“Microplásticos”, escogida como la palabra de 2018, es la forma de denominar a los pequeños fragmentos de plástico que son una de las principales amenazas para el medioambiente y la salud de los seres humanos

La palabra del año

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Nº2003 - al de Enero de 2019

Cada año, cuando llega el final de diciembre, la Real Academia Española de la lengua (RAE), esa institución que vela por el buen uso del idioma, anuncia la incorporación de nuevas palabras en el diccionario oficial. Desde 2014 es posible acceder a las consultas en formato digital y por eso los responsables de esta institución, que tiene su sede en Madrid, realizan su recuento anual. En la edición 23.2, la última, publicada a fines de 2018, se incluyeron 748 términos nuevos, se incorporaron 780 enmiendas y se produjeron 23 supresiones. Entre las incorporaciones se destacan: escrache, meme, viagra, viral, abrumante, ciberarte, femicidio, subtrama, selfi y feedback, que se admite sin españolizar y siempre que se utilice en cursiva. También se sumaron otros términos que corresponden a un cambio de valores, entiende la RAE, como sororidad —“amistad o afecto entre mujeres”—, femicidio y una nueva definición de feminicidio: “Asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”. De los americanismos se incluyeron, entre otros, gerenciamiento, guardiacárcel, efectivar, complotista, quechuista.No solo se incorporaron neologismos en inglés, también del portugués e italiano, que se utilizan en estas regiones. Candomblé para referirse a la “religión afrobrasileña de carácter animista” y laburar, la forma coloquial de trabajar en Argentina y Uruguay.Relacionado con la palabra, además de las incorporaciones anuales,  la Fundación del Español Urgente (Fundéu), promovida por la Agencia Efe y BBVA y respaldada por la RAE, arroja anualmente la palabra del año. Los términos se seleccionan entre aquellos que estuvieron presentes en la actualidad informativa durante los últimos meses y “tienen interés desde el punto de vista lingüístico”, dice la fundación. En 2013 fue el turno de “escrache”, “selfi” en 2014, “refugiado” en 2015, “populismo” en 2016 y “aporofobia” en 2017. Esta vez, la Fundéu eligió “microplástico”. Antes de dar a conocer la palabra de 2018, se publicaron las doce palabras finalistas: descarbonizar, hibridar, mena, los nadie, micromachismo, VAR, sobreturismo, procrastinar, arancel, dataísmo y nacionalpopulismo.

Microplástico. El término elegido pone foco en la toma de conciencia en torno a uno de los grandes problemas medioambientales a los que se enfrenta la humanidad. Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico (menores a cinco milímetros) que se fabricaron con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene o se fragmentaron de un plástico mayor durante su proceso de descomposición, por ejemplo, bolsas de nylon o envases plásticos de todo tipo. La presencia de estos plásticos en “la arena de las playas, en los organismos de los animales, en la sal marina que consumimos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso, responsables en buena parte del problema”, asegura la Fundéu.Aunque el término aún no aparece en la mayoría de los diccionarios de español, desde el punto de vista lingüístico está bien formado a partir del elemento compositivo “micro” y el sustantivo “plástico”, sin dejar un espacio en el medio ni intercalar un guion.El hecho es que el problema de la contaminación plástica en los ecosistemas marinos ahora se presenta en forma de partículas minúsculas, muchas veces indetectables a simple vista. Ya no están aisladas o en lugares alejados, sino que están muy cerca de las personas: en el pescado que se come, en la sal de mesa, en la arena de las playas y hasta en el cuerpo.Científicos y expertos calculan que cada año se vierten al mar unos ocho millones de toneladas de plástico. Esta ingente cantidad de desperdicios ya no solo representa un peligro para la vida de los animales marinos, sino también para la vida de las personas. Estudios demuestran que trozos pequeños de plástico son ingeridos por los peces e incluso por el plancton, que forma la base de la cadena alimenticia marina.Bethany Jorgensen, investigadora del Laboratorio de Ecología Cívica de la Universidad de Cornell, en Nueva York, le explicaba a Fundéu: “¿Comemos plástico? Sí, y también lo bebemos; está en los peces, en los mejillones, en otros moluscos, en el marisco, pero también encontramos microplásticos y microfibras en los sistemas de distribución de agua, tanto del grifo como en la embotellada. Hasta en la cerveza hemos hallado microplásticos”.A su vez, un estudio de la Agencia Federal de Medio Ambiente de Austria y la Universidad de Medicina de Viena confirma haber hallado por primera vez muestras de microplásticos en heces humanas. Los efectos de esas partículas sobre la salud son aún desconocidos, sin embargo, las noticias pueden provocar preocupaciones teniendo en cuenta que si se dejase de producir plásticos en este instante, igual se debería lidiar con el problema durante siglos. Los resultados muestran que de los 10 plásticos buscados, nueve de ellos se encontraron. Los más comunes fueron el propileno, básico en los envases de leches y jugos, y el PET, del que están hechas la mayoría de las botellas de plástico. La longitud de las partículas encontradas en las heces oscilaba entre 50 y 500 micrómetros. Y los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal.Desde 1960, la producción de plásticos creció casi un nueve por ciento anual. Según la ONU, en 2015 se produjeron 322 millones de toneladas. Tarde o temprano, buena parte de ese plástico acaba en el medioambiente, especialmente en los mares. El agua, los microorganismos y la luz solar degradan el plástico hasta reducirlo a pequeñas partículas. Algunas son tan pequeñas que el plancton microscópico lo confunde con comida. Un informe de 2016 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) recopila datos sobre la presencia de microplásticos en la vida marina en hasta 800 especies de moluscos, crustáceos y peces. Aunque la gran mayoría de las partículas se quedan en el aparato digestivo, existe el riesgo de ingestión en el caso de que se coma la especie entera, como mariscos, bivalvos o peces más pequeños. También, un estudio publicado por Greenpeace muestra que la gran mayoría de la sal marina de uso doméstico contenía microplásticos.

Las medidas. Algunos países ya están alerta. Chile, por ejemplo, está a la vanguardia en políticas para acabar con los plásticos de un solo uso. Desde hace pocos meses, los comercios españoles están obligados a cobrar las bolsas de plástico para desincentivar su consumo. La Unión Europea llegó a un acuerdo político para reducir la contaminación marina causada por los plásticos de un solo uso: a partir de 2021 estarán prohibidos los vasos, platos y cubiertos hechos con plástico, también las pajitas, los cotonetes, los palos para globos o los contenedores de poliestireno expandido que se emplean en la comida rápida.Aún la ciencia no pudo responder si ingerir cierta cantidad de plástico puede ser un problema para la salud. Se estima que los humanos pueden tragarse hasta 37 partículas de plástico al año procedentes de la sal. No parece gran suma y menos si termina expulsada del cuerpo. Incluso un fanático de los mariscos podría comerse hasta 11.000 partículas en un año. Más allá de las leyes y las cantidades, como sugiere la Fundéu, “las soluciones, como el problema y como las palabras que empleamos para nombrarlos, son de todos”.

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