El libro Cómo visitar un museo de arte y convertir tu visita en una experiencia gratificante ofrece consejos prácticos para no intimidarse y aprender a disfrutar de las obras

Visita guiada

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Nº2032 - al de Agosto de 2019

El encuentro frente a frente con una obra en un museo no tiene por qué ser naturalmente revelador, ni generar una conexión instantánea o un entendimiento espontáneo. Ayudar a que el visitante llegue a comprenderla e interpretar lo que el artista quiso transmitir es la tarea que aborda Johan Idema en su libro Cómo visitar un museo de arte y convertir tu visita en una experiencia gratificante.

“Al enfrentarnos a una obra de arte, esperamos que ocurra algo”, dice el autor, que se define como “promotor apasionado de la innovación en el mundo del arte” y trabaja como consultor, escritor y emprendedor cultural especializado en desarrollo de conceptos creativos. “Permanecer de pie frente a una obra de arte y observarla no equivale a entenderla al instante. Cuando prestes atención al comportamiento de los visitantes en los museos de arte, comprobarás que algunos simplemente deambulan sin entrar apenas en contacto con las obras expuestas. Este es el verdadero reto de los museos: generar una interacción significativa entre los objetos y las personas”.

Convencido de que para muchos “esa chispa no se prende por sí sola”, Idema se propone dar en este manual algunas pautas para encenderla: “Se necesita construir una relación personal con el arte mediante algún tipo de comprensión o de vinculación emocional”.

A continuación sigue un punteo de 10 de sus mejores consejos para optimizar todos los recursos que ofrecen los museos y lograr conectar con las obras de arte, la intención del artista y las emociones propias.

1. Tener una actitud propicia. Aunque hay quienes consideran que para apreciar el arte hace falta determinada educación, como para valorar un buen vino, “lo único realmente necesario para empezar a disfrutarlo es un contexto y una actitud adecuados”. “El arte es capaz de provocar”, y para llegar a la intención del artista es necesario trascender el objeto y mantener la mente abierta a cualquier posibilidad. “El arte puede hacer que te evadas, afirmar puntos de vista políticos o personales, hacer pensar o suscitar conciencia, cuestionar el mundo, narrar historias, recoger recuerdos y mantenerlos vivos o cuestionar el mundo y las ideas”, escribe el autor citando a la artista parisina Zineb Sedira.

2. Saber que los hijos son excelentes guías. ¿Por qué? Simplemente porque las preguntas les brotan naturalmente y son capaces de percibir su entorno de forma diferente; “dos habilidades cruciales para el crítico de arte”, según el experto. “Si quieres sacar el máximo partido a la perspectiva de tu joven guía de arte, no dejes de incluir en la visita alguna de las obras más absurdas o desafiantes. Hasta los cuatro años, los niños no tienen problemas con la abstracción”. Además, con su desparpajo y sinceridad, logran neutralizar “esa actitud de ‘actuar como si supieses de qué va’ tan habitual en los museos” rompiendo con la rigidez y el silencio extremo. “La mejor lección que tu hijo puede darte en la visita a un museo es ayudarte a volver a conectar con el niño que hay en ti”.

3. Elegir qué fotos tomar. “No captures la obra de arte en sí, sino tu experiencia de ella”, aconseja Idema. “Retrata a tu novia de espaldas reflexionando frente a su cuadro favorito. Capta el sorprendente parecido del rostro de tu hijo con un retrato de Pablo Picasso. Simula una conversación ficticia entre una escultura de Ron Mueck y un amigo. Los artistas produjeron las obras, y tú ahora estás también creando al fotografiarlas”.

4. Sacar el mejor partido de los guías. Aunque no abundan, el autor sugiere buscarlos e intentar conversar con ellos como una forma de “explorar el arte de tú a tú”. “Saben cómo animarte a mirar con más atención y profundidad sin que lo pidas y sin entrometerse. En palabras de un guía, ‘nuestro trabajo consiste en que la gente vaya más despacio; ayudamos a pensar de puntillas'”.

5. Evitar el cansancio. “En un museo, camina despacio pero de manera constante”, decía la escritora estadounidense Gertrude Stein, que el autor cita en el libro. El consejo es, entonces, recordar “lo que solía decirte tu madre: ‘Asegúrate de haber descansado, no intentes verlo todo de una vez, siéntate de vez en cuando, bebe y no te olvides de comer’. El arte constituye un enorme estímulo, pero requiere un período de descanso”.

6. Darle tiempo a la obra. Idema asegura que es normal detestar un cuadro “a primera vista”, pero sugiere seguir mirándolo; “así obtendrás más respuestas y, seguramente, descubras algo. Puede que acabes odiando el cuadro con mayor violencia, pero alcanzarás un conocimiento más profundo tanto de la obra como de ti mismo. Sin embargo, la mayoría de las veces, tu juicio puede cambiar tras un largo período de contemplación”. También explica que familiarizarse con la obra requiere esfuerzo y plantearse algunas preguntas, y alienta a responderlas consultando los carteles y hasta el smartphone.

7. Darle aún más tiempo. Cuestionarse si se le ha dedicado el tiempo suficiente a determinada obra es una inquietud recurrente entre quienes visitan museos. “Una sinfonía dura cuarenta minutos y una película dos horas, pero los museos permiten que tú decidas el tiempo necesario para contemplar una obra de arte. Los artistas pasan semanas, meses o incluso años creando su pieza. Y nosotros dedicamos apenas nueve segundos de media a mirar una obra de arte. Ni siquiera las obras maestras captan nuestra atención por mucho más tiempo: el público observa La Mona Lisa unos quince segundos de media”. Lo que recomienda Idema es no intentar recorrer todo el museo para terminar agotado y sin haber visto nada, y aconseja hacer una selección. “Dedica tiempo a entender bien unas pocas obras. Considera el museo como la carta de un restaurante y no como una lista de tareas”.

8. Capitalizar el pasaje por el gift shop. La sugerencia en este punto es pasar por la tienda del museo antes de visitarlo, y no al final. “Una tienda bien surtida proporciona una gran cantidad de recursos que las salas suelen negarte: un análisis profundo y relatos cautivadores sobre los artistas y su obra. (…) Tanto si se trata de un catálogo bien editado de la exposición como de la biografía de un artista, escoge algo relevante sobre lo que vayas a ver. Busca un lugar adecuado —si puedes, siéntate— y prepara tu visita con alguna lectura. De este modo, el tiempo que pases en las salas será más provechoso”. También aconseja, por qué no, llevarse un recuerdo a casa. “Los souvenirs, sean kitsch o no, actúan como importantes embajadores del conocimiento pues amplían tu experiencia del arte, permiten que lo digieras y que, finalmente, lo recuerdes con cariño. Considéralos como tus futuros recuerdos”.

9. Sumar música a la experiencia. “Cuando oyes al vigilante respirar y la gente empieza a hablar en susurros, se tiene la sensación de que la quietud puede convertirse en algo demasiado intenso. Está demostrado que nuestro cerebro relaciona la música con el color y la forma, así que ¿por qué no escuchar música?”, propone el autor con osadía. “La música, o incluso los sonidos ambientales, pueden provocar que el arte se vea de otro modo. Articula o realza, de hecho, los aspectos emocionales, temáticos o dramáticos del arte, en particular si la música es capaz de impulsar un conocimiento más profundo de las obras expuestas”. Un buen par de auriculares y las listas de reproducción correctas pueden ser grandes aliados para interpretar cualquier pieza. “¿Sabías que escuchar a Charlie Parker te puede ayudar a encontrar caminos visuales en las salpicaduras abstractas de Jackson Pollock?”, ejemplifica el autor.

10. Detectar una obra maestra. “Sabes cuándo estás frente a una obra maestra porque se queda contigo el resto de tu vida”, dice la artista Anne Richter, según la cita Idema. “Así que confía en tus instintos. Una vez te topas con una obra maestra, lo único que puedes hacer es olvidarte de que lo es y disfrutar del arte”. 

Apreciar el retrato

1. “Un gran retratista mostrará el carácter y las emociones fundamentales de su modelo. Búscalas y presta especial atención a los ojos”. 

2. “Todo retrato pintado con sentimiento es un retrato del artista y no del modelo”, dijo Oscar Wilde, y con esa cita como inspiración Johan Idema invita a mirarlos desde esa perspectiva: “Empezarás a percibir una nueva y variada gama de detalles significativos”.

3. “Una vez que has visto un retrato verdaderamente bueno, verás cómo olvidas fácilmente el rostro y recuerdas los dramas, las dudas, las esperanzas y los sueños de tu propia vida. Márcate el objetivo de encontrar el retrato que, para ti, actúa como ese maravilloso catalizador. Funciona mejor que cualquier terapia”.

Entender un paisaje 

1. “Si piensas que los pintores de paisajes no pretenden más que compartir contigo una vista que una vez contemplaron, seguramente te equivoques. (…) Ya se trate de La gran reserva de Caspar David Friedrich o de Álamos a la orilla del Epte de Claude Monet, al observar con suficiente atención, seguro que descubrirás algo nuevo que revele que el artista en realidad juega con tu mirada”.

2. “En un momento de la historia, los pintores de paisajes situaban cuidadosamente cada árbol, roca o animal conforme a unas reglas predeterminadas según el canon de belleza establecido. Después, los paisajes pasaron a ser románticos, impresionistas e incluso modernos. Proyectan, en suma, los ideales del momento en que se concibieron. Extraer estos ideales del paisaje también está en tus manos”.

3. “En definitiva, un paisaje no se compone solo de ‘arbolitos alegres’, sino que refleja tu propio paisaje mental. (…) Así, no debes disfrutar solo de la vista, sino recrearte en lo que se desencadena en tu interior y pensar en el mensaje que el artista ha intentado expresar”.

Interpretar un bodegón

1. “La característica principal de todos los bodegones se centra en su objetivo común de combinar colores, formas y texturas dentro de una composición sensual. Si disfrutas de cosas como un limón amarillo y brillante junto a un decantador repleto de vino tinto, el placer puede ser exultante”.

2. “Flores cortadas o fruta en descomposición simbolizan la naturaleza efímera de las cosas. Una concha exótica representa la vanidad pareja a la riqueza. El recurso del simbolismo puede, en verdad, provocar que los bodegones signifiquen cualquier cosa, desde un simple rompecabezas a un enigmático acertijo”.

3. “Los verdaderos artistas de bodegones se esfuerzan en que la materia importe. (…) En su apogeo, un bodegón te hará enamorarte de un lirio marchito, al comprender de lleno la fugacidad de la vida”.

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