Experto en el cubo mágico, Christian Goñi lo utiliza como herramienta para dictar talleres con niños y arma murales de personajes famosos

Rubik: un arte con muchas aristas

5min
Nº2028 - al de Julio de 2019
por Clementina Delacroix. Fotos: Adrián Echeverriaga

¿Quién no ha intentado alguna vez resolver el famoso cubo Rubik? Desde que fue inventado por el escultor y profesor de arquitectura húngaro Ernő Rubik en 1974, grandes y chicos han dedicado horas y horas para resolver el enigma que plantea. Y aunque en muchos de los casos los esfuerzos cesan ante la frustración, la misión no es imposible.

Christian Goñi, uno de los mayores promotores de la comunidad de “cuberos” en Uruguay, asegura que todos pueden armar el famoso juego, solo necesitan aprender a hacerlo, ya que si uno gira las piezas aleatoriamente la posibilidad de conseguir armarlo es la misma que la de sacar el 5 de Oro 5 millones de veces seguidas. “Yo solo conozco a dos personas que lo han resulto sin aprenderlo”, explica Goñi. “El resto tenemos que aprender algoritmos y aplicarlos para poder resolver los problemas que nos plantea”, agrega, e insiste que no hay que ser un genio matemático para lograrlo. A sus 27 años, Goñi destina gran parte de su tiempo al mundo de los cubos: junto con su padre y su hermana se dedican desde hace seis años a venderlos; en su tiempo libre diseña murales hechos con miles de cubos en los que retrata a distintas figuras públicas e incluso da talleres a niños en edad escolar. Su objetivo es siempre el mismo: la promoción de un juego que le gusta mucho y tiene muchos beneficios. 

Un artículo publicado en el diario El Día en 2004 provocó la curiosidad de Ignacio, el padre de Christian. En él se explicaba una forma de resolver el Cubo Rubik en siete pasos. Ignacio los anotó en una libreta, ordenó la información obtenida y luego la compartió con su hijo y con su sobrino. 

Christian tenía 12 años y aunque aprendió a armar el cubo utilizando las técnicas proporcionadas por su padre, no se enganchó demasiado. “Se trancaba porque el mecanismo no era de buena calidad”, explicó a galería. Hace un poco más de 6 años, Christian, que en ese entonces tenía 21, se volvió a encontrar con el cubo porque con su padre habían decidido importar algunos de China para ver qué tan buena era su calidad y evaluar la posibilidad de venderlos en nuestro país. En este segundo acercamiento, ya la calidad de los cubos era superior y Christian se adentró aún más en el mundo Rubik.  

Pasó dos o tres años practicando alrededor de tres horas al día. Y mientras tanto confirmaba que, pese al paso del tiempo, en Uruguay seguía habiendo un nicho en el mercado para vender los cubos. Abrieron una empresa y comenzaron a importar más y de diferentes tipos, de muchas más caras, de diferentes formas, e incluso de colección. 

Luego, comenzó a competir en torneos oficiales de la Asociación Mundial y allí consiguió el récord nacional, que todavía mantiene, de armar el cubo clásico (de 3 por 3) con una mano en 16 segundos promedio. Hoy, además, es organizador de las competencias oficiales nacionales y aunque admite que la comunidad de “cuberos” está un poco apagada, explica que el mercado de los cubos está lejos de saturarse. Los años más activos fueron 2016 y 2017, cuando se organizaban torneos todos los meses. En general, se disputan en 19 categorías, que se organizan por cubo y no por edades. “Cuanto más jóvenes los competidores, más rápidos son, tienen más agilidad con las manos y por lo general tienen más tiempo para dedicarle al cubo. No los alcanzás aunque sepas más algoritmos”, admite. 

Al mismo tiempo, se dedica a promocionar los cubos a nivel educativo. “Ayudan mucho a la concentración y a la resolución de problemas en el menor tiempo posible. Hay profesores de matemáticas que los están implementando en clase e incluso son utilizados para mejoras las habilidades manuales en personas con problemas motrices”, explica. Christian da charlas y talleres en escuelas y colegios y bromea con que las maestras le dicen que no pueden entender cómo mantiene la atención de los niños por tanto tiempo. “Es que durante los talleres no vuela una mosca”, dice orgulloso.

Un “cubero” en la era digital. Para el Mundial de 2015 viajó a San Pablo a competir y vio un mural en el piso armado a partir de 1.500 cubos con la bandera de Brasil. La idea le intrigó y al volver a Uruguay empezó a buscar información en Internet sobre cómo hacer murales de ese tipo. Y empezó a diseñarlos. Utilizando distintos programas informáticos logró crear murales muy realistas. Además, esa veta artística lo llevó a convertirse en influencer no solo dentro de la comunidad de “cuberos”, sino también en otros ámbitos. Hoy tiene 166.000 seguidores en Instagram (@Christiangoni), la red que elige para mostrar su trabajo. Comenzó con murales de artistas como Marilyn Monroe, Michael Jackson, Daddy Yankee, Maluma, Lucas Sugo, Eugenio Derbez; jugadores de fútbol como Suárez, Cavani, Muslera, Griezmann, y últimamente se está dedicando a hacer youtubers como el Rubius, el Demente, el Cancerbero y Sebastian Villalobos, entre otros. Con la facilidad viral de las redes, algunas de estas figuras vieron los murales y le contestaron, provocando nuevas avalanchas de seguidores. Tiene tanta popularidad y la calidad de las fotos y videos que sube son tan buenas que hay quienes le han llegado a pagar 500 dólares para que les arme un mural específico y les mande o se puedan sacar fotos con él. Sin embargo, todavía nunca vendió un mural, ya que su costo —solo en cubos Rubik—,  supera los 10.000 dólares. 

Además, Christian está empezando a hacer contenido de humor vinculado a los cubos en Youtube, que se suma a otro canal donde sube los videos de los murales. Así, entonces, el cubo Rubik trasciende las fronteras de sus lados.

De Hungría al mundo

La historia de lo que se transformó en uno de los juguetes más vendidos del mundo, comienza en Hungría en la década de los 60 y 70. En 1974, Ernő Rubik era profesor de arquitectura en la Academia de Artes Aplicadas de Budapest y buscaba demostrar que las partes de un todo podían desplazarse de forma independiente sin que el mecanismo central colapsara. Fue así que casi sin darse cuenta creó el rompecabezas más famoso del mundo. Su objetivo era ayudar a sus estudiantes a entender los objetos tridimensionales, a tal punto que no se dio cuenta de que había creado un rompecabezas hasta que mezcló las piezas del cubo e intentó volver a ponerlas en la posición original. El cubo de Rubik clásico posee seis colores uniformes —blanco, rojo, azul, naranja, verde y amarillo—  y un mecanismo de ejes que permite a cada cara girar independientemente, mezclando así los colores. Cada cara está compuesta por nueve piezas y, para resolver el rompecabezas, todas las piezas de las seis caras deben colocarse en la posición correcta para que cada cara quede de un solo color. Hay solo una posición en la que el cubo está armado contra más de 43 trillones de posibilidades diferentes en las que el rompecabezas no está completo. 

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