Lo que estaba planificado como un debate terminó siendo la consolidación pública de una alianza política, aunque con matices. Foto: Nicolás Der Agopián

Sanguinetti resumió el encuentro como una charla entre “un expresidente y un prepresidente” al que habrá que “ayudar” en un eventual gobierno; reclamó un rápido acuerdo entre la oposición pero sin Novick

Lacalle Pou y Sanguinetti mano a mano: una declaración explícita de respaldo del líder colorado y el matiz sobre cómo armar la coalición

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Nº1998 - al de Diciembre de 2018
escriben Federico Castillo y Daniel Lema

La idea era hacerlos debatir. Observar un mano a mano donde se confronten ideas y se expongan distintos puntos de vista sobre temas de coyuntura con la elección nacional asomando en el horizonte. Pero lo que terminó ocurriendo fue otra cosa. El expresidente y dirigente colorado Julio María Sanguinetti y el senador blanco Luis Lacalle Pou hicieron explícita una alianza política para ganarle al Frente Amplio. Y entonces, antes que un debate, fue una conversación de futuros socios en un eventual gobierno. O más que eso: fue una declaración manifiesta de respaldo absoluto de un veterano y curtido político que señaló al otro casi como se señala a un heredero. “Esta fue la charla entre un expresidente con un prepresidente”, resumió Sanguinetti al final del encuentro organizado por Búsqueda para los alumnos de su Escuela de Periodismo.

En otro tramo del intercambio en el hall central de la Redacción de Búsqueda, Sanguinetti habló de una pesada mochila económica que tendrá que administrar el próximo gobierno y dijo: “En eso es donde vamos a tener que ayudar al doctor Lacalle”. Toda una declaración. Acaso la sensación que quedó flotando en el ambiente tras las casi dos horas que duró el debate, es que Lacalle Pou encontró en el líder colorado una espalda institucional, una voz experiente a la que acudir; esa era una posibilidad que el propio Lacalle Pou se había amputado al mantener alejado de su entorno político a su padre, el expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera.

Pero no fue todo comunión. También hubo matices. El principal punto de desencuentro estuvo justamente en cómo, cuándo y con quiénes armar esa coalición para gobernar. Lacalle Pou dejó claro que el Partido Independiente es el “catalizador” de un “cambio de época” y por eso es “fundamental” que integre un nuevo gobierno que, anunció, tendrá un Poder Ejecutivo con un “fuerte peso político”.

Lacalle Pou dejó claro que el Partido Independiente es el “catalizador” de un “cambio de época” y por eso es “fundamental” que integre un nuevo gobierno.

“No me gustaría tener uno que sea de consulta, debería ser un Ejecutivo con capacidad de resolver y por eso capaz haya que renunciar a la idoneidad técnica en los primeros planos”. Agregó que por el “estado de desasosiego” que tiene la población, se le exigirán “soluciones rápidas” a un gobierno que “va a necesitar una espalda ancha, y esa espalda ancha está conformada por tres o cuatro partidos” o incluso “con la mayor cantidad de partidos”.

Sanguinetti dijo que la coalición que se “imagina” se divide, por ejemplo, entre los que creen que Venezuela es una “dictadura” y los que creen que es una “democracia”. “Aun cuando los partidos tradicionales tuviéramos el 50%, aspiraría a buscar a los otros, y esperemos que adquieran la cultura de la coalición, la cultura del acuerdo político que es mirado a veces como algo espurio, y sin embargo es la esencia de la vida política”. Y añadió: “No veo hoy ningún sector del Frente Amplio en la perspectiva de acordar. Lo que sí veo es que hoy hay un hecho muy importante, muy relevante y no demasiado señalado: la declinación del grupo del ministro (de Economía) Danilo Astori dentro de la coalición política. No solo se le ha bajado el dedo a su candidatura sino que ha conllevado eso a una disminución del peso relativo y ya no va a estar esa influencia moderada”, afirmó.

Sanguinetti mostró diferencias con dos posibles aliados en la coalición: Edgardo Novick del Partido de la Gente y el Partido Independiente, que en las elecciones se presentará como La Alternativa, donde también confluyen los excolorados Fernando Amado y José Pablo Franzini y el exfrenteamplista Esteban Valenti.

El dos veces presidente dijo que cuestiona el “proyecto político” de Novick porque sus “intentos de fragmentación van en la línea contraria de lo que debe ser el espíritu de la gobernabilidad”. Sanguinetti advirtió que esa fragmentación se ha dado en algunos países de Europa, donde hubo problemas. “Seguir fragmentando no parece un buen camino”, reflexionó.

Sanguinetti dijo que la coalición que se “imagina” se divide, por ejemplo, entre los que creen que Venezuela es una “dictadura” y los que creen que es una “democracia”.

El líder colorado se detuvo a analizar al Partido Independiente, al que Lacalle Pou observa como pieza clave en un gobierno de alianzas. El expresidente mostró dudas respecto a “cuánto le rendirán estas nuevas coaliciones” como la aplicada a través de La Alternativa. “El Partido Independiente quiere ofrecer una plataforma de llegada a los frentistas desencantados, una especie de 'Villa Decepción'. A mí naturalmente, me parece inteligente desde el punto de vista político, pero el desafío está en que no se comprometa tanto en este camino que luego termine cercenándose él mismo la posibilidad del otro camino, como ya le ocurrió en el período pasado”, señaló. Opinó, sin embargo, que el Partido Independiente “tiene otra madurez, tiene otros años y quizás estén en otra actitud de asumir responsabilidades. Espero que esa plataforma de refugio no le impida o le inhiba sus responsabilidades de acuerdo”.

También hubo matices sobre los tiempos en los que se deben definir los acuerdos entre los partidos. Sanguinetti se mostró más ansioso que Lacalle Pou.

El expresidente sostuvo que “una cosa es lo deseable y otra lo posible”. “En términos de deseable mi opinión sería mejor después de la interna, porque parece que hay que presentar una alternativa al país, no solo simplemente la competencia de partidos y personas. Sería deseable antes (de las nacionales) para ofrecer una alternativa, quizás no una configuración precisa pero sí una definición clara de rumbo, que la gente sienta que estos partidos no solo ofrecen cada uno su propio perfil, candidato, sino la posibilidad de acordar principios, actitud frente al mundo y el país”. El senador blanco insistió en que se deben respetar los tiempos de cada colectividad para sentarse a negociar. “Cuando quiera el último. Si llegas primero, solo tenés que frenar y esperar. Si yo estoy diciendo que voy a tener determinados socios, que vamos a emprender un gobierno, yo los tengo que respetar. Y si el mensaje de algunos partidos es ´no me apuren´, bueno, vamos a respetar sus tiempos. Yo no lo puedo ir a decir al Partido Independiente, que acaba de conformar una nueva expresión electoral, ´vamos a sentarnos ahora´”.

Sin “tabúes” para repartir ministerios.

Hubo un asunto que fue de la mano con un eventual gobierno de coalición: la conformación del gabinete y los ministerios que el partido ganador no debería negociar. Para Lacalle Pou, además del necesario respaldo político que deberá patentizarse, se buscará que quienes estén al frente sean los más idóneos. Y por eso no descartó la “oferta” que haya del resto. “Yo a un Isaac Alfie lo hago jugar en cualquier lugar y en cualquier puesto”, dijo sobre el exministro de Economía durante el gobierno de Jorge Batlle. Aunque enseguida aclaró que para el puesto de ministra su nombre es Azucena Arbeleche. También mencionó a Pablo da Silveira en Educación y subrayó que el Ministerio de Desarrollo Social —cartera para la que se maneja el nombre de Pablo Bartol— será “vital” en su gabinete. Economía, Educación y Desarrollo Social fueron definidos como los pilares que no pueden negociarse en un hipotético gobierno suyo. “Después uno empieza a negociar. Si uno empieza a ver los ministerios, te quedás con todos. Y eso no se puede ni se debe. No es bueno”, admitió Lacalle Pou. Sobre las empresas públicas, enfatizó que el Frente Amplio tiene que participar. “Es una buena cosa tener el contralor efectivo en las empresas públicas”, aseguró y dijo que su programa de gobierno incluye una comisión especial integrada por todos los partidos para que fiscalice las licitaciones del Estado. “Cuanto más transparencia y más participación, más tranquilidad para todos los ciudadanos”.

Sanguinetti dijo que no deben existir “tabúes” respecto a los repartos de ministerios entre los diferentes partidos de la coalición. “Uno piensa que el núcleo esencial de un gobierno es Defensa, Interior y Relaciones Exteriores. En mi segunda presidencia, Defensa y Relaciones (Exteriores) fueron para los nacionalistas. No hay, digamos, una cosa dogmática”, expresó. “Naturalmente, hay algunos ministerios que por su propia naturaleza, como es Economía, parecería que deberían tener la máxima posibilidad de sintonía con la presidencia”, señaló. Pero aclaró que esa cartera y su línea de conducción deberían ser “el núcleo esencial de lo que debería ser el acuerdo” entre partidos. “Si la coalición no funciona en economía, estamos en problemas”, advirtió.

Por otro lado, Sanguinetti dijo que había que tomar en cuenta la “lección” que estaba dando el gobierno de Mauricio Macri en Argentina. “No hay que pecar de optimismo de que el cambio, la alternativa de un gobierno va a generar ese shock de confianza, de esperanza”, dijo. Y planteó que Macri no puso en “evidencia” la “hipoteca” que tenía el país que estaba recibiendo.

Lo urgente.

Lacalle Pou llegó bastante antes de la hora pactada para el debate. Tomó algún mate, bromeó con los periodistas y esperó al expresidente, que ingresó a la Redacción cuando faltaban unos diez minutos para que empezara el encuentro. Ambos llegaron solos, sin asesores o compañeros de sus partidos. Pese a que fue un debate entre un precandidato a la presidencia y otro todavía en duda, Sanguinetti —que aún no oficializó que correrá esa carrera— se mostró en todo momento como alguien con un rol más de articulador que de competidor.

Sin prever la dinámica que tendría el intercambio, que ciertamente no fue la que se puede ver en un cuadrilátero de boxeo, Lacalle Pou inició el dialogo mostrando respeto por quien tenía sentado a su lado. “Es la primera vez que un welter junior arranca contra un peso pesado”, comenzó.

Cada respuesta debería darse en un plazo no mayor a los tres minutos, una regla que les fue muy difícil respetar. En especial en la primera pregunta, abierta, sobre las medidas urgentes que se deberían tomar al asumir el gobierno. Lacalle Pou rompió el hielo. Habló sobre un “instrumento legal muy fuerte” que será necesario para empezar a resolver cuestiones prioritarias en el primer año a través de una ley de urgente consideración. Aseguró que ese será el “contrato sobre el cual se va a jurar la coalición”. Evaluó que las prioridades serán “similares” con las del resto de los partidos. “Son de sentido común”, aclaró y enumeró: “Una recuperación inmediata del ejercicio de la autoridad en todos los ámbitos. La seguridad pública necesita un mensaje muy claro de recuperar el orden. Y también lo necesita el gobierno de la educación”, con una modificación legal para que no exista más la coparticipación de los sindicatos. También señaló que dará un mensaje a los distintos ministros sobre “una austeridad muy importante” que permita ahorros. “Necesitamos una rápida puesta en práctica de reducción del déficit, y a medida que se vaya logrando ese ahorro tratar de incidir sobre dos factores fundamentales en la producción y en la vida diaria: bajar las tarifas eléctricas y el combustible”. Mencionó “políticas rápidas de viviendas”, terminar con “el amiguismo de las relaciones internacionales”, tomar definición con la “dictadura de Venezuela”, “eyectar” a Uruguay de la Unasur y “flexibilizar” el Mercosur.

Hubo un asunto que fue de la mano con un eventual gobierno de coalición: la conformación del gabinete y los ministerios que el partido ganador no debería negociar. Para Lacalle Pou, además del necesario respaldo político que deberá patentizarse, se buscará que quienes estén al frente sean los más idóneos. Sanguinetti dijo que no deben existir “tabúes” respecto a los repartos de ministerios entre los diferentes partidos de la coalición.

Sanguinetti no fue tan concreto. Se detuvo largo rato en las visiones “ideológicas” que hay entre los bloques. “Si bien el Frente Amplio cuando asume la conducción deja de lado algunas de sus históricas afirmaciones, como el no pago de la deuda externa, nacionalizar la banca, nacionalizar el comercio exterior, todo eso desaparece cuando se asume el gobierno, no hay duda de que el resto está impregnado de una visión ideológica que es lo que se proyecta en todos los sectores de la gestión”, dijo. Y por eso cuestionó la visión del Frente Amplio en materia de inserción internacional. “Nosotros seguimos mirando desde la idea de un comercio libre o lo más libre posible, mientras que del otro lado se sigue pensando en los viejos términos de la Guerra Fría, de pre Guerra Fría con mundo confrontados”. También criticó la visión ideológica del Frente Amplio en otros dos grandes temas a atender: la seguridad pública y la seguridad social.

En este último punto hubo coincidencias. Ambos entendieron que la reforma previsional es urgente. Lacalle Pou propuso algo similar a lo que planteó Sanguinetti en su segundo gobierno: juntar especialistas para que en el plazo de un año le propongan a la dirigencia política, no solo los integrantes de la coalición, medidas para iniciar la reforma. “Primero por la situación económica en la que está (el sistema) y segundo porque por suerte la humanidad va a vivir más y mejor. Sin vulnerar los derechos adquiridos, pero sí trabajando sobre estímulos, sobre beneficios, sobre tasa de remplazo, debemos avanzar sobre las nuevas generaciones”, enfatizó. “Este es un tema en el que el gobierno ya se entregó. Como no se la jugaron porque no tenían balances internos para derogar las AFAP, empezaron a agujerearlas en perjuicio directo de los involucrados”, cuestionó y dijo que Astori —“que no ha embocado una en toda su carrera”— le hizo perder 100 millones de dólares al Uruguay con la ley previsional de 2008.

“Se ha pervertido el sistema“, opinó Sanguinetti a su turno. “Se ha llegado al extremo. Como, por ejemplo, con el dolor de espalda. Se retornó a la famosa prueba con testigos que fue la causal de desfinanciación en su tiempo. No es el resultado de la otra reforma. El tema es que ahora tenemos que volver a recoger el hilo en condiciones adversas”, dijo el expresidente. Y remató: “Todos dicen que estamos en una situación de crisis, y ni uno dice: iniciemos el trámite. Pues no, dicen que será el próximo gobierno”.

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