Joanne Frappier. Foto: Nicolás Der Agopián

La embajadora de Canadá en Uruguay dice que fue “decepcionante” para su país que el gobierno de Vázquez no se incorporara al Grupo de Lima

Lograr una solución a la crisis en Venezuela a través del diálogo sería “un milagro” por el que no apostaría ni “cinco dólares”

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Nº2007 - al de Febrero de 2019
entrevista de Guillermo Draper

Joanne Frappier es geógrafa y, si fuera por ella, hablaría toda la tarde sobre árboles, madera y la posibilidad que tiene Uruguay de construir viviendas con ese material. Pero ese lunes por la tarde no puede. Frappier es embajadora de Canadá en Montevideo y el centro de la entrevista con Búsqueda será la posición de su país respecto a la crisis en Venezuela.

La Torre Ejecutiva recibió este jueves la primera reunión del Grupo de Contacto Internacional que buscará ayudar a “crear las condiciones” para que “emerja un proceso político y pacífico” en Venezuela que desemboque en un llamado a elecciones libres y transparentes. Frappier dijo que le encantaría creer que el diálogo es una salida posible al conflicto en ese país, pero no apostaría ni “cinco dólares” por ello. 

El lunes la embajadora dijo que estaba “feliz” porque consideraba que, al sumarse al pedido de elecciones, el gobierno de Tabaré Vázquez tuvo la “apertura” suficiente para cambiar de opinión y acercarse a la posición del Grupo de Lima, que Canadá integra desde el comienzo y que presiona por la salida de Nicolás Maduro.

La alegría le duró poco. El miércoles 6 el gobierno anunció que no estaba de acuerdo con que el diálogo tenga como condición un llamado a elecciones. “Es desafortunado”, dijo Frappier ante una nueva consulta de Búsqueda. “El tren del diálogo ya pasó y, salvo que tengan un as bajo la manga, esto solo favorece a Maduro”.

—Un artículo reciente de El País de Madrid sobre la crisis en Venezuela decía que la presencia de Canadá en el denominado Grupo de Lima le daba validez a sus posiciones dados los antecedentes de su país en temas de derechos humanos. ¿Comparte esa apreciación?

—En Canadá tenemos una historia de derechos humanos y de democracia muy largas, y cada vez que hay algunos hechos que rompen el orden de las cosas, esos valores que tenemos, nos genera una reacción visceral que nos da el impulso de hacer algo. La elección de Maduro en mayo del año pasado fue como la gota que colmó el vaso. En ese momento, pensamos que no teníamos otra opción que expresar nuestro desacuerdo sobre la situación. Y encontramos otros países con las mismas preocupaciones, entonces nace el Grupo de Lima. Canadá desde hace mucho tiempo preconiza la paz más que la violencia y tenemos esta reputación que nos da, de alguna manera, un permiso a opinar cuando consideramos que hay violaciones a los derechos humanos, que hay hechos que no tienen razón de ser en nuestro sistema de valores.

—Usted dice que Canadá tiene claro que en Venezuela violan los derechos humanos, pero no hay un consenso a escala regional. ¿A qué lo atribuye?

"Normalmente en Canadá respetamos lo que sucede en otro país, pero cuando empiezas a ver gente sufriendo, la economía en caída y, probablemente, también compañías canadienses sufriendo —no tengo datos sobre eso—, hay una cantidad de alarmas que saltan".

—Creo que, por nuestros valores, siempre estamos para ver cosas que son ilegales, que no respetan la democracia; quizás nuestras antenas están más afinadas que las de otros países. Cuando empezó el flujo migratorio de venezolanos hacia Colombia y Brasil, nuestras embajadas y consulados observaron este fenómeno; solemos reportar cosas que parecen estar mal. ¿Por qué hay gente que no lo ve o no lo quiere ver? Hay un montón de explicaciones. A veces, la gente sigue la ideología y sus acciones son secundarias frente a esa ideología. A veces las acciones de un individuo anteceden a su ideología. Normalmente en Canadá respetamos lo que sucede en otro país, pero cuando empiezas a ver gente sufriendo, la economía en caída y, probablemente, también compañías canadienses sufriendo —no tengo datos sobre eso—, hay una cantidad de alarmas que saltan. ¿Por qué la gente no lo ve? Probablemente haya distintos sistemas de valores que guían las intervenciones de las personas y los deseos de poner las cosas en su lugar.

—Uruguay fue uno de los países que rechazó la invitación a integrarse al Grupo de Lima. ¿Fue decepcionante para Canadá esa respuesta?

—Sí, por supuesto. Fue decepcionante no solo por Uruguay, sino también por México. En el caso de Uruguay, en particular, un país que tiene valores muy muy similares a los de Canadá sobre derechos humanos y democracia, creo que ambos queremos lo mismo, pero vamos por caminos distintos. Creo que ha habido muchas oportunidades para el diálogo en Venezuela y que otra oportunidad para el diálogo… Ojalá que haya alguna poción mágica que todos puedan tomar en el diálogo que tendrá lugar en Montevideo y que tenga un resultado positivo, pero las esperanzas son muy bajas. ¿Quién sabe? Podríamos estar equivocados, pero sería un milagro. Honestamente, no sé qué tipo de diálogo sería necesario para salir de la crisis en un modo super, super, superpacífico. Y no es que Canadá y el Grupo de Lima desean la violencia y la intervención militar, de hecho, no es el caso, lo que queremos son elecciones transparentes y justas. Por el momento hay un presidente a cargo (Juan Guaidó) y una vez que haya uno elegido con transparencia, Canadá reconocerá a esa persona.

—Quienes cuestionan la postura de Canadá dicen, entre otras cosas, que le están haciendo el juego al gobierno de Estados Unidos, que en varias ocasiones dijo que la intervención militar es una de las opciones.

—No. Canadá es un Estado soberano y Estados Unidos también. Ustedes han visto nuestros desafíos con el nuevo tratado de libre comercio. No es fácil lidiar con vecinos que vienen de lugares muy distintos a los nuestros, ya sea Venezuela, Estados Unidos o Brasil. Parece haber una polarización hacia la derecha y hacia la izquierda, y esos países que normalmente estaban en el centro, con los que tenías pactos de caballeros… de repente los acuerdos cambian. Creo que no estamos jugando el juego de Estados Unidos; de hecho, Estados Unidos no es un integrante del Grupo de Lima, sino un observador. Estamos jugando el juego canadiense vinculado a nuestros valores, a la democracia, justicia, transparencia y derechos humanos. Como embajadora y como canadiense, estoy horrorizada por el destino de los venezolanos. Y si hay algún objetivo que debemos conseguir esta semana, ya sea con diálogo o con presión, es ayudar a los venezolanos a comer, conseguir medicación.

Joanne Frappier
Foto: Nicolás Der Agopián

—Las declaraciones de Maduro indican que no va a dejar la presidencia. ¿Ve alguna salida que no incluya violencia?

—No sé qué decir a eso. Realmente no sé, no sé cómo va a suceder. No creo en la fuerza, creo en la inteligencia. Lo que no sé es cómo lograr que Maduro salga, deseo que no sea por la fuerza, porque sería un desenlace terrible.

—El diálogo tendrá una nueva oportunidad esta semana en Montevideo y propone un camino a seguir. ¿Qué salida propone la presión del Grupo de Lima?

—En la cumbre que tendrá lugar dentro de unas horas vamos a expresar nuestro renovado apoyo a Guaidó hasta que haya elecciones, daremos asistencia humanitaria inmediata para aquellos que están adentro o fuera de Venezuela y estamos exhortando a los venezolanos a respetar los derechos humanos y las libertades civiles. Los países del Grupo de Lima están dispuestos a colaborar con la recuperación de la economía venezolana, pero solo después de elecciones libres. Habrá un llamado a todos los miembros de la comunidad internacional a apoyar la lucha pacífica de los venezolanos para restablecer su democracia.

"Cuando empezó el flujo migratorio de venezolanos hacia Colombia y Brasil, nuestras embajadas y consulados observaron este fenómeno; solemos reportar cosas que parecen estar mal. ¿Por qué hay gente que no lo ve o no lo quiere ver? Hay un montón de explicaciones. A veces, la gente sigue la ideología y sus acciones son secundarias frente a esa ideología".

—¿No ve que Maduro tenga intenciones reales de negociar?

—Espero que se abra y ofrezca un diálogo real. Pero si ve las noticias, si lee sus palabras, no parece que ese sea su espíritu. Así que la respuesta es que no lo creo, no pondría cinco dólares sobre la mesa y diría: “te apuesto a que vamos a tener un buen diálogo”. Creo que perdería mis cinco dólares.

—Quizás la solución surja de la mezcla de la presión del Grupo de Lima, que fuerce a Maduro a ir a la mesa de negociación liderada por la Unión Europea.

—Cierto. Cuando ves quiénes están alrededor de la mesa en Montevideo y la que estuvo en el Grupo de Lima, quizás no hay muchos países africanos, ni asiáticos, pero tienes a la mayoría de las Américas y una parte importante de Europa.

—No están ni Rusia ni China.

—Ellos se volcaron hacia Maduro y no han propuesto nada para resolver esto. Ha habido grandes perdedores aquí que son los venezolanos; entonces, lo que tenemos que buscar es una salida en la que ganen. Si son los chinos los que la lideren, si son los rusos, no me importa, porque lo que importa es el pueblo venezolano, es darle la posibilidad de recuperar su vida.

—Los chinos y los rusos han apoyado financieramente al gobierno de Maduro. ¿Tienen interés en mantenerlo en el poder por eso?

—Puedo suponerlo, pero no lo sé. Esa es la parte oscura de todo esto. Creo que todos nos estamos preguntando cuáles son los jugadores, cuáles son los gobiernos que están jugando en la otra parte. Creo que la claridad y la transparencia ayudaría a mover mucho este asunto.

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