La guerra de sucesión

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Nº2072 - al de Mayo de 2020
por Andrés Danza

Ahora sí que se instaló la guerra de sucesión. Y en dos campos de batalla: el del Partido Colorado y el del Frente Amplio. En el primero se enfrentan dos ejércitos bien definidos con estrategias claras. En el segundo son muchos más los combatientes y hay entrevero y luchas caóticas, en las que ni siquiera se puede descifrar quién pelea contra quién.

Antes de que se llevaran a cabo las elecciones internas del año pasado, algunas de las escenas bélicas que están teniendo lugar ya se perfilaban en el horizonte. Hasta quedó por escrito. “Matar al padre”, tituló el 27 de junio de 2019 su columna en Búsqueda Facundo Ponce de León. Incluía una lectura muy perspicaz del escenario electoral con una descripción del parricidio, un acto simbólico necesario para poder avanzar en la carrera hacia el poder.

Decía Ponce de León que todo político de cierto nivel que tenga aspiraciones a llegar a lo más alto, en algún momento tiene que matar —en sentido figurado— a su creador. Citaba varios casos históricos y actuales de éxitos y fracasos al respecto y se detenía especialmente en lo que estaba ocurriendo en el Partido Colorado y en el Frente Amplio.

El colorado Ernesto Talvi “tiene pendiente un parricidio”, escribía Ponce de León a propósito del protagonismo con el que seguía contando el expresidente Julio Sanguinetti. Sobre el Frente Amplio, Daniel “Martínez prefiere matarlos despacio que de un solo golpe mortal”, opinaba en alusión a los expresidentes Tabaré Vázquez y José Mujica. “El riesgo es grande, por lo mismo que ya vimos con Sanguinetti: estar moribundo no es lo mismo que estar muerto”, adelantaba.

Casi 12 meses después, estas reflexiones tienen más vigencia todavía. Martínez y Talvi ganaron las elecciones internas de sus respectivos partidos sin cometer parricidio, pero después sufrieron derrotas en los comicios nacionales. El primero perdió el poder que mantuvo su colectividad política durante 15 años, y el segundo alcanzó una votación muy pobre, quedando casi a la misma altura que Cabildo Abierto, un partido que no tenía más de seis meses de vida.

Por eso, a un tiempo prudencial de las elecciones y con Talvi formando parte del gobierno de coalición como canciller y Martínez ya en la oposición, esos viejos problemas, que involucran a padres, hijos y espacios políticos ocupados y a ocupar, adquieren importancia. Aunque de una forma muy distinta, lo que está pasando en las internas del Partido Colorado y del Frente Amplio son parricidios no resueltos, que provocaron una guerra de sucesión.

Talvi está decidido a desplazar a Sanguinetti del liderazgo partidario. No teme pagar el precio, por más alto que sea. Desde que asumió como canciller ha tomado decisiones con ese objetivo. Una de las que causó más ruido fue negarse a apoyar a Julio Luis Sanguinetti, hijo del expresidente, para que ocupara un lugar en el Directorio de la Comisión Administradora del Río Uruguay. Sin la firma de Talvi, ese nombramiento, que contaba con la aprobación del presidente Luis Lacalle Pou, fracasó.

Pero el problema de fondo no es ese. Lo que realmente hay atrás es una estrategia de Talvi de separarse lo máximo posible de lo que significa Sanguinetti y su forma de hacer política. Por eso, el episodio del hijo es visto dentro del sanguinettismo como una sola batalla en la guerra que Talvi les ha declarado. Ya hubo otras, no tan mediáticas, y habrá más.

No la tiene fácil el canciller. Su veto a Julio Luis Sanguinetti le valió además el enojo del presidente Lacalle Pou, que no quiere confrontar con el exmandatario colorado. Lacalle Pou y Sanguinetti están construyendo la actual coalición multicolor desde hace mucho tiempo. “Aquí hay un expresidente y un prepresidente”, dijo Sanguinetti al participar con Lacalle Pou en un encuentro organizado por Búsqueda en diciembre de 2018. Ambos delinearon en esa oportunidad —a un año de las elecciones— lo que sería el futuro acuerdo gubernamental. Por eso, el canciller tendrá que moverse con mucho cuidado y más sutileza si no quiere que la disputa interna colorada termine sellando su propia suerte en la actual administración.

Si se tienen en cuenta las encuestas, le ha ido muy bien en sus primeros meses de gestión y ha quedado como una especie de abanderado de la “nueva política”, aunque también ha nombrado a postulantes a diputados perdedores para ocupar cargos públicos. Los parricidios, para que funcionen, se deben cometer de una forma elegante, casi natural. Y este no parece ser el caso. Al menos hasta ahora.

En el Frente Amplio el problema es otro. Allí tampoco se cometió el parricidio necesario para un cambio de liderazgo, y tampoco está muy claro quién será capaz de dar el paso. Todo parecía conducir a Daniel Martínez, el candidato presidencial de esa colectividad política. Pero no fue así. Más bien al revés: después de las elecciones nacionales, Vázquez y Mujica consolidaron sus respectivos liderazgos, y Danilo Astori logró seguir siendo protagonista.

¿Por qué? Porque Martínez perdió en octubre al obtener el Frente Amplio menos del 40% de los votos, y los fue a buscar a los tres para la segunda vuelta de noviembre. Anunció a Mujica como ministro de Ganadería, a Astori como canciller y se reunió con Vázquez. Y el Frente Amplio quedó a unos pocos votos del triunfo. La repuntada fue con los viejos líderes incluidos, sin parricidio y con una guerra de sucesión en camino.

Ahora Martínez dice que no tiene comunicación con Vázquez ni con Mujica. Mientras, Vázquez coordina equipos del Frente Amplio para realizar propuestas con el fin de enfrentar la pandemia de coronavirus; Mujica tiene apariciones públicas todas las semanas con mucha repercusión y Astori confronta con algunas medidas económicas del gobierno. Los eventuales sucesores de este triunvirato de líderes de los últimos 15 años buscan la forma de ocupar su espacio, todavía sin demasiado éxito.

La fotografía actual de la batalla dentro del Frente Amplio muestra caos. Parece una fiel representación del monumento de El Entrevero, ubicado en el Centro de Montevideo. Pero por más que la situación es más desordenada que la del Partido Colorado, la resolución del conflicto de fondo llegará cuando alguien tenga la capacidad suficiente como para cometer el parricidio necesario de la forma menos traumática. Mientras, seguirá la guerra.

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