Uruguay no creció por medidas promocionales rupturistas, sino que lo hizo porque ofrece condiciones básicas favorables para la inversión que vienen de la época de (Alejandro) Végh Villegas. Eso se fortificó con conductas explícitas, como fue la salida de la crisis de 2002-2003 y el compromiso con los pagos de la deuda, que siguió con los gobiernos posteriores. También hubo políticas importantes que modernizaron áreas clave, como el puerto, y la decisión de subsidiar la forestación en el primer gobierno de Sanguinetti. ¡Vino la Shell a plantar árboles y subsidiamos a la Shell! Eso dio sus frutos y fue lo que generó el crecimiento de estos años. ¿Qué fue lo que movió la aguja?: la celulosa, la soja, la lechería y la ganadería. Y la pregunta es: ¿además de esto, qué? Porque viene (la segunda planta de) UPM, pero el efecto se agota: salta dos puntos el PBI, lo que es bienvenido, ¿pero y en el 2025, qué?

—En los últimos tiempos la inversión empresarial se viene retrayendo. ¿Dónde está el problema? ¿Es de rentabilidad?

—En Uruguay los costos de producción son muy altos, en todos los rubros. La mano de obra por producto es cara, el kilovatio por unidad de producto es caro, la logística es cara, los impuestos a las empresas son muy altos.

Tenemos que pensar en cómo alivianar estas cargas; con algunas puede ser más fácil que con otras. Yo no soy muy partidario de las políticas proactivas, porque llevan a la discrecionalidad en favor de unos en desmedro de otros. Para evitar eso, hagamos un proactivismo genérico, para sectores, porque el dólar que no se invierte no tributa; no es pérdida de recaudación. No hay que tenerle miedo a esto: como se hizo con la forestación, elijamos por ejemplo la lechería y démosle la electricidad, los combustibles, a precios internacionales. Estas cosas se pueden hacer rápidamente por vía administrativa, de manera tal que le generen al empresario que invierte la seguridad de que va a sacar una rentabilidad.

—Está bien, pero así no se ataca el problema de manera estructural.    

—No estoy sacando la pata del lazo y está claro que hay que atacar el problema del gasto público. Pero a corto plazo, una manera de poder crecer más es asegurar cierta rentabilidad al inversor.

También hay que pensar en cómo mejorar el acceso a los mercados de exportación. Esta es otra de las asignaturas pendientes en las que hay que trabajar de inmediato: ¿por qué no hacerlo incluso en este último año de gobierno, si sobre este tema hay coincidencias entre los distintos partidos? Pero no nos llamamos a la coincidencia, sino a la discusión… Esto me deja mal y me lleva a pensar en el letargo. Un letargo en buscar las soluciones. Hay pura inacción.

—¿Qué tan preocupante es la situación fiscal?

—Esto no es una penca, pero 4% del producto es un piso. El déficit será de 4% para arriba, no sé cuánto: 4,2, 4,3, 4,4.

Tenemos un gasto muy alto y gran parte está fijado en cosas inamovibles, algunas desde hace décadas, pero que se han profundizado en los últimos años, como el gasto del Estado en sueldos y en pasividades —por razones de envejecimiento poblacional y políticas específicas que se han tomado—. También hay excesos: ¡se gastaron US$ 100 millones en el Antel Arena mientras crecen los asentamientos! Hay que rever prioridades. Y hay mucho gasto administrativo en la política social; por cada dólar dedicado a la asistencia deben llegarle 30 centavos al beneficiario, mientras que el resto queda por el camino.

Pero veamos lo positivo: hace no mucho se decía que el déficit y el gasto eran palanca del crecimiento, mientras que ahora todos tomaron conciencia que con este déficit no se puede seguir. El propio ministro está diciendo: “hasta acá llegamos”, aunque le está costando bajar el déficit.

El país se podría endeudar 10 puntos más del producto. Pero bueno, cuando uno alcanza determinados niveles de endeudamiento, el mercado reacciona y le baja el grado de inversión, con lo cual no se termina el mundo pero sube la tasa de interés al gobierno y al sector privado, lo que perjudica las fuentes de crecimiento. Y ya sabemos: después el apocalípsis puede tener varias formas. Estamos a tiempo de resolverlo.

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