Editorial

Leer, siempre leer

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Nº2021 - al de Mayo de 2019
Por Adela Dubra

Fue Dámaso Antonio Larrañaga quien propuso en 1815 que se hiciera una biblioteca pública en nuestro país. En el resto del mundo, el Día del Libro es en abril, pero en Uruguay para conmemorar la creación de la Biblioteca Nacional lo celebramos el 26 de mayo. El panorama actual no es alentador: los cines dicen que tienen que pasar versiones dobladas de las películas porque la gente no quiere leer los subtítulos; en un país en el que 6 de cada 10 no terminan el liceo, el gobierno decide eliminar la repetición. Asombroso. No nos va bien en las pruebas Pisa. Las bibliotecas públicas están en mal estado. Casi nadie habla de la lectura como un elemento importante en los programas educativos. Suena antiguo. 

En galería quisimos consultar a personas que leen y resulta reconfortante ver que están al día, siguiendo autores interesantes, que son de quienes tienen un libro de forma regular arriba de la mesa de luz (coincidencia: Luis Lacalle Pou y Daniel Martínez están leyendo al mismo autor). Es llamativo que ninguno de los consultados nombre un autor nacional actual. Las personas de la industria aseguran que hay una crisis en puerta de la producción literaria, por la razón del artillero: los sellos grandes (multinacionales) y las distribuidoras grandes van a la venta asegurada. 

La novela Mil de fiebre de Juan Andrés Ferreira es una excepción y es el libro del año. Tuvo estupendas críticas y es un éxito de ventas. Pero muchos autores de calidad publican en editoriales chicas, independientes, entonces, salvo media docena de nombres, pelean por ser bien distribuidos y por tener lugar en las vidrieras de las librerías. 

Hablar de la importancia de la lectura es casi triste. Porque es hablarles a los convencidos. Porque no está de moda —en los asados y almuerzos familiares la gente habla de series—  y porque padres y madres están haciéndose los “chanchos rengos”, cuando es un hecho demostrado por todos los estudios del mundo que leer a un niño es beneficioso para su escolaridad y para la formación de su personalidad. La experta Ana María Bavosi suele citar a un grupo de pedagogos europeos que aseguran que a los niños hay que “bañarlos en palabras”. Así como les damos de comer y los duchamos, debemos hablarles y leerles. Una persona que no tiene palabras está desvalida. Es una persona pobre. 

Pero, dicen las encuestas, los padres y madres hoy están “cansados” y con “poco tiempo” para leerles a sus hijos. Eso no es cierto. Son haraganes. Y también es mentira que los niños no quieren, que prefieren estar con sus pantallas. Son sus padres los que no son proactivos con la lectura. Ni siquiera se ocupan de buscar libros como la gente para que haya en la casa. Hay que dedicar muchas horas a revisar librerías para encontrar libros entretenidos y bien ilustrados. Nunca fue fácil, pero ahora les ha dado por traer “mensaje”. Pero es su deber como padres. 

Los adolescentes de hoy leen, más que en el pasado. Pero leen extractos, mensajes, pedazos de información en Instagram. Leen menos libros. Muy pocos leen libros con seriedad. La idea de tener un libro “qué estás leyendo”, esto es, que lo llevás un fin de semana si vas para afuera, es una rareza. Se pierden de algo fabuloso. La literatura es un acto de rebeldía que cuestiona el mundo en que vivimos. Leer mejora el carácter, hace que las personas sean más empáticas, te hace más despierto, astuto (wit es la palabra inglesa que no tiene una traducción suficientemente buena). Hace que las personas sean más inclusivas. Como ha dicho Vargas Llosa, nada defiende mejor al ser humano contra la estupidez de los prejuicios, el racismo, la xenofobia, el sectarismo religioso y político y los nacionalismos exacerbados, como lo que aparece en la gran literatura: la igualdad esencial de hombres y mujeres de todas las geografías. “Nada enseña mejor que las buenas novelas a ver, en las diferencias étnicas y culturales, la riqueza del patrimonio humano”, escribió en Un mundo sin novelas. La literatura es para los espíritus que no se conforman fácil. Nos permite vivir muchas vidas. Escribió el peruano: “(Es) un refugio para aquel al que sobra o falta algo, en la vida, para no ser infeliz, para no sentirse incompleto, sin realizarse en sus aspiraciones. Salir a cabalgar junto al escuálido Rocinante y su desbaratado jinete por los descampados de La Mancha, recorrer los mares en pos de la ballena blanca con el capitán Ahab, tragarnos el arsénico con Emma Bovary o convertirnos en un insecto con Gregorio Samsa, es una manera astuta que hemos inventado a fin de desagraviarnos a nosotros mismos de las ofensas e imposiciones de esa vida injusta que nos obliga a ser siempre los mismos, cuando quisiéramos ser muchos”. 

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