Casi 90 años después de que Uruguay se convirtiera en el primer campeón del mundo en el Centenario, Montevideo vuelve a ser sede de un Mundial, esta vez femenino y Sub-17

Una vuelta histórica

9min
Nº1994 - al de Noviembre de 2018
Escribe: Florencia Pujadas. Fotos: Leo Barizzoni.

En su primera visita al Estadio Charrúa, tras meses de reformas y cambios en la cancha, las jugadoras de la selección uruguaya están nerviosas. Mientras caminan por el césped sintético frente a la tribuna Bolivia, algunas confiesan que sienten la presión de vestir la camiseta celeste y otras aseguran que será una competencia dura. Ninguna duda, sin embargo, de que están a punto de participar en un campeonato que quedará en la historia. Poco menos de 90 años después de que Uruguay se transformara en el primer campeón del mundo, en una final contra Argentina en el Estadio Centenario, Montevideo será sede de uno de los torneos más importantes del fútbol femenino: el Mundial Sub-17. “Es un paso enorme para el crecimiento de la disciplina, pero que también demuestra que estamos preparados para volver a ser los protagonistas de una copa internacional”, asegura Valentina Prego, presidenta del fútbol femenino de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Y no es la única con esta visión: para muchos, el torneo puede ser un guiño para demostrarle a la FIFA que el país —sumado a Argentina y Paraguay— está preparado para organizar la Copa del Mundo de 2030.
Para el campeonato femenino, que reúne 16 delegaciones de todos los continentes, se hicieron grandes inversiones en el Charrúa, que será la sede principal, y algunas remodelaciones en las zonas cercanas a los estadios de Colonia y Maldonado. También se acondicionaron otras canchas y se aseguraron de que hubiese hoteles con la posibilidad de alojar a más de 200 personas durante un par de semanas. “Es un compromiso que se hizo en conjunto. Fue un trabajo con las intendencias de Colonia, Maldonado, Montevideo y el gobierno”, dice Prego desde su oficina en la AUF.

El campeonato comienza el próximo martes 13 y se extiende hasta el sábado 1º de diciembre. En la previa, Prego se encarga de instalar a las delegaciones en las ciudades elegidas, las futbolistas uruguayas continúan con entrenamientos diarios, juegan algunos amistosos y sueñan con debutar en el Charrúa. “Tenemos una gran responsabilidad porque la copa nos da visibilidad y permite que otras chicas se animen y arranquen en el fútbol”, dice la volante Sasha Larrea. Sus compañeras están de acuerdo con que es hora de eliminar las barreras del género en un deporte que históricamente estuvo asociado a los hombres. “Los cambios se notan y el fútbol femenino no deja de crecer”, dice Prego.

Desde que en 2005 la Organización de Fútbol Infantil (ONFI) estableció que los equipos tenían que ser mixtos, las niñas empezaron a sumarse con más fuerza a los cuadros de fútbol. Y las jugadoras de 17 años que competirán en la Copa del Mundo son solo una muestra del cambio. Las niñas que antes solían ir a la cancha a ver a sus hermanos comenzaron a tener —aunque todavía cuesta— un lugar más protagónico en los equipos masculinos. El aumento de jugadoras federadas es sostenido: se estima que solo en el baby fútbol de Montevideo hay más de 4.000 inscriptas. También hay otras tantas en el interior, y la cifra aumenta al sumar a las adolescentes que tienen la ficha médica y el carnet pronto para competir en los campeonatos locales. La mayoría elige estar en cuadros mixtos, pero también hay planteles femeninos para las que no quieren soportar los filtros de algunos equipos que aún miran con escepticismo su integración. “Todavía hay una cierta resistencia, que a veces nace desde las familias, porque es un cambio cultural que de a poco se va logrando. Y este mundial es un claro paso”, asegura Prego.

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Una goleadora nata

Esperanza Pizarro es una de las jugadoras clave del partido. En la histórica victoria contra Brasil, la delantera fue la encargada de dar vuelta el encuentro. Tiene una facilidad con el manejo de la pelota que la vuelve impredecible ante sus rivales. La futbolista de Colonia comenzó a jugar con varones a los cinco años, en el club de baby fútbol Sacachispas, y luego se pasó a Palmirense. “Al principio no había escuelas y menos para mujeres, me costó entrar en un equipo”, recuerda. Pero su talento no pasó
inadvertido.

Mientras termina con los entrenamientos para la preparación del Mundial, la delantera se queda en la casa de su hermana mayor, que vive hace unos años en Montevideo. También arregló para hacer las prácticas de sexto de bachillerato en Medicina en dos años, y sueña con vivir del fútbol. “Mi idea es estar en una cancha porque me apasiona, pero también quiero ser fisioterapeuta”, cuenta.

Insistencia por el cambio

Los intentos de la AUF por posicionarse como un país candidato a ser sede de un mundial femenino comenzaron hace varios años. En 2014, el ejecutivo liderado por Sebastián Bauzá quiso que la copa, que finalmente se disputó en Jordania, se jugara en Uruguay. “La propuesta no prosperó, pero un año después Wilmar Valdez se postuló y quedamos preseleccionados”, recuerda Prego. Fue un proceso lento, con visitas oficiales de autoridades de la FIFA, y largas conversaciones con el gobierno para analizar si las ciudades uruguayas estaban preparadas para la competencia.

“Antes de decidir una sede toman muchos valores: en la federación se aseguran de que exista una voluntad de organización real y buscan que se pueda invertir porque no es un negocio rentable como un campeonato de primera masculino”, explica la presidenta. La FIFA también intenta potenciar el desarrollo del fútbol femenino, que, salvo en unos pocos países, todavía es considerado un deporte amateur y mirado con recelo por los equipos masculinos. Por eso se fijaron en América Latina: “Acá está bastante apagado”, dice Prego. Y la propuesta uruguaya fue atractiva: “Vieron que en la infraestructura había mucho por hacer, pero que era posible”.

Paso a pasoDespués de que Uruguay quedara seleccionado como sede del Mundial de fútbol femenino Sub-17, el gobierno comenzó una negociación con la AUF —mediada por la FIFA— para escoger las ciudades que estuviesen preparadas para la competencia. Para el torneo no solo es importante contar con estadios en buenas condiciones sino que también tiene que haber localidades con servicios, como hotelería o transporte, preparadas para recibir delegaciones formadas por cientos de personas. “No fue una decisión fácil porque en Uruguay no hay muchas ciudades con hoteles de nivel internacional para organizar un evento. En la FIFA siempre tratan de que cada equipo se quede con las habitaciones de todo un piso, que estén cerca de los estadios y que sea una logística más simple”, cuenta Prego. Y solo hubo tres departamentos que cumplían los requisitos: Montevideo, Maldonado y Colonia. En estas localidades, además, las intendencias se comprometieron a invertir en la conservación y remodelación de algunas instalaciones para preparar los estadios.

La primera opción que se manejó en Montevideo fue que los partidos se disputaran en el Campeón del Siglo, propiedad de Peñarol, y el Gran Parque Central, de Nacional, porque eran los únicos dos estadios que estaban preparados para el desgaste de un Mundial. “Las canchas están divinas y solo había que cuidarlas. Los vestuarios y las oficinas de prensa son impecables”, dice Prego. Pero no era suficiente: desde la AUF querían jugar en un estadio que luego sirviera como sede definitiva para el fútbol femenino. Así apareció la posibilidad de utilizar el Charrúa, un estadio que hace casi una década fue cedido a la Unión de Rugby del Uruguay (URU) y al fútbol femenino para que potenciaran sus deportes en una tenencia compartida. “Siempre nos sentíamos como que estábamos pidiendo permiso para ir, pero el Mundial fue una buena oportunidad para invertir y sentirlo como nuestro”, cuenta Prego.

Así como en Los Teros hicieron grandes remodelaciones en las tribunas y en los vestuarios, la Intendencia de Montevideo y la AUF —con aportes de la FIFA— instalaron nuevas luces y pasto artificial, un requerimiento especial desde la organización del Mundial. “Nos dijeron que si íbamos a tener una sola sede para jugar las finales y las semifinales, además de los partidos del grupo A y el D, tenía que ser sintético”, explica la presidenta. Al principio hubo resistencias, pero todos quedaron conformes con el resultado. Con las reformas del estadio, que muchos todavía recuerdan como el escenario de decena de conciertos, las autoridades del fútbol femenino y el rugby buscan transformarlo en un centro de alto rendimiento.

En Maldonado y Colonia, por su parte, se hicieron pequeñas pero significativas remodelaciones para mejorar el estado de las canchas. En el estadio Profesor Alberto Supicci se pintaron las oficinas de prensa, mejoró la conexión a Internet y se prestó especial atención al cuidado del pasto para que esté en condiciones durante los partidos. También se hizo un mantenimiento similar en la cancha del Domingo Burgueño Miguel, en la ciudad de Maldonado. “Les cambiaron la cara a los estadios”, resume Prego.

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Un pase asegurado

Sasha Larrea transmite confianza. Es segura, no tiene miedo de arriesgarse en el medio de la cancha y siempre está detrás de sus rivales. La centrocampista celeste, que tuvo su paso por Nacional pero ahora está en el plantel de Peñarol, es una de las jugadoras más estratégicas del seleccionado femenino, que peleará por ganar su primera Copa del Mundo. Es enérgica pero centrada y sabe lo difícil que será pasar la primera fase con competidores como Ghana, Finlandia y Nueva Zelanda. “Todas queremos ganar el Mundial, y más en nuestra cancha, pero hay que ir paso a paso”, dice desde el Charrúa.

Entre el deporte y el estudio

El “proceso” de la selección uruguaya —como les gusta llamarlo a los entrenadores— comenzó hace al menos dos años. Bajo el mando del entrenador Ariel Longo, acompañado por la asistente técnica Graciela Barboza y el preparador Daniel Castro, las jugadoras pasaron por una etapa de preselección y empezaron a tener entrenamientos tres veces por semana. El equipo participó en torneos sudamericanos, algunos amistosos y estuvo un mes en un centro de alto rendimiento en China. Desde hace seis meses, además, las jugadoras trabajan con una nutricionista para llevar una dieta balanceada con planes individualizados. Después de que terminara el campeonato local, se sumaron más días de entrenamientos y concentración. “Empezamos a entrenar todas las tardes para llegar en mejores condiciones”, cuenta Daniela Olivera, zaguera central. La delantera Esperanza Pizarro replica: “No estamos ni cerca de ser profesionales, pero agarramos mucho ritmo en la Selección”.

Fuera de las canchas, además, se contó con el apoyo de la Secretaría Nacional de Deporte para elaborar un pequeño plan —no hay un reglamento establecido— para que las jugadoras continuaran con sus estudios. “Era evidente que iba a ser un año de mucho esfuerzo compartido entre la práctica deportiva y el liceo”, explica Prego. A principios de marzo se convocó a los padres para que conocieran los desafíos que iban a aparecer durante el año. Muchas jugadoras, como Sasha Larrea, decidieron continuar con las clases en el liceo y los entrenamientos, pero otras escogieron dar los exámenes libre o abandonar el año. “Valoramos mucho que hagan las dos cosas y de a poco el fútbol va cambiando la relación con las instituciones educativas”, dice la presidenta. Pero todavía no existe un centro en Montevideo para que las jugadoras, como Esperanza Pizarro, que vive en Colonia, puedan hospedarse y estudiar en la capital. “Es un tema complejo y se va a ir formalizando en la medida en que sea posible. Pero tengo que decir que logramos un buen equipo”, concluye Prego antes del primer partido de Uruguay, que se jugará contra Ghana el próximo martes.

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Voz al mando

El equipo de Ariel Longo está dirigido por la capitana Daniela Olivera, que debutó hace dos años en su primer torneo internacional. La zaguera central de Liverpool, que considera a Diego Godín como referente, estuvo en tres sudamericanos y formó parte del equipo que obtuvo la medalla de bronce en el más reciente, a principios de marzo en la ciudad de San Juan, Argentina. “Con la Selección nos venimos preparando hace tiempo a nivel físico y mental: estamos listas para debutar”, dice la futbolista, que empezó a practicar hace cuatro años. Antes de entrar a Nacional solo iba al estadio a ver a su hermano, que también era jugador, y andaba en patín. Pero le bastó con pisar una cancha para que la historia cambiara: su fortaleza la ayudó a convertirse en la voz del equipo. Y hace dos años, a los 15 años, fue llamada para formar parte de la Selección.

Antes de su debut contra Ghana, Olivera siente que el equipo continuará “haciendo historia” como lo hizo en la victoria 2 a 1 frente a Brasil. “Tenemos que llevar bien el equipo del país”, dice la capitana.

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