Pio Amato

La Ciambra, de Jonas Carpignano, en Cinemateca

Pio y sus hermanos

4min
Nº2012 - al de Marzo de 2019
Juan Andrés Ferreira

El nombre de Jonas Carpignano empezó a circular en algunos grandes festivales de cine, entre ellos Cannes, Venecia y Sundance, como consecuencia del suceso de su ópera prima, Mediterránea, película por la que fue premiado con el Gotham a Mejor director novel en 2015. Carpignano nació en el Bronx en 1984, hijo de un italiano y una barbadense; se crio mayormente en Nueva York, donde vivía con su madre, en una comunidad antillana, dominicana y puertorriqueña en el este del Bronx, aunque pasó tiempo en Roma, donde vive su padre. Nieto del cineasta Vittorio Carpignano y sobrino del realizador Luciano Emmer, se graduó con honores en la Universidad de Wesleyan, y realizó unos pocos cortometrajes que tuvieron una considerable repercusión internacional y captaron el interés de otros cineastas, como Martin Scorsese, que acabó produciendo su segunda película, La Ciambra, que recibe el nombre del ruinoso barrio ubicado en las márgenes de Gioia Tauro, en la comuna de Calabria, en el sur de Italia.

Hasta ahora, Carpignano viene realizando un cine híbrido, obras de un neorrealismo rabioso y radical, filmadas cámara en mano, en escenarios naturales y con la participación de actores no profesionales que incluso se interpretan a sí mismos y se atreven a recrear vivencias propias. En este cine, las vibrantes fronteras de la ficción y la realidad son porosas. Incluso, algo de lo que sucede en La Ciambra tiene que ver con el origen mismo de la película, que Italia presentó como candidata al Oscar extranjero.

Esto fue lo que sucedió. En 2011, Carpignano se encontraba en Gioia Tauro filmando un cortometraje cuando a su director de producción le robaron el Fiat en el que estaban parte del equipo y material de filmación. Entonces el director hizo lo que hace casi todo el mundo en esa zona, es decir, procedió a negociar con los gitanos del lugar, los posibles responsables del delito. Al ingresar a ese mundo de marginalidad y ponerse en contacto con sus habitantes, el joven realizador conoció a los Amato, una familia que se dedica a pequeños robos como medio de subsistencia. Recuperó el auto y filmó el corto. Y en lugar de levantar campamento y marcharse, siguió frecuentando el barrio y sus escombros. Durante los siguientes años estuvo en contacto con los Amato, se hizo habitué de la casa y entabló amistad con Pio, uno de los pequeños de la familia. Pio luego protagonizó A Ciambra (2014), cortometraje que lo acompaña a lo largo de una noche, y también acabó participando en Mediterránea (2015), primer y elogiado largometraje de Carpignano, mezcla de ficción y documental sobre la lucha de supervivencia de Ayiva (interpretado por Koudous Seihon), un inmigrante de Burkina Faso que había inspirado la realización de A Chjàna (2012), aquel corto que estaba filmando cuando le robaron el auto.

Durante el tiempo con los Amato se dio cuenta de que tenía no solo una historia, sino todo un elenco de historias, el tejido de una película entera, algo más amplio que un cortometraje. Así que tras la experiencia del corto y su participación en Mediterránea, Pio Amato pasó a ser el protagonista de este nuevo proyecto que recrea parte de su vida junto a su numerosa y ruidosa familia, su participación en actos delictivos, y su paso a la vida adulta cuando todavía no cumplió 15. En el filme, Pio quiere demostrarle a Cosimo, su hermano mayor, que él ya está pronto para contribuir al negocio familiar, que ya puede formar parte de la barra y participar en la dinámica criminal. Ya bebe y fuma y maneja, es todo un hombre. Cosimo lo mantiene apartado, aunque circunstancias ajenas a la voluntad del hermano mayor colocarán a Pio en situaciones en las que tendrá que decidir como un adulto.

Lo que logra Carpignano es impresionante. Su ficción, narrada con tono documental, es una inmersión de mundos dentro de otros mundos, mundos donde al racismo se le responde con racismo y a la violencia con más violencia. Entre los desechos y el analfabetismo, entre las razias y la cárcel, los bailes y las comidas familiares, la vida cotidiana de los gitanos (marginados y automarginados que son discriminados por los italianos mientras ellos discriminan a los inmigrantes africanos) es mostrada de una manera cruda, sin subrayados, con su miseria y su turbulenta oscuridad, con sus momentos de ternura, inocencia y calidez. Arrojarse a un experimento híbrido, con actores haciendo de sí mismos y recreando escenas ya vividas, implica riesgos, y uno de ellos es, paradójicamente, la ausencia de naturalidad. Sin embargo, la espontaneidad y lo verosímil no se ven negativamente afectados. En buena medida gracias al trabajo de los no actores (aquí aparece Koudous Seihon, como Ayiva, ahora en un papel más secundario, pero igualmente importante, como una especie de hermano mayor postizo) y en especial por la energía y el carisma de su protagonista.

La Ciambra (A Ciambra). Italia, Brasil, Estados Unidos, 2019. Guion y dirección: Jonas Carpignano. Con Pio Amato, Koudous Seihon, Damiano Amato, Iolanda Amato, Patrizia Amato, Susa­nna Amato, Francesco Pio Amato, Rocco Amato. Duración: 118 minutos.

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