Sin espacio para promesas fáciles

3min 4
Nº2017 - al de 2019

Hace exactamente un año, el 25 de abril de 2018, comenzaba la debacle del esquema económico “gradualista” que venía implementando en Argentina el gobierno del presidente Mauricio Macri. Ese día, se fugaron US$ 1.472 millones de inversores internacionales —cifra récord para un solo día hasta ese momento—, vendiendo sus Letras del Banco Central (BCRA) para comprar dólares e irse de ese país. El balance de este último año es desolador, y el panorama no luce mucho mejor a corto y mediano plazo. Y como sabemos los uruguayos, lo que sucede en Argentina termina pegando aquí. De hecho, eso se vio claramente en la actividad turística este verano, que sufrió una caída cercana a 29% en el ingreso de visitantes desde el exterior (y 40% en el caso de los argentinos) y de una magnitud similar en las divisas generadas al comparar con enero-marzo del 2018, según cifras oficiales que se informan en esta edición (página 20).

Los datos de la economía real de Argentina son preocupantes. El nivel de actividad colapsó, el desempleo y la pobreza aumentaron de manera significativa, en tanto que la inflación anual trepó por encima del 50%. A todo esto, en lugar de la prometida “lluvia de inversiones” se acentuó la salida de capitales. Y si bien en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional hubo avances significativos (esta semana se anunció que por primera vez desde 2011 que se obtuvo un superávit primario en enero-marzo), la magnitud de la recesión actual hace pensar que será muy difícil poder alcanzar la meta de equilibrio primario para todo el año o incluso el déficit de 0,5% del Producto Bruto Interno pactado, tomando en cuenta determinados gastos sociales. A la vez, dadas las elevadísimas tasas de interés que debe pagar el BCRA en su manejo de la política monetaria, y también el gobierno en la colocación de deuda, el déficit financiero crece mucho más de lo que se reduce el resultado primario, dejando la situación fiscal global de Argentina sumamente vulnerable.

Las variables financieras están haciendo sonar las alarmas. El tipo de cambio pasó de 20 pesos argentinos por dólar a los poco menos de 44 actuales (una suba del tipo de cambio de casi 120%), mientras que el “riesgo país” de Argentina trepó a niveles récord desde 2014 (a 945 puntos básicos) y los seguros contra default a cinco años sobre la deuda argentina subieron hasta los 1.000 puntos. Además, el índice Merval de la Bolsa de Valores de Buenos Aires cayó 50% en dólares.

Este complicado panorama económico y financiero está comenzando a tener su impacto en lo político, donde ya son varias las encuestas que ponen en duda la posibilidad de que Macri pueda ser reelecto en los comicios de este año, marcando ventaja para Cristina Fernández en un eventual balotaje en noviembre. Ello genera un 
círculo vicioso ante el temor de una posible vuelta de la expresidenta al poder, lo que tiende a presionar todavía más la suba del dólar, la fuga de capitales y el mantenimiento de una alta inflación.

Lamentablemente, la situación argentina augura complicaciones crecientes para Uruguay, al menos por lo que queda de 2019 y también en el 2020, que seguramente será un año de ajuste muy duro luego de culminado el actual proceso electoral, independientemente de que Macri consiga un nuevo mandato o sea sustituido por otro candidato. Hay ajustes inconclusos en lo fiscal y de precios relativos que deberán ser encarados sin demora, que descartan totalmente la posibilidad de que Argentina vuelva a tener un escenario de “plata dulce” por mucho tiempo.

Tampoco el panorama de Brasil es muy alentador. Allí, las demoras en el tratamiento del proyecto de modificación del sistema previsional por parte del Congreso está generando crecientes dudas respecto a que el presidente Jair Bolsonaro pueda finalmente concretar su agenda de reformas “promercado”. Eso, a su vez, hace que semana a semana se reduzcan las previsiones de crecimiento económico.

Parece claro que la región ayudará poco en el futuro inmediato a Uruguay, que tiene sus propios problemas: un déficit fiscal muy elevado, la actividad productiva estancada y contracción de los niveles de empleo, por mencionar solo los del ámbito económico. Se trata, pues, de un escenario que los aspirantes presidenciales y sus equipos deberán tener muy presente al momento de armar las propuestas programáticas. No hay espacio para promesas fáciles. 

✔️ “Mejor” Mercosur: una oportunidad para Uruguay

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.