Yamandú Canosa es el artista uruguayo elegido para representar a Uruguay en la Bienal de Venecia; su instalación es La casa empática

Que vivas en tiempos interesantes

6min
Nº2019 - al de Mayo de 2019
Fotos: Marcelo Isarrualde

El artista Yamandú Canosa es el representante uruguayo de la 58ª edición de la Bienal de Venecia, la reconocida muestra de arte internacional que se realiza cada dos años y que permanecerá abierta hasta el 24 de noviembre. Mañana viernes es la inauguración oficial en I Giardini y a partir de este sábado queda abierta al público la muestra en su totalidad. 

Canosa —nacido en Montevideo en 1954 y residente en Barcelona desde la década del 70— tiene una extensa trayectoria en Uruguay y en el exterior. En Venecia presenta La casa empática, una instalación que combina distintas técnicas que apuestan a mostrar la existencia de diferentes culturas y la incidencia del mestizaje y la migración.

La inauguración del pabellón uruguayo se realizará mañana viernes a las 16 h. En la noche, habrá un cóctel para invitados selectos, entre los que se encuentran periodistas y críticos extranjeros y coleccionistas de todo el mundo, que fueron invitados al Hotel Ca’ Sagredo, donde Luciano Supervielle dará un concierto de piano. La actividad es organizada por el Ministerio de Eduación y Cultura, la galería Xippas, Este Arte, Claudio Scarpa —cónsul honorario de Uruguay en Venecia— y la coleccionista Claudia Piazza.

“Es mestiza, en primer lugar, por mi experiencia como migrante, como migrante abierto a los inputs a los que esa experiencia nos enfrenta. Es un proceso de suma, de agregación, nunca de sustitución. Hay referentes que te construyen y que siempre están latentes, que son un sustrato permanente, abierto a nuevas agregaciones. Mi obra es hija del paisaje en el que aprendí a mirar y del arte local que formó tempranamente mis referentes estéticos. Pero, también, es un entrecruzamiento formal. Desde finales de los 80, he ido construyendo una obra que incorpora un repertorio diverso y disperso de recursos formales, muchas veces contradictorios entre sí”, dijo el artista en una entrevista publicada en galería en diciembre de 2018.

Canosa —Premio Figari 2007— fue seleccionado en la primera convocatoria que se hizo para representar a Uruguay en la muestra que se realiza desde 1895. Como él conocía el pabellón uruguayo (que se instaló en 1960), diseñó una propuesta pensada para ese espacio, y sumó a Patricia Bentancur y Daniel Armengol como curadores.

“Yamandú Canosa forma parte de una generación que irrumpió con fuerza en la escena del arte a inicios de la década de los setenta con el dibujo como denominador común. El discurso conceptual sobre el paisaje ha ocupado una parte importante de la obra de Canosa. El paisaje está construido por el lenguaje y por la experiencia cognitiva y emocional de la mirada”, escribió Bentancur en el libro-catálogo. Luisa Fuentes, David G. Torres, Martí Peran, William Jeffett y Gabriel Peluffo Linari son los otros autores de la publicación. 

“Mediante esa geometría imaginaria, cada muro de La casa empática establece sus propias cartografías e iconográficas manteniendo, eso sí, una constante firme: una línea del horizonte que recorre el perímetro del pabellón, evocando un imaginario particular que oscila entre lo superior y lo inferior, lo aéreo y lo subterráneo, lo que se eleva y lo que se sumerge”, agregó.

UNA PAUSA ARTÍSTICA. En esta oportunidad, la Bienal de Venecia contará con la participación de 79 artistas, todos vivos. La convocatoria a la muestra es “May You Live in Interesting Times” (Que vivas en tiempos interesantes) y se presume que alude a una supuesta maldición china vinculada a tiempos de crisis e incertidumbre.

“En momentos en que la difusión digital de noticias falsas y ‘hechos alternativos’ está corroyendo el discurso político y la confianza sobre la que se basa, es necesario hacer una pausa siempre que sea posible para reevaluar nuestros términos de referencia. La 58ª Exposición Internacional de Arte no tendrá un tema per se, sino que pondrá de relieve un enfoque general de la creación artística y una visión de la función social del arte abarcadora tanto del placer como del pensamiento crítico. Los artistas que trabajan de esta manera ofrecen alternativas al significado de los llamados ‘hechos’, sugiriendo otras formas de conectarlos y contextualizarlos”, dijo Ralph Rugoff, curador general de la bienal. 

Uruguay es de los pocos países latinoamericanos cuyo pabellón está en los Jardines (Brasil y Venezuela también están en esa zona, considerada más importante); el artista cambió totalmente incluso la fachada. Canosa en su investigación remarca que al pabellón se entra por el sur. Y toda la muestra gira sobre ese punto cardinal; el sur es el eje central de toda la exposición. Su propuesta escenográfica tiene una visión de 360 grados donde pinturas, dibujos, fotografías e intervenciones murales transforman el interior del pabellón en un paisaje total. Cuatro pinturas al óleo tituladas Frontera intentan contener los cuatro planos-territorio (uno por muro), que condensan la mayor parte de las piezas. Los muros tienen nombre, Muro sur, Muro norte, Muro este y Muro oeste. Allí conviven desde una foto de una casa en Cabo Polonio (“el lugar que se acerca más a Europa, el lugar que se acerca más a África desde el extremo este de un país cuya capital es la más austral del mundo”) hasta fotos de un parking de la Ciudad Vieja. 

Inestable Eu, 2019. Óleo sobre tela, 210 x 130 cm
Inestable Eu, 2019. Óleo sobre tela, 210 x 130 cm
Diatancia Lentitud, 2019. Carbón sobre papel, 42 x 29,7 cm
Diatancia Lentitud, 2019. Carbón sobre papel, 42 x 29,7 cm

Dicen los curadores: “Toda la cosmogonía de Yamandú Canosa culmina con una intervención específica en el techo y el suelo del pabellón. Una acción inusual, que intensifica la vivencia como motor del trabajo en el arte, a partir de una doble incursión. La primera, la contemplación magnífica de un cielo estrellado que nos conecta con la totalidad del cosmos; la segunda, un juego colectivo y mundano que evoca nuestra dimensión social, compartida y lúdica. En definitiva, la constelación de Orión —cuyo esplendor se percibe desde ambos hemisferios— nos brinda, desde lo macro, su reflejo micro: una tirada de petanca en el suelo de la sala, una reunión entre personas, un juego distendido y relajado. De nuevo, aquí, la claridad del mensaje tiene apenas la intensidad ambigua del poniente”.

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