Óscar Costa y Juan Sartori durante la última gira Autor:. Foto: Nicolás Der Agopián

“Estoy seguro de que muchos de mis camaradas, hoy acusados de torturas o asesinatos, tampoco tuvieron idea de lo que realmente pasaba en aquellos años de posadolescencia”, escribió en una autobiografía todavía inédita

Óscar Costa, el militar retirado detrás del proyecto político de Sartori que empieza a recibir cuestionamientos internos

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Nº2028 - al de Julio de 2019
escriben Federico Castillo y Guillermo Draper

El ómnibus de Juan Sartori había hecho su primera parada en Colonia y pasaba por Carmelo. El precandidato blanco, que era todo entusiasmo, propuso detener la marcha de su caravana de la victoria cuando vio a través de los ventanales que había algunos militantes saludando su paso desde la vereda en una mañana que estaba gélida. Quería parar, bajar, agradecer. Desplegar su clásico número del abrazo, el pulgar en alto, el “contá conmigo” y seguir la ruta. Pero lo frenaron en seco. Una voz firme desde los primeros asientos del vehículo lo detuvo. Fue Óscar Costa, el excoronel, su jefe de campaña, su socio en distintos emprendimientos empresariales, su mano derecha en esta aventura política. “‘¡No paramos acá!”, gritó más de una vez. Y explicó que la gira estaba casi que cronometrada, minuto a minuto, que había horarios que cumplir. “Bueno, bueno, ustedes están a cargo de la logística, yo acato”, respondió Sartori, buscando descomprimir rápidamente cualquier tipo de tensión. Había un candidato que saludaba y un estratega que le manejaba los tiempos.

Desde el origen, desde la semilla misma del concepto Juan Sartori presidente, estuvo Costa, un militar retirado e ingeniero en informática que hizo su propio amague a presentarse como precandidato blanco en las elecciones internas de 2014 y que terminó en apenas una anécdota, algo que no pasó de un anuncio fugaz que se diluyó precozmente. Pero la idea siguió ahí. La política siguió pinchando. Y fue Costa el que apuró a Sartori para que desembarque en Uruguay con su proyecto político para el 2020. Ocurrió en un mediodía del año 2018, durante una conversada sobremesa en un restorán con vista a las playas de Marbella. Allí le dijo que el momento era ahora. Palabras más, palabras menos, que Uruguay no aguantaba otro gobierno del Frente Amplio y que había que tomar el toro por los cuernos. Si querían cambios, los tenían que promover ellos mismos. Sartori, joven, multimillonario y con la vida resuelta, se convenció.

Y pasaron pocos meses de ese almuerzo a los pies de las aguas del Mediterráneo para que Costa lo afiliara en el Partido Nacional, para que los uruguayos empezaran a preguntarse “¿Quién es Juan Sartori?” y para que Sartori se transformara en la novedad y el fenómeno de la campaña. Pero, ¿quién es Óscar Costa? ¿Quién es el hombre detrás del millonario que dice que llegó al Uruguay para romper con la vieja política?

Acostumbrado a estar más bien en un discreto segundo plano, curiosamente su nombre empezó a sonar más fuerte públicamente después de la noche del 30 de junio, tras los resultados de las elecciones internas. Cuando un plan no sale como estaba proyectado, emergen los reproches. Costa quedó como la cara visible de los recientes despidos y reestructura del portal periodístico Ecos, propiedad de Sartori. La periodista y editora Magdalena Herrera —las primera despedida— denunció en distintas entrevistas que el militar retirado le dijo tras las internas que se acababa el pluralismo, que el medio se convertiría en un brazo propagandístico de Sartori de cara a las elecciones nacionales. Y entonces empezaron a saltar otros fusibles. Se empezaron a decir las cosas que son inconvenientes decir en plena búsqueda de votos.

La encargada de prensa de Sartori, Noelia Franco, fue la primera que se desmarcó, molesta por cómo se manejó el tema de Ecos. En un comunicado aclaró que las decisiones de Costa a nivel empresarial y la forma cómo las comunica, “son su responsabilidad”. Y agregó que para la “continuidad” de su función al frente del equipo, se solicitaba al comando de campaña “evaluar las declaraciones públicas y empresariales de Óscar Costa y rever su condición de vocero”. Primera señal pública de quiebre en el equipo del millonario. Pero hubo otras. Más domésticas, más de la cuestión logística. En redes internas algunos dirigentes del interior, flamantes “sartoristas”, empezaron a cruzar mensajes molestos por decisiones y actitudes de Costa durante la campaña, por su trato “autoritario”, por “poner palos en la rueda”, por filtrar intentos de llegar directamente al empresario. “Si Costa se mantiene como jefe de campaña, no vamos a seguir con Juan Sartori”, escribió en un grupo de WhatsApp un dirigente vinculado a la senadora Verónica Alonso.

En una reciente entrevista con el programa Hora de cierre, de radio Sarandí, el empresario deslizó que Costa no es su vocero y que los comentarios que él haga corren por su cuenta.

Óscar Costa
Óscar Costa detrás de Juan Sartori. Foto: Nicolás Celaya /adhocFOTOS

De Vejigas a Wall Street

Costa es ambicioso. Y muy bien pagado de sí mismo. Tanto que hace unos años escribió el borrador de un libro autobiográfico que hizo circular entre sus allegados. “En 1995, decidí que el Ejército, al cual había dedicado mi vida, ya no sería el lugar donde pasaría el fin de mis días. Desde mis inicios, en medio de la soledad indescriptible de Puntas de Vejigas, siempre esperé trascender y hacer cosas distintas a cultivar la tierra y cuidar ganado”. Así empieza el primer capítulo del borrador al que accedió Búsqueda. Y sigue. “Desde donde la pureza del aire hacía detectable cualquier aroma exótico, desde donde el resplandor de las luces capitalinas, a solo 100 kilómetros, hacían soñar en bulliciosas y luminosas calles, inexistentes en medio de aquellas llanuras interminables y donde la oscuridad de la noche solo era transitada por melancólicos perros vagabundos o nocturnas comadrejas, yo ambicionaba una vida más interesante a la que veía transcurrir en mis parientes y vecinos”. Costa dice en sus memorias —aún no publicadas— que desde el “culo del mundo”, siempre aspiró a “obtener algún mecanismo de evasión de aquellos lugares, tan tranquilos, intrascendentes como hermosos”. Y le reconoce a Iris, su última maestra en una escuela rural, haber pedido un “sulky” para ir a visitar a sus padres y decirles: “Este chico es el mejor de su clase, háganlo seguir estudiando, por favor”.

El coronel fue abanderado cuando se graduó en la Escuela Militar, en el año 1973. Fue, en efecto, un estudiante destacado y valorado por sus profesores, que decidieron enviarlo a Argentina para que haga estudios de especialización en inteligencia informática. Transitó buena parta de la dictadura militar en el país vecino, estudiando. “Yo era prácticamente un inconsciente de esa situación antidemocrática”, recuerda. Pero agrega que estaba “firmemente alineado con las posturas del Ejército, mejor dicho de los generales” y que con 20 años se repartía dando clases de matemáticas en un liceo público, mientras se comprometía con “la causa antisediciosa, haciendo patrullas por Montevideo, donde aprendí hasta el más sordo de sus secretos y callejuelas”. “Jamás se me ocurrió atentar contra los derechos humanos de cientos de presidiarios, tupas o comunistas que llegué a ver presos en esos exiguos dos años de función realmente militar en los cuarteles”, aclara. “Estoy seguro de que muchos de mis camaradas, hoy acusados de torturas o asesinatos, tampoco tuvieron idea de lo que realmente pasaba en aquellos años de posadolescencia, donde después de cuatro años de encierro en la Escuela Militar, solo nos interesaba insertarnos en la vida como buenos ciudadanos y jóvenes ejemplares”.

En los cursos en Argentina conoció a un compañero que luego sería su socio en la creación de una empresa privada en informática. Durante el desarrollo de ese negocio fue que Costa conoció potenciales capitalistas para invertir en forestación. El exmilitar siempre estuvo ligado a la producción agropecuaria, pero con el paso de los años concentró su actividad en el sector forestal y a menor escala en la plantación de arándanos, entre otros rubros. Por su vinculación a la forestación llegó a ocupar el cargo de presidente de la Sociedad de Productores Forestales, que coincidió con la asunción del primer gobierno del Frente Amplio.

El 4 de enero de 2006 conoció a Sartori. El empresario le había escrito varias veces para tratar de participar como inversor en las actividades agropecuarias y forestales de Costa en su empresa Agrogestión. “No tengo claro cuándo llegó el primer mensaje, pero seguramente fue en el invierno del 2005. Un uruguayo desde Ginebra, decía estar interesado en invertir en proyectos de agro con nosotros. Inmediatamente dibujé en mi inconsciente la imagen de un veterano que se estaba retirando de alguna actividad financiera, quizás de algún laboratorio o algún organismo internacional”. Pero se encontró con alguien de la edad de sus hijos. “Me di cuenta de que era una persona distinta a la media”, ha dicho el militar retirado en distintos reportajes.

Óscar Costa
Óscar Costa (hablando por celular) camina junto a Alem Garcia camino a la Corte Electoral. Foto: Nicolás Celaya /adhocFOTOS

A partir de ahí sus caminos quedarían cruzados. Sus primeras inversiones fueron en Nogatir S.A., una sociedad de arándanos con plantaciones en la Ruta 8. Puso US$ 12.000 para tener el 2% de las acciones. “El joven tenía grandes planes y estaba seleccionando quien pudiera acompañarlo a cumplirlos. Sin siquiera imaginarlo yo estaba siendo enrolado para una gran y maravillosa misión, que partiendo de las operaciones que en el sector agropecuario veníamos haciendo a ritmo de Uruguay, impulsarían la inversión extranjera de la máxima calidad que existe en el mundo, a una velocidad y con una contundencia que jamás nadie en nuestro país había podido soñar”, escribe, entusiasmado, Costa.

Luego siguieron distintos emprendimientos, la fundación de Union Agriculture Group (UAG), los road shows por todo el mundo para atraer millones de dólares en inversiones, la cotización de la empresa en Wall Street. En todo ese tiempo, Costa no paró de “vender” a Sartori como la joven promesa que el país necesitaba. En el 2013, en una comisión parlamentaria para considerar el proyecto de ley para regular la actividad minera de gran porte, el coronel retirado se jactó de ser en ese entonces el director de Union Minerals Group “gracias al aporte de un joven uruguayo que egresó de Harvard y que le dará mucho a Uruguay”. Sus palabras, bastante tiempo antes del sacudón que generó su irrupción en la política local, suenan proféticas: “Nosotros quizás estemos al final de nuestras carreras, pero él está empezando”.

Recuadro de la nota

▪ El egresado de Harvard

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