Nuestros reyes magos

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Nº2001 - al
por Facundo Ponce de León

Las asociaciones de ideas son difíciles de explicar: vienen y listo. Conectan dos o más elementos. Al explicarlas puede perderse esa magia inicial del enlace; aquello insondable que permite que uno pase de un lado a otro sin mediación. Así me pasó leyendo sobre los Reyes Magos. De repente, en vez de Melchor, Gaspar y Baltasar, pensé en Vázquez, Mujica y Astori. No sé por qué salté de un lado a otro, asocié los dos tríos, su llegada y su partida. Lo que sigue es un intento torpe de explicar esta asociación de ideas, cuyo destino natural sería el olvido.

Pase lo que pase en las próximas elecciones presidenciales, será el fin de la tríada Vázquez, Mujica y Astori. Fueron nuestros tres reyes magos durante 15 años. Llegaron con la promesa y la ilusión de que se podía mejorar la vida de todos, sobre todo la de los más olvidados por el sistema. Los Reyes Magos no eran cristianos, viajaron desde Persia a saludar al niño Jesús, un judío que sería el Mesías según una interpretación que hicieron ellos de los astros. Del mismo modo, Vázquez, Mujica y Astori no eran capitalistas, venían desde la izquierda tradicional a cambiar el funcionamiento de las cosas para lograr que nuestro país sea un lugar más justo.

La gran paradoja de los gobiernos de izquierda en Uruguay fue que para ganar y perpetuarse aseguraban el control de la economía a Astori, que era una manera de no ser tan de izquierda. Así, los militantes frentistas siempre tuvieron un resquemor con el ministro de Economía: les permitía gobernar a costa de que el gobierno se mantuviera dentro de las leyes del sistema que ellos querían socavar. Es como si los Reyes Magos hubieran ido a venerar al niño Jesús para que abandonara su religión y adorara a Zaratustra.

Gane quien gane la interna frenteamplista, ya sea Martínez o Cosse, habrá dos preguntas claves: ¿podrán generar entre ellos lo que lograron Vázquez y Mujica, es decir, una estratégica convivencia a pesar de las diferencias? Segunda cuestión: ¿quién ocupará el lugar de Astori como tercer Rey Mago? ¿Bergara? ¿Alguien que todavía no apareció en escena? Sea quien sea, ¿mantendrá la tradición astorista de ser “el menos de izquierda” o propondrá un cambio radical? Frente a esta demanda de transformar el sistema capitalista, alguien podría objetar: “Astori no podía hacer magia, eso hacen los magos, no los políticos”. Y lo mismo valdría para quien lo sustituya en el próximo gobierno. No hay pociones mágicas ni soluciones milagrosas.

Conviene recordar aquí que el apelativo de mago para los Reyes Magos tiene que ver con su capacidad científica: eran expertos en astronomía: se dedicaban a contemplar el cielo y explicarlo de manera razonable. Son sus conocimientos los que le dan su poderío. Los magos en la antigua Persia no son lo que hacen milagros, sino los que saben utilizar sus conocimientos para guiarse en la vida y predecir lo que viene. El próximo ministro de Economía, si ganara la izquierda, debería plantearse en serio la posibilidad de revertir el funcionamiento capitalista de la sociedad. Si tuviera algún éxito, haría honor a la tradición persa de la magia.

Con frecuencia cometemos el mismo error: pensar en las tradiciones como algo fijo, que no permiten el cambio ni se adaptan a los tiempos. Nada más lejos de lo que enseña la experiencia histórica. Vale como ejemplo la tradición de los Reyes Magos. Hasta el siglo XV no existe registro de que Baltasar sea africano. De hecho, se lo empieza a pintar de negro a partir de ese siglo para representar los tres continentes conocidos y sus razas dominantes: Melchor encarna a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos. Es un intento de universalizar el mensaje cristiano y resignificar el relato bíblico.

En el Evangelio de Mateo, que es donde se cuenta la venida de los Reyes Magos de Oriente, siquiera se menciona que sean tres. Tampoco que sean reyes. El capítulo 2 versículo 1 dice textualmente: “Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: ‘¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo’”. No se menciona la raza ni tampoco la cantidad.

Las tres ofrendas (oro, incienso y mirra) fue uno de los elementos por el que se llegó al número tres, eso sin contar el simbolismo con la santísima trinidad. Hay estudiosos que hablan de dos, de 12 y hasta de 60 magos. En el siglo V el Papa León I estableció que el número correcto era el tres. Con respecto a la palabra “Reyes”, según un evangelio apócrifo, refiere a que Melchor reinaba sobre los persas, Gaspar sobre los árabes y Baltasar sobre los indios. Eso no está dicho en los relatos de Mateo, son resignificaciones de la tradición a lo largo de los siglos.

Entonces, vuelvo a la política: la tradición que dejan los tres Reyes Magos uruguayos que se retiran no tiene que ser mantenida a rajatabla. ¿Qué debe mantenerse? ¿Por qué los votantes han sido tan duros con Astori, a quien al mismo tiempo se le agradece la estabilidad de estos años? ¿Son un modelo a imitar los liderazgos de Vázquez y Mujica? Estas preguntas valen también para Lacalle Pou y el Partido Nacional. Aunque hace más tiempo que han generado una puesta a punto de renovación y tradición, si ganaran las próximas elecciones, heredarían el estilo de los tres reyes magos que han gobernado este país laico.

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