Foto: Nicolás Der Agopián

Manini Ríos está dispuesto a ser ministro de Defensa de un gobierno de Lacalle Pou si “son aceptadas” las “ideas principales” de su grupo

11min 9 1
Nº2027 - al de Julio de 2019
entrevista de Juan Pablo Mosteiro y José Frugoni

Es un estudio jurídico con vistas a la plaza Libertad. Hay un escritorio con una computadora, una impresora y artículos de oficina. Hay estanterías con libros de leyes y diplomas colgados en las paredes. Hay una ventana con vista a la plaza en una mañana de miércoles de viento frío. No hay adornos, ni muebles, ni objetos caros, ni distintivos políticos o militares. Nada que indique que ahí trabaja un ex comandante en jefe del Ejército que hace exactamente tres meses asumió la conducción de un partido fundado en enero, que el domingo 30 consiguió alrededor de 50.000 votos y se convirtió en la cuarta fuerza política del país (tercera en Artigas, Rivera y Cerro Largo), y todo sin competencia interna. Nada, excepto por un hombre tranquilo y sobrio que toma mate con gesto imperturbable acompañado por un termo que lleva pegado una calcomanía de Cabildo Abierto (CA).

“Ahora empieza la verdadera carrera. Somos la piedra en el zapato y venimos pisando callos”, dice Guido Manini Ríos, con una mueca que quiere ser sonrisa y que enseguida retira y vuelve a sumergir la mirada en la yerba, y en las nacionales de octubre.

Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

—Arrancó su carrera política pisando fuerte, al ubicarse entre los cuatro partidos más votados del país en tres meses. ¿Cómo tomó ese triunfo en las elecciones internas?

—No lo calificaría de triunfo. Es la confirmación del apoyo que generamos a lo largo y ancho del país. Lo hemos percibido en el cara a cara con la gente. En cada rincón que hemos visitado hemos visto gente de todas las extracciones que nos han demostrado su esperanza y su adhesión.

—¿Qué análisis hace de los 46.887 votos que logró?

—La votación del domingo pasado es muy atípica, para tomarla con pinzas, digamos. Hay ciertas condicionantes que alteran el análisis. Es una elección interna donde la “sal” era decidir algo internamente de cada partido. Nosotros no teníamos esa sal. No había pugna para la candidatura presidencial. Perfectamente podrían haber sido 50.000 votos —como pensamos que vamos a tener con los observados—, o podrían haber sido 5.000 o 70.000. Pero nos faltaba ese atractivo que tuvo en otros partidos. 50.000 votos no es poca cosa, pero hay que tomarlos con pinza. Nos hemos manejado con plata de los adherentes, de los militantes. No hemos tenido apoyos empresariales ni nada por el estilo. Ni posibilidad de pagar un aviso en televisión, ni un cartel puesto en la ruta.

—Y usted, como outsider del sistema, consiguió más votos que políticos tradicionales como Enrique Antía, José Amorín Batlle, Mario Bergara o Pablo Mieres...

—Creo que el perfil de nuestra gente está asqueada de cierta forma de hacer política. Asqueda de políticos que una y otra vez les han prometido cosas, que cada cinco años vienen y les dicen lo que quieren escuchar, y después se olvidan. Hay cierta indignación en la gente y nos ven a nosotros como algo diferente. Como una solución o, por lo menos, como una esperanza en el horizonte. Es gente que realmente está indignada con todo el sistema político y no quiere ni siquiera ahora, en una interna, votar a otro partido.

Este es el punto de partida nuestro. Tenemos muchísimo para crecer. Cabildo Abierto puede ser un protagonista real, no viene para conformarse con quedar con media docena de bancas en el Parlamento. Es una opción válida para llegar al balotaje. Lo digo en forma convencida. (Óscar) Botinelli hizo un análisis en el cual deduce que nosotros le sacamos votos al Partido Colorado y básicamente a (Julio María) Sanguinetti.

Guido Manini Ríos
Foto: Nicolás Der Agopián

—El politólogo Daniel Chasquetti escribió que el candidato Ernesto Talvi debería mandarle a usted una botella de whisky por ayudarlo a ganar las internas coloradas. El propio Sanguinetti dijo que hubo “fuga de votos” de su colectividad hacia Cabildo Abierto. ¿Qué responde usted?

—Con profundo respeto a todas esas opiniones de gente tan entendida en el tema, creo que le están errando en el análisis. No es lo que nosotros percibimos. Hablo con la gente en todos lados y del sanguinettismo, si vienen, son muy poquitos. Vienen mucho más del Partido Nacional y mucha gente del Frente Amplio. Dicen eso porque hasta que no aparecí, Sanguinetti venía ganando cómodo y ahora pierde. Pero eso es un análisis simplista. Puedo decir que de las internas del Frente Amplio en 2014 a estas bajó 50.000 votos, exactamente los que tiene Cabildo Abierto. Lo puedo decir: capaz que le sacamos votos al Frente Amplio.

—Los analistas hablan de que su partido se nutre de una “base” de la llamada “familia militar”, y usted se ha rodeado de militares retirados —entre ellos Eduardo Radaelli, Rivera Elgue y Emilio Sequeira—, ¿cuánto influye el voto castrense en su partido?

—Pero eso es insistir con que Cabildo Abierto es el voto militar...

—¿No está de acuerdo?

—No estoy de acuerdo con esa visión. Le voy a dar un hecho anecdótico. En Isla Patrulla (localidad de Treinta y Tres) ganó Cabildo Abierto. Son decenas de votos, pero ahí no hay ningún militar. En Río Branco, Cabildo Abierto quedó segundo, detrás del Partido Nacional, con una muy buena votación, en el entorno de las 1.500 personas, y le puedo asegurar que si hay 100 de la llamada familia militar es mucho. Todo el resto son trabajadores rurales. Y así en varios puntos del país. Simplificar y decir que esos 50.000 votos obedecen a la familia militar es totalmente equivocado.

"Me pregunto, ¿por qué estos ataques que estamos recibiendo tienen que ver el Ejército y lo militar? Un Ejército que ha dado más que muestras durante décadas de total sentimiento democrático…"

—Pero el voto militar existe…

—Existe, pero no es un voto disciplinado. De los 50.000 votos que sacamos, tal vez 5.000 pueden obedecer al voto militar. Cuantitativamente, no son tantos… Póngale ciento y poco mil.

—¿Ahí suma a militares activos, retirados y familiares?

—Sí. Pero además, en esa familia militar hay votantes de todos los partidos. Nosotros no tenemos la exclusividad del voto militar.

—Por ser usted un exmilitar de peso muchos uniformados pueden sentirse representados y apoyarlo para defender sus intereses...

—Alguien puede pensarlo así, pero la gente de campo que nos vota no le interesa la Caja Militar ni el sueldo de los soldados. Le interesa que se defienda el trabajo en el sector rural, que no se siga vaciando el país, que se ponga orden en el caos de inseguridad que hay ahora. De otra forma no se explicaría la adhesión generalizada que uno ve en mucha gente que no tiene nada que ver con la familia militar. No somos más de lo mismo y así se nos ve, a tal punto que se nos tira con artillería gruesa desde todos lados. La prueba está en la forma desaforada en la que han salido algunos a pegarnos desde el mismo día de las elecciones internas.

—Talvi lo criticó por defender propuestas “xenófobas” y una seguridad de la época de la dictadura.

—No voy a contestar agravios. Digo que está tergiversando y mintiendo porque yo jamás hice un comentario xenófobo. Y jamás hablé de la seguridad en los años de dictadura. De todas maneras no voy a bajar a su nivel. Me pregunto, ¿por qué estos ataques que estamos recibiendo tienen que ver el Ejército y lo militar? Un Ejército que ha dado más que muestras durante décadas de total sentimiento democrático…

Queremos darle oxígeno a esta democracia que ya está colapsando o languideciendo”, dijo usted en un reciente acto.

—Yo percibo que la gente está caliente con los partidos políticos. Me doy cuenta que la gente precisa un viento nuevo, oxígeno o llámele como quiera… Precisa una renovación. El propio Talvi es parte de esa renovación. Él puede percibir lo contrario, y percibir que la democracia está bárbara, que está todo fenómeno. Yo percibo que acá se necesita oxígeno.

—¿Pero realmente cree que la democracia está colapsando?

—Bueno, tal vez colapsar es un término muy duro... Pero que la democracia está en problemas, lo está. Si las encuestas le dicen que la gente pone a los partidos políticos en el último lugar de la confianza pública, que empieza a haber descreimiento en la democracia… Estamos mejor que en otros países, pero ya no a los mismos niveles que hace 10 o 20 años.

—Así y todo, Talvi rechazó una coalición con Cabildo Abierto. ¿Eso en que situación lo deja?

—En política, la soberbia es mala consejera. Parecería que no le alcanza con ningunear a sus compañeros de partido que ahora se arroga el derecho de abrir o no la puerta. O de invitar a una cena a la que yo no demostré jamás interés en participar. Ahí hay un desubique producto de una gran soberbia. Lo que percibo es que todo el mundo nos está viendo como el enemigo a vencer o el adversario más peligroso, desde la llamada izquierda hasta la llamada derecha, con medias verdades y falsedades. Incluso medios de prensa, no necesariamente de los llamados de izquierda, nos están pegando desde antes de nacer.

—¿Qué medios?

—Ustedes sabrán. Somos una piedra en el zapato, porque venimos de fuera de la política partidaria y porque el Ejército es de las instituciones más políticas que hay acá en el Uruguay.

—¿Y cuáles son sus credenciales políticas?

—Yo fui director de Sanidad Militar, por ejemplo. Durante casi seis años estuve en el Hospital Militar. De política y salud nadie me va a venir a hablar. Fui fundador del liceo de extraedad que hoy funciona a las mil maravillas. De educación tengo mucho para decir. Estuve representando a Uruguay en áreas conflictivas del mundo. De relaciones exteriores también puedo hablar. La política no me es ajena.

—¿No se cree un outsider?

—No lo soy. Tampoco soy un profesional de la política. Eso es así, y por eso me ven con cierto recelo. Yo voy a auditar a fondo todas las reparticiones del Estado y voy a llevar a la Justicia a los que mal manejaron los dineros públicos. También eso genera cierta reacción o virulencia.

"Lo que percibo es que todo el mundo nos está viendo como el enemigo a vencer o el adversario más peligroso, desde la llamada izquierda hasta la llamada derecha, con medias verdades y falsedades".

—¿Por qué?

—Hace un tiempo, cuando estaba en el cargo anterior —jefe de la Fuerza— puse un tuit en el cual denuncié a un gran delincuente internacional, asesino por miles, de cuello blanco, llamado George Soros. A partir de ahí, la virulencia con la cual se me ha atacado desde varios lugares impensados no ha aflojado. Por supuesto que no tengo pruebas, pero capaz que pisé callos relacionados con este hombre que tiene tanta generosidad para alentar determinada agenda y que financia a tanta gente...

—¿Lo dice por la relación de Soros con José Mujica?

—Bueno, a partir de ahí la virulencia con la que se me ha tratado es inusitada hasta el día de hoy. No quiero ver brujas, ¿pero no habrá algo de eso? Ha habido un candidato del Frente Amplio que parecía aquel romano que terminaba todos los discursos diciendo “Cartago debe ser destruida” (frase atribuida a Catón El Viejo) y este candidato decía “Manini Ríos es una amenaza”. No quiero dar nombres, nunca le contesté, pero tenía una virulencia especial. Terminó último en su interna. También les sirve meter la semillita de que somos “el caballo de Troya de Mujica” para dividir a la derecha o a la oposición.

—Usted ha dicho que CA no es de izquierda ni de derecha, que es “artiguista”. ¿Qué quiere decir eso?

—¿Y por qué tenemos que definirnos en algo así? ¿Qué es ser de izquierda o ser de derecha? Mire, en Uruguay hay tres izquierdas. Una izquierda “idealista”, de altísima sensibilidad social, que se preocupa por los más frágiles y que hace suya aquella frase artiguista de que los más infelices serán los más privilegiados. Con esa izquierda Cabildo Abierto puede tener ciertas similitudes. Luego hay una izquierda “caviar”, que ha hecho grandes negociados y que se ha hecho rica. Son aquellos que se han llenado los bolsillos merced a prebendas y beneficios, con decenas de empresas “compañeras” en distintos rubros. Esa izquierda sigue con el discurso de la sensibilidad social, pero le importa dos cominos. Y hay una tercera izquierda que toda la vida se llenó la boca del “antimperialismo”, de “yanquis go home”, de “no pagar la deuda externa” y hoy son los principales peones de las políticas que vienen desde ese imperio que tanto denostaron. Yo le llamaría izquierda “sorista”, por George Soros. Esa izquierda cambió la bandera: ya no es la lucha de clases, ahora es la ideología de género. Siempre buscando fracturar, dividir padre contra hijo, mujer contra hombre, etcétera.

—¿Y qué es la derecha para usted?

—Buena pregunta. ¿Es la que aplica a rajatabla las recetas económicas que se enseñan en las universidades de curso en el mundo? ¿Es poner orden en el caos y decir acá se termina esto de que nos estén matando a los uruguayos a la vuelta de la esquina infamemente? Capaz que en esa derecha calzamos nosotros también. Combatir al narcotráfico sin corrupción, ¿es agenda de la derecha o qué? La etiqueta de izquierda o derecha es tan artificial y tan mentirosa que a nosotros no nos cabe y no la aceptamos. Tampoco somos centro. Menos que menos centro.

—Usted es licenciado en Historia y se dice artiguista. Pero, ¿qué significa? ¿No es una etiqueta también?

—Hay que ir a la esencia del artiguismo. ¿Quién era Artigas? Un intérprete del sentimiento de la gente, un caudillo. Artigas convocaba al pueblo en cabildos abiertos para ver qué sentían y las cosas las sometía a su decisión. Llevado al siglo XXI es no vivir de espaldas a la gente. Hoy nuestros gobernantes tendrían que saber que la gente está desesperada por la situación que está viviendo. Artiguismo también es poner orden y ejercer la autoridad. Cuando Artigas tenía que ejercer la autoridad lo hacía. Acá el presidente que venga va a tener que tener una actitud firme con el tema sindical, por ejemplo, así sea Daniel Martínez; si permite que un poder paralelo de hecho, como está hoy significando la central sindical, le siga marcando lo que pueda hacer o lo que no pueda hacer es un presidente que va a estar pintado. Nosotros estamos dispuestos a agarrar el toro por las guampas, marcar bien la cancha, cada uno en lo suyo, pero que ningún poder paralelo no previsto en las Constitución de la República nos marque la cancha. Las líneas bien claras.

—Por esas posiciones se lo ha comparado con el brasileño Jair Bolsonaro y a su partido con el ultraderechista español VOX. ¿Qué responde?

—¿Por qué siempre se busca la comparación? Son realidades diferentes. Los uruguayos tienen sus propias problemáticas que tenemos que enfrentarlas con soluciones uruguayas. Hay problemas del Uruguay que capaz que no los tiene Vox en España o Trump en Estados Unidos y hay que mirar las realidades como son.

Guido Manini Ríos
Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Aceptaría ser ministro de Defensa de un eventual gobierno de coalición de Luis Lacalle Pou?

—No hablo de cargos. Primero pensamos ser nosotros los que vamos a estar en el Poder Ejecutivo. Participaremos de un gobierno solo si coincide con las grandes soluciones que promueve Cabildo Abierto, si no no tengo ningún interés de participar en ningún gobierno de coalición sea con quien sea el presidente.

—Pero si es así, ¿se ve al frente de Defensa?

—Ser un ministro pintado no me interesa. Participaría si yo creo que en su conjunto pueda llevar a soluciones de las cuales yo estoy de acuerdo.

Entonces, ¿aceptaría pero con condiciones?

—Por lo menos si son aceptadas las ideas principales. Participaría de un gobierno en el cual tenga coincidencias programáticas esenciales. Pero no es momento de hablar de ningún tipo de coalición. De acá a octubre no vamos a atarnos a ninguno otro proyecto. No aceptamos que nos metan en una misma bolsa y tampoco hay ninguna madurez para esa coalición. La prueba es que uno de los supuestos pilares de esa coalición no ha escatimado esfuerzos en atacarnos en estos días. Lo que van a elegir en octubre los uruguayos es un conductor para este barco que está haciendo agua por todos lados y que está en medio de una tormenta que pinta que va a ser cada vez más fuerte y en marzo va a ser fuertísima.

Recuadros de la entrevista

▪ Mujeres usan el aborto “casi como 
un método anticonceptivo”

▪ “Hicimos exactamente lo que había que hacer”

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.