La protesta ruralista, uno de los hitos del 2018. Foto: Nicolás Der Agopián

Sequía, crisis argentina y el investment grade amenazado en un año al filo de la recesión bajo clima mundialista y preelectoral

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Nº2002 - al de Enero de 2019
escribe Ismael Grau 

Por si faltaba algo para el agro, el verano trajo sequía. Y calientes porque no eran recibidos por el gobierno, algunos productores descargaron bronca en las redes sociales y gestaron, sin proponérselo, un movimiento por fuera de sus gremiales que el 23 de enero congregó a miles en Durazno. La proclama de la protesta dijo lo que dice cualquier empresario —básicamente, que la suma de tarifas, impuestos y cargas sociales es difícil de sobrellevar—, pero logró hacerse oír, aunque luego Un solo Uruguay perdió fuerza al mismo tiempo que se hacía multisectorial.

A esa altura del año ya se sabía que la cosecha sojera sería decepcionante y había renunciado Tabaré Aguerre como ministro de Ganadería, después de muchos amagues. Además, el empresario-sindicalista argentino Marcelo Balcedo y su argentinísima mujer ya estaban mudados de la chacra con autos de lujo, papagayos y ñandúes en Playa Verde, para iniciar una corta visita a la cárcel, acusados de lavado de activos. El 2018 empezaba intenso en Uruguay y también en el exterior.

En ese enero, con tuits pendencieros hacia China, Donald Trump encendía la mecha de lo que pronto algunos llamarían una guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo. Lo primero fue subir impuestos de importación a los paneles solares y a las lavarropas de origen chino. La tensión fue creciendo junto con el calibre de las medidas restrictivas de uno y otro lado (aunque después, el 1º de diciembre, los presidentes acordaron un impasse­ para negociar). 

El primer mes del año cerró conociéndose que en todo 2017 el sector público uruguayo había tenido un déficit de 3,7% del Producto Bruto Interno (PBI). Ese desequilibrio­ fiscal apenas pudo mitigarse a lo largo de 2018, y dio tema de debate a analistas, políticos y sus asesores sobre la posible “herencia” que quedaría para el próximo período. Comenzaba así una temprana campaña electoral que en febrero alimentó una cadena nacional en defensa del gobierno para la que el comunicador Fernando Vilar puso su cara en lugar del presidente Tabaré Vázquez. Si cobró y quién pagó por el servicio, no quedó del todo claro.

La temporada turística acabó con más visitantes llegados desde el exterior pero que, austeros, optaron por la rotisería del súper frente a los restaurantes. No faltó el contrapunto con la ministra en torno a la rentabilidad del negocio.

En marzo, por primera vez un presidente del Banco Mundial pasó por Montevideo. El doctor surcoreano Jim Yong Kim congenió con Vázquez al hablar de medicina, dejó elogios sobre el país y la crítica de que, como en otras partes, la educación no está capacitando gente para la “economía del futuro”.

Aunque la Reserva Federal de Estados Unidos seguía subiendo sus tasas de política monetaria a medida que el paquete de estímulos fiscales de Trump surtía efecto, el precio del dólar en la plaza local se mostraba débil por esos meses. El Banco Central compraba divisas para sostener la cotización, pero su entonces titular y ahora precandidato presidencial Mario Bergara debía polemizar ante quienes advertían un fenómeno de “atraso cambiario”.

La pobreza bajó a 7,9% en 2017 y los indigentes a 0,1% de la población, a la vez que se redujo la desigualdad­ de ingresos, según informó en abril el Instituto Nacional de Estadística. Por carta, Daniel Martínez le señalaba al presidente su preocupación por la cantidad de personas que viven en la calle; por esas fechas, el intendente todavía jugaba a decir que no era candidato.

Iban 20 femicidios en mayo cuando muchos uruguayos se inquietaron ante el inicio de una corrida cambiaria en Argentina que desnudó la desconfianza en sus números macro y en el fracasado “gradualismo” al que había apostado Mauricio Macri; se activó el recuerdo de la crisis de 2002. Su gobierno debió buscar el respaldo del Fondo Monetario Internacional, inicialmente con un megacrédito por US$ 30.000 millones (que en setiembre tuvo que ampliar a uno extragigante de US$ 50.000 millones). Macri, que aspira a la reelección en 2019, pidió prestada credibilidad y ganó tiempo.

Mientras todavía se hablaba de cómo saldrían los argentinos de este nuevo episodio de neurosis, a fin de mayo la Justicia procesó por apropiación indebida al exvicepresidente Raúl Sendic (luego castigado por el Frente Amplio impidiéndole usar ese lema en las próximas elecciones) y una polémica desmoronó el rascacielos de Rafael Viñoly proyectado para el ex-hotel San Rafael convirtiéndolo en un par de milhojas voladoras.

Modo fútbol

En junio empezó la “ronda más grande de la historia” de los Consejos de Salarios, que excedió en tiempo lo que pretendían las autoridades si bien se sorteó sin grandes conflictos. Pero la mitad de ese mes y parte de julio pasaron en “modo Mundial”, hasta que un par de errores de Fernando Muslera, y la incapacidad de los celestes ante el mejor equipo del torneo, dejaron a los uruguayos sin ilusión y al Maestro Tabárez desempleado por algunas semanas.

Bajo ese clima futbolero fue que entró al Parlamento la última Rendición de Cuentas del período con posibilidad de aumentar el gasto presupuestal; el Poder Ejecutivo propuso una suba relativamente discreta (unos US$ 140 millones para 2019 y un monto similar para 2020) que se convirtió en ley sin resistencia. Los enigmáticos audios y la crisis en la Asociación Uruguaya de Fútbol distrajeron otro tanto la atención.

Mientras, el largamente debatido tratado que incorpora algunos capítulos nuevos al comercio con Chile terminó de ser votado en el Palacio Legislativo a fines de julio. En cambio, la bancada oficialista no pudo hacer valer su mayoría para aprobar el “impuesto a los militares” que buscaba achicar la asistencia al deficitario sistema jubilatorio especial de las Fuerzas Armadas.

Otra crisis, en la cadena láctea, llegó a punto de hervor con la insolvencia de la industria sanducera Pili, que agonizó hasta que en agosto gestionó un concurso de acreedores. Motociclo, con una deuda todavía más grande, siguió el mismo camino por esos días.

Se instaló cierto pesimismo que el gobierno intentó contrarrestar anunciando avances en torno al proyecto de UPM 2 (como la adjudicación de la obra del Ferrocarril Central), además de medidas de desburocratización para las pymes y otras dirigidas a estimular la inversión. Y la tijera cortó cintas para inaugurar alguna ruta refaccionada en el interior y, en Villa Española, un Antel Arena de otro mundo, en clima de lanzamiento de campaña de la ministra Carolina Cosse.

Otras preocupaciones

Sin apoyos, Danilo Astori se bajó de su última aspiración presidencial en setiembre. Días después, Vázquez lo mimó leyendo en un video difundido por la Presidencia la carta de una revista poco conocida que le anunciaba la distinción como “ministro de Economía del año” de América Latina. El jerarca ni siquiera fue a recibir el premio; tenía otras preocupaciones que atender.

En octubre, Fitch Ratings le puso una perspectiva “negativa” a la nota de Uruguay, con lo que advirtió el riesgo de quitarle el grado de inversión no especulativa (investment­ grade). La calificadora espera una estrategia más clara del gobierno para corregir el desequilibrio­ en las finanzas públicas y evitar así que la deuda se torne impagable a futuro, en un contexto externo complicado. Es que las noticias que llegaban de afuera no eran buenas: dudas acerca de la economía estadounidense, debilitamiento de China, incertidumbre por el trámite de divorcio británico de la Unión Europea y bolsas de valores agitadas por todo esto. Además, los brasileños sacaban a patadas a una izquierda corrompida en el poder y se entregaban a un ultraconservador que promete mano dura.

También había otros problemas en manos de Astori cuando en noviembre el empresario Juan Sartori se sumó a la lista de outsiders con ambiciones presidenciales y un cajero automático de la avenida Millán, vecino de una comisaría, se convertía en el número 70 en el año —según El País— en ser volado con intención de robo. Los datos oficiales seguían mostrando una pérdida de puestos de trabajo y tasas de desempleo cercanas a 9%, altas en comparación con años anteriores. Desde mayo la inflación se mantenía por sobre el techo de 7% establecido como meta. Y el índice de confianza elaborado por la Universidad Católica reflejaba el pesimismo de los consumidores. El malhumor y desencanto de alguno llegó al extremo de insultar al veterano ministro a la salida de un súper.

Aun con esas tensiones, el consumismo de los uruguayos se despertó con la publicitada inauguración de la primera megatienda de H&M en el país, como había pasado en abril con la cafetería Starbucks.

Fue precisamente el consumo y el dinamismo de rubros como las telecomunicaciones lo que permitió que en 2018 la economía uruguaya creciera, aunque sea poco. Se evitó así que las estadísticas anotaran una recesión —lo que hubiera cortado con el ciclo más largo de expansión en la historia del país—, pese a lo cual quedan pendientes desequilibrios macro de que preocuparse durante el año electoral.

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